A veces nos sentimos en la obligación de juntar nuestro corazón con cucharita, así como cuando se derrama el jabón en polvo o el azúcar. Creemos que no podrá componerse más, y que será casi imposible rearmarlo, hasta que, pedacito por pedacito, vuelve nuevamente a sentirse fuerte y vigoroso, para empezar, una vez más.
En ocasiones creemos que se nos acabó el amor. Que nos estrujaron hasta la última gota de afecto. Por aquel que se fue sin explicación, o debido a quien nos robó mucho más que nuestros sentimientos. O quizá a causa de esa persona casi irreal, estilo George Clooney, de quien nos enamoramos como nunca antes, con quien parecía iba a ser para siempre, aunque después tomó otro camino lejos del nuestro.
Solemos pensar: Esta vez a mi corazón lo cerraré con candados, y no permitiré más que nadie vuelva a dañarlo. Podemos pretender mantener el “control” de la situación y decir: Usaré más el cerebro y no permitiré que aparezca un tal “príncipe azul”, que con palabras dulces y bombones me haga pensar que soy Halle Berry.
En realidad, quien más, quien menos, espera ser aceptada tal cual es, sin cirugías, con el carácter de siempre, y esté o no con kilos de más. Una interrogante muy actual es la que tienen muchas mujeres ante la realidad de que -cada vez más- los hombres, al parecer, huyen de algún tipo de “compromiso” amoroso, tomándolo todo medio
en broma.
Nos preocupamos cuando hay tanta informalidad, y hasta puede ocurrirnos que nos metamos al baño de un restaurante a llorar porque prometió acudir a una cita y jamás llegó. Pasa.
Pero sucede también -en el medio de tanto descreimiento- que un día alguien llama en un momento absolutamente inesperado, con una invitación jamás pensada. Y decidís ir, y podés encontrarte con aquel amor que creíste perdido, por el cual lloraste días enteros, hasta tener los párpados tan hinchados que no podías abrir los ojos. Sorprenderte ante una actitud increíblemente diferente. Sentirte hasta cohibida por demostraciones de afecto que ni creías posibles.
Escuchar atentamente que procurará llamarte al día siguiente, o enviarte un msn, ¡para que luego realmente lo haga! Y sentirte como una adolescente -tengas la edad que tengas- nuevamente con mariposas en el estómago, ilusiones que hacen chispear la mirada, y mucho amor, que -siempre, siempre- estuvo ahí, para vos. Para ambos.
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