abc Google  

EDITH JIMÉNEZ

Hace un año se apagó su luz

En estos días se cumple el primer aniversario de fallecimiento de Edith Jiménez, figura capital de la lista de creadores consagrados que han dado las artes plásticas paraguayas en el siglo XX. Pero, más allá de su ausencia física, su gran talento artístico e inolvidable calidad humana perduran en sus obras. Un legado de amor y entrega al arte del grabado y la pintura.


La suya era la historia de una niña que anunció su vocación de artista antes de aprender a escribir. Dibujaba en las paredes, pintarrajeaba sus cuadernos y gastaba lápices de colores más que la plantilla de sus zapatos.

Obstinada con su sueño, Edith Jiménez dio inicio en 1943 a sus estudios de pintura con el maestro Jaime Bestard, en el Ateneo Paraguayo.

Y tuvo su primera exposición individual de cuadros al óleo en la Galería Agustín Barrios del Centro Cultural Paraguayo Americano, en 1952. Cuatro años más tarde, en el 56, hizo cursos de grabado con Livio Abramo, aquí y en Brasil.

Realizó incontables exposiciones internacionales en las dos técnicas (grabados y óleo) y ganó premios, el más importante en la Bienal de São Paulo, en 1975. Recibió una invitación del Departamento de Estado para visitar los Estados Unidos, en 1965 y fue condecorada por el Gobierno del Brasil con la Orden de Río Branco, en 1997.

Sus obras, que privilegian los colores más que las formas, integran colecciones de renombrados museos y pinacotecas del exterior, entre ellas la del Senado Federal de Brasilia, donde se exhibe una serie de grabados titulada “Puzzle”.

Con 60 años de trayectoria artística y una consagración merecida, siguió pintando hasta sus últimos días. Y continuó, como lo hizo por décadas, con la enseñanza en el Centro de Estudios Brasileños. Lo hacía porque, según sus palabras, tenía un compromiso con Livio Abramo (fallecido antes que ella), quien la eligió para mantener vivo el taller de grabado Japarí y Tilcara.

Hoy Edith ya no está, pero su gran talento artístico y calidad humana perduran. Aquí, como un homenaje de recordación en el primer aniversario de su desaparición física, un extracto de las últimas charlas que compartió con ABC Revista.

Obras en el exterior

Edith Jiménez expuso en varias oportunidades sus cuadros al óleo y sus grabados en distintos países del mundo: Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay, Ecuador, Japón, Chile, Estados Unidos, Francia, Italia, Puerto Rico, Costa Rica, Colombia, Alemania. Sus obras integran colecciones internacionales: Museo de Arte Moderno de Nueva York, Museo de la Estampa de Buenos Aires, Museo de Arte de San Juan de Puerto Rico, Biblioteca Nacional de París, Smith College Museum de Estados Unidos, Senado Federal de Brasilia, y en poder de coleccionistas de arte del Paraguay y del exterior.

IDENTIKIT

Edith Jiménez nació en Asunción el 14 de agosto de 1918. Era la cuarta de los seis hijos que tuvieron los esposos José Eulogio Jiménez (tres veces Presidente de la Corte Suprema de Justicia) y Silvia González: Aida Concepción (falleció en 1990), Hernán (murió a los 3 años), Darío, Edith, Silvia Donata (falleció a los 2 años) y Nelly (murió en enero de 2004).

- Toda una vida dedicada al arte. ¿Optó por la ruta correcta?

- Opté por la ruta correcta, porque es lo que me satisface y lo que me llena. Veo que esa es la razón de mi existencia.

- ¿Cómo se lleva con su pintura?

- La pintura parece que me quiere (se ríe). Porque me arrastra.

- ¿Ganó dinero con sus cuadros?

- Eso es lo extraordinario, porque acá es tan difícil vivir del arte, y yo vivo del arte.

- Se formó con el maestro Jaime Bestard, ¿lo considera el mejor?

- Lo consideraba el mejor cuando era joven y conocí su obra, antes de conocerlo a él. Fui a una exposición colectiva y me gustó tanto su cuadro que le dije a mi hermana mayor (Aidita): “Yo quiero estudiar con este pintor”.

Era una chiquilina y me fui al Ateneo, porque allí enseñaban todos, y le dije a la secretaria, que era la señora de Marsal: “Yo quiero estudiar pintura con Bestard”. Y me preguntó ella: “¿No sería igual Alborno?”. Le repetí: “No señora, yo quiero estudiar con Bestard”. Y me anotó.

- ¿Se considera una buena artista?

- ¿Yo? Dentro de lo que puedo hago. Y tiene éxito. Entonces, qué más quiero.

- ¿Cómo era de chica, Edith?

- Una flacucha fea (se ríe).

- ¿Era la primera de la clase?

- En la escuela era horrible, mi hermana menor me pasaba todo. Lo único que quería hacer era dibujar.

- ¿Qué parte del día es su auténtico ocio?

- ¿Mi auténtico ocio? Pintar. Y, después, me gusta andar con las plantas.

- ¿Tardecitas de sol o noches de Luna llena?

- Las noches de Luna llena en Areguá son fascinantes. Y las tardecitas... Vos sabés lo que es el colorido del Paraguay. Si yo vengo una tardecita de Areguá gozo con el crepúsculo.

- Es grande su amor por el Paraguay.

- Es una cosa instintiva. Algo que uno no puede dejar de amar.

- ¿La última gran sorpresa que le dio la vida?

- Fue la invitación que recibí del Departamento de Estado para visitar los Estados Unidos, en 1965. Y otra, esa condecoración que me otorgó el Gobierno del Brasil.

Nadie como Edith Jiménez lograba impregnar en el lienzo la belleza del paisaje paraguayo, con sus ranchitos y sus lavanderas. Y, obviamente, su capacidad innata para manipular las tonalidades y obtener un resultado que privilegia la armonía, era resaltante. Siempre se declaró una colorista, por sobre todas las cosas.

Dedicó toda su vida a la pintura. Y un 7 de octubre del año 2004 se despegó de sus pinceles. Pero, de su paso por esta tierra que la vio nacer en 1918 queda un testimonio imborrable: los colores que hoy avivan su espíritu.


Javier Yubi

HERRAMIENTAS

ARTICULOS ANTERIORES DEL AUTOR

  • + Del Día
  • + De La Semana
  • + Del Mes

 Artículos más leídos

Estadísticas

 

Visitas

Páginas

Hoy

38.798

224.392

Ayer

16.699

105.958

Ultima actualizacion:
02/10/2005 23:00:00