La canilla, aquí como en cualquier país de la región, es aquel artefacto delgado como las piernas de un tero que sirve para verter agua en un recipiente, que bien podría ser la palangana que usamos para lavarnos la cara antes de yantar abrigados -en invierno- con un buen perramus, luego de disfrutar una noche tranquila tirados en un colchón pullman. ¿O no?

Tanto misterio, o dislate previo tiene su razón de ser: compartir con el lector el significado y origen de algunas palabras de uso cotidiano. Veamos:
CANILLITA: Esta palabra, que designa al vendedor de diarios, se hizo popular luego del estreno del sainete Canillita, del dramaturgo argentino Florencio Sánchez, el 1 de octubre de 1904, en Rosario. El protagonista de la pieza teatral era un niño vendedor de diarios apodado Canillita, porque llevaba las piernas desnudas. Entonces, como ahora, era frecuente llamar canillas a las piernas, aludiendo a su desnudez como señal de pobreza.
YANTAR: Antigua palabra castellana, aunque actualmente es más usada en el portugués. Deriva del latín primitivo jejentare o jejantare. Posteriormente se redujo a la forma clásica jentare, que es la que predominó en el castellano y significa desayunarse. La primera documentación escrita del término se tiene en el Cantar del Cid. En sentido estricto, parece que antiguamente indicaba la comida del mediodía, pero con el transcurrir del tiempo, se convirtió en sinónimo de comer en general y a cualquier hora.
PERRAMUS: Aunque últimamente es muy raro escuchar, así se denominaba vulgarmente al sobretodo de gabardina. Es un típico caso de lexicalización de la marca de fábrica de la tela con que se confeccionaban dichas prendas.
PULLMAN: Hacia 1858, el industrial norteamericano George Mortimer Pullman ideó un nuevo coche dormitorio dotado de suspensión elástica para los ferrocarriles de pasajeros. Rápidamente el término pullman pasó a designar cierto tipo de asientos provistos de muelles que fueron instalados en los ómnibus de pasajeros y en las salas de espectáculos públicos.
PALANGANA: Esta es una palabra de origen incierto que probablemente provenga de palagana, nombre de las bateas empleadas por los buscadores de oro, derivado del término ibérico "palaga" (pepita de oro). Aunque esta etimología es dudosa por la fecha tardía en que aparece el vocablo (la primera documentación es de 1680). El primer diccionario que recoge este término lo define como "vaso o vasija de diferentes hechuras, lo más común es ser prolongada y profunda, con un borde alrededor, de cuatro dedos de ancho, en el cual, a ambos lados, tiene una muesca o cortadura en media luna, en la cual entra el pescuezo para bañar el barbero la barba; sirve también para labarse las manos y otros usos; hácese de plata, azófar, estaño o laza".
Este utensilio también es conocido, especialmente en España, con el nombre de jofaina, almofia, lavamanos, zafa, palancana o palangrana. En el sur de Cerdeña y en Sicilia, la "palangana" es el "bacino, piccolo bacile". La bacía de barbero y el lavamanos.
Algunos estudiosos afirman que palangana deriva de palanca y que primeramente habría significado cada uno de los dos cubos que el aguador lleva a los dos extremos de la pértiga, aunque esto es discutido por otros, porque hay demasiada diferencia en la forma y el empleo de las dos vasijas.
En portugués, palangana, desde principios del siglo XVIII significa "vaso de barro, que tem muyta circunferencia e pouco pé, serve de lavar as maos, etc.".
En América la palangana también se utiliza para referirse al hablador o fanfarrón (Perú); al descarado y hablador que se mete a hablar entre personas de respeto (Chile); al jactancioso, embustero y fanfarrón (Ecuador), porque la palangana "todo es boca". En el sur de Portugal, palangana significa mentira.
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