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Culpables o inocentes

Un reciente estudio sobre qué piensan las paraguayas de la belleza, y muy especialmente de la suya, reveló que nuestras compatriotas se sienten lindas. La respuesta, sin duda, sorprendió a más de uno; como tampoco hay duda de que más de un caballero se habrá sentido orgulloso de tener a una mujer de tan elevada autoestima como amiga, novia o esposa.


Pero tal felicidad duró poco. Luego de un par de líneas más, ¡oh! ¡sorpresa!, el análisis concluye que “la paraguaya es altamente valoradora de la belleza hipotética”; por lo tanto, maneja un concepto erróneo de la verdadera definición de la belleza, insinuando que nos dejamos seducir por esa imagen inexistente e inalcanzable, creada en gran medida por dos grandes culpables: La publicidad y los medios de comunicación. O más claramente, damos demasiada importancia a la belleza superficial. No sé, usted, pero para mí es demasiada acusación.

Un punto llamativo es que en la investigación no se dio cabida a la opinión de los caballeros, porque ellos habrían podido colaborar en gran medida a determinar qué es “real” y qué es “hipotético”; pues al fin y al cabo, lo que la mayoría de las mujeres busca es llamar la atención del sexo opuesto.

Recuerdo que una íntima amiga me decía que le encantaba arreglarse para conquistar al galán que le “movía el piso”, y esta apreciación bien puede estar ligada a la búsqueda de la felicidad. Es verdad, vivimos en una sociedad consumista y en la que lucir curvas, tener 1,70 de altura y ser rubia (aunque más sea teñida) o una espectacular morena, tal vez brinde mayores oportunidades. Pero también es cierto que si no existieran esos parámetros de “belleza hipotética”, a estas alturas no existirían importantes fuentes de trabajo. Porque déjenme contarles que mi vecina, la peluquera, recauda lo más cercano a un sueldo mínimo, en un sólo fin de semana, lavando el pelo, haciendo manicura, tintes, brushing y planchitas a mujeres que buscan verse cada día más bellas. Entonces, qué sería del cirujano plástico, enfermeras y hasta de las secretarias del consultorio privado, si no existiera esa “belleza irreal”.

Entonces, ¿cómo puede esa “belleza hipotética” resultar negativa si te sentís feliz con la nueva nariz, busto o cintura que te dio el bisturí y en consecuencia se crean fuentes de trabajo para otras personas? O esos 10 kilos que te sacaste de encima gracias a la ayuda de una profesional nutricionista, por cuyo asesoramiento tuviste que pagar casi la mitad de tu sueldo.

Esa belleza real que tanto se intentó promocionar no es sólo la idea de mostrarse ante todos con el “valor agregado” que la naturaleza nos dio o nos negó. Es más que el renunciamiento a lucir los 90- 60-90 que todas soñamos, o aceptando la lluvia de los aparentes mensajes irreales que envía la publicidad a través de los medios, sino que se refiere a la suma de inteligencia y capacidad para ser felices más allá de lo que piensen los demás de tu aparente belleza física, tus retoques o nivel de coeficiente intelectual.


Viviana Benítez Yambay

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09/07/2006 00:00:00