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Salud y seguridad sobre motocicleta

Las dos grandes promesas y banderas del gobierno del presidente de la República Nicanor Duarte Frutos son la salud y la seguridad. Durante su campaña proselitista para llegar a ocupar la silla del Poder Ejecutivo se pasó diciendo que iba a satisfacer estas dos necesidades básicas de cada ciudadano paraguayo. Algo habrá hecho para cumplir su compromiso ahora que está en el poder, pero, evidentemente, ha sido muy poco hasta ahora.


Eso se nota en las cotidianas quejas de quienes usufructúan o intentan en vano acceder al servicio de salud pública, mientras que en materia de seguridad la situación se vuelve cada vez más terrible, para no decir terrorífica.

Para muestra basta un botón. En Juan de Mena, un pueblo cordillerano ubicado a 120 kilómetros de Asunción por la ruta número III "Gral. Elizardo Aquino" y a 220 kilómetros por la ruta II "Mcal. Estigarribia", atravesando el territorio caaguaceño, por la salud y la seguridad el gobierno de Nicanor Duarte Frutos "vela" a bordo de motocicletas.
El distrito abarca el 25% del departamento de Cordillera, que tiene una extensión territorial de 4.948 km2. Gran parte de su superficie es anegadiza, por lo que después de cada lluvia regularmente importante queda aislada. Vale decir, la comisaría local, para cubrir 1.248 km2 de extensión territorial, posee una motocicleta, que, por cierto, se encuentra bastante deteriorada. En cuanto al centro de salud, se supone que, cuando recibe a una enferma o un enfermo grave, debe hacer milagros para trasladarlo a algún hospital para salvarle la vida, ya que en el centro asistencial no se cuenta ni con la mínima infraestructura para atender casos de gravedad.

Lo que Juan de Mena necesita para ambulancia es un helicóptero, decía el director del centro de salud doctor Pablo Linares. Los funcionarios y los pobladores, al enterarse de la presencia de periodistas en la localidad, se acercaban ávidamente a pedir un espacio para que sus clamores fueran escuchados por las autoridades. Tienen toda la razón, ya que las condiciones de las vías de comunicación de la ciudad son insuficientes. Ante esta realidad, nadie, menos el Presidente de la República, tiene el derecho de prometer, mentir y jugar con las necesidades y la dignidad de los ciudadanos de una comunidad, por más pobres que sean.


Magdalena Benítez (Caacupé)

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