Según informaciones periodísticas, Gabriel García Márquez dejaría de escribir novelas. La noticia causó estupor entre sus lectores, que suman millones en más de 30 idiomas. Sus admiradores recibieron el mismo impacto que cuando leyeron su carta de despedida, no sólo de la literatura, sino de la vida.
El mismo escritor negó la paternidad del disparate que le atribuyeron. Tal vez se trate esta vez -así lo deseamos- de la reiteración de tan pésimo gusto. Pero si fuera verdad, está en su derecho a darse de baja como escritor. Si llegó al convencimiento de que su imaginación sufre de parálisis, o es la misma exuberante de siempre, pero las palabras ya no fluyen como antes, o son las mismas deslumbrantes, pero la fuerza física ya no soporta el peso de la escritura, bien está su decisión en cualquiera de los casos.
La capacidad creadora acompaña a muchos escritores hasta una edad muy avanzada. José Saramago, por caso, tiene 84 años como si nada. Fernando Ayala, considerado como el mejor prosista español del siglo XX, tiene 100 años y sigue escribiendo. La lista es larga, como larga la de los escritores que dejaron de escribir muy pronto. El caso de Rimbaud, con un talento poético deslumbrante, pronto puso fin a su vida intelectual. El otro hecho que suele mencionarse reiteradamente, entre muchos, es el de Juan Rulfo. Sólo con dos obras -en rigor, incomparables- se despidió de la vida literaria. Creyó seguramente que con ser el autor de Pedro Páramo -cuyo cincuentenario de publicación se memoró el pasado año- y El llano en llamas, ya eran suficientes para testimoniar la inmensidad de su talento. A la obligada pregunta periodística acerca de su silencio literario, respondía que ya nada tenía que decir. Críticos murmuradores aseguraban que a Rulfo le atacaba el miedo de no alcanzar la cumbre de sus creaciones que le dieron fama inmortal.
BUEN ESTADO FÍSICO Y EMOCIONAL
La decisión que habría tomado García Márquez es posible que obedeciese a esta respuesta dada a Peter H. Stone, que lo entrevistó para "The Paris Review" en 1981: "Hubo algo que escribió Hemingway que siempre me impresionó mucho: que para él escribir era como boxear. El se ocupaba de su salud y de su estado físico. Faulkner tenía fama de borracho, pero en cada entrevista que concedía decía que le resultaba imposible escribir una sola línea cuando estaba ebrio. Hemingway también dijo lo mismo. Algunos malos lectores me han preguntado si estaba drogado cuando escribí ciertas partes de mi obra (...) Para ser un buen escritor hay que estar absolutamente lúcido en el momento de escribir, y en buen estado de salud. Estoy en contra del concepto romántico de la escritura que sostiene que el acto de escribir es un sacrificio y que cuanto peores son las condiciones económicas o el estado emocional, tanto mejor será el resultado escrito. Creo que hay que estar en muy buen estado, físico y emocional. Para mí, la creación literaria requiere buena salud...".
¿Está en buen estado físico y emocional? Sin duda lo estuvo cuando escribió La mala hora, La hojarasca, Los funerales de la mamá grande, El coronel no tiene quien le escriba, que fueron como borradores para arremeter su monumental Cien años de soledad, y luego las otras novelas que cimentaron su fama.
Junto con el buen estado físico y emocional se precisa también de talento y de inspiración, negada ésta por algunos escritores y apoyada por otros. García Márquez dijo que después de años de luchar con Cien años de soledad, la novela se escribió sola en su cabeza durante un viaje en auto a Acapulco.
Guillermo Cabrera Infante, al preguntársele si creía en la inspiración, respondió: "Llamémosla 'embullo', una palabra cubana que significa entusiasmo fácil, una manera particularmente graciosa de viajar en los trenes de la mente. Escribo cada vez que el Espíritu Santo me susurra algo amable al oído. Por supuesto, también escribo para cumplir fechas de entrega, pero eso no es escribir verdaderamente. A veces, simplemente me ocurre por sentarme ante la máquina de escribir".
Vargas Llosa dice: "Si me dispusiera a esperar los momentos de inspiración, nunca terminaría un libro. La inspiración viene a mí gracias al esfuerzo regular. Esa rutina me permite trabajar, con gran entusiasmo o no, según los días".
Para Octavio Paz: "Escribir es un proceso doloroso que exige enormes esfuerzos y noches sin dormir. Además de la amenaza del bloqueo del escritor, siempre existe la sensación de que el fracaso es inevitable. Nada de lo que escribimos es lo que desearíamos poder escribir. Escribir es una maldición. Lo peor es la angustia que precede al acto de escribir... las horas, días o meses durante los que buscamos en vano la frase que abre el grifo y hace fluir el agua. Una vez que esa primera frase ha sido escrita, todo cambia: el proceso es absorbente, vital y enriquecedor, independientemente del resultado final. ¡Escribir es una bendición!".
LO MÁS DIFÍCIL: EL PRIMER PÁRRAFO
En el mismo sentido, García Márquez dijo: "Una de las cosas más difíciles es el primer párrafo. Me he pasado muchos meses con un primer párrafo, y una vez que lo tengo, el resto sale muy fácilmente. En el primer párrafo uno resuelve casi todos los problemas del libro. Al menos en mi caso, el primer párrafo es una especie de muestra de lo que será el resto del libro" (Las transcripciones fueron tomadas de la citada "Paris Review").
Estos ejemplos dados por las celebradas personalidades del oficio de escribir testimonian que se necesita algo más que la inspiración para llevar adelante la tarea -agradable y sacrificada al mismo tiempo- de terminar una novela.
Es impensable que a García Márquez se le consumiera la inspiración. Para un periodista de sus quilates y novelista de asombrosa imaginación, siempre encontrará a la vuelta de la esquina, o sin moverse de casa, un asunto que quisiera convertirlo en la mejor literatura. La pregunta recurrente es: ¿su "estado físico y emocional" le permite hoy emprender la arriesgada aventura de escribir un libro que sea digno de su talento y de su fama? Esa parálisis de la que hablan sus colegas, ¿siente que será permanente en él? Si no fuese una celebridad mundial, ¿le importaría que no estuviese inspirado y escribir sin la presión de la fama? ¿Teme convertirse en una caricatura de sí mismo como esos cantantes que fueron famosos, pero ya sin voz insisten en seguir en los escenarios?
De todos modos, nos parece digno de su honradez intelectual poner fin a su carrera de escritor -siempre en el supuesto de que la información fuese veraz- toda vez que ya no pueda ascender la cuesta abierta por él mismo con novelas que ya son de la posteridad. ¿Qué más podemos pedirle? ¿Qué más necesita para codearse con los grandes escritores de todos los tiempos? Después de Pedro Páramo y El llano en llamas, Rulfo decidió hacer la siesta. Si Dios mismo descansó al séptimo día de sus creaciones, ¿no tienen derecho a hacer lo mismo los escritores que iluminaron a la humanidad?
En la citada entrevista, preguntado si tenía en marcha algún proyecto, García Márquez respondió: "Estoy absolutamente convencido de que escribiré todavía el mejor libro de mi vida, pero no sé cuál ni cuándo lo escribiré. Cuando siento algo así -y hace un tiempo que lo siento- me quedo muy quieto para poder atraparlo si llega a pasar junto a mí".
¿No pasó junto a él? ¿O no pudo atraparlo? ¿O ya había escrito el libro de su vida sin saberlo, como suele acontecer con los escritores de mucho talento y de mucha modestia? Cervantes estaba convencido de que "el libro de su vida" no era Don Quijote de la Mancha.
Alcibiades González Delvalle
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