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PERSPECTIVAS

Plata tirada

Mi amiga me llamó por teléfono para decirme que al fin lo hizo. "¿Qué cosa?", fue lo primero que atiné a decir, sentándome rápidamente en una silla por si acaso la respuesta me hiciera caer de bruces. "¡Me compré un gimnasio!", contestó ella eufórica. "¿Un queeeeé?", respiré aliviada. "Un gimnasio, ¿no conocés?, un superaparato que tiene todo, cinta caminadora, pesas de distintos tamaños, poleas, remo, escalada, computadora y todo eso". ¡Ahhhh!


¡Qué lindo! ¿Y dónde lo vas a poner?, porque chico precisamente no es; ¿y cuánto te costó?, seguramente una fortuna; ¿y cuánto tiempo pensás que lo vas a usar?, porque te aseguro que a los seis meses te aburriste y ¡ni lo vas a volver a mirar!... Todo esto lo pensé, pero no se lo dije, porque no quería arruinarle a mi amiga su alegría por el chiche nuevo.

Realmente, salvo que seas un deportista consumado, esta historia de gastar millones en tremendos aparatos de gimnasia me parece una estupidez. Reconozco que yo una vez me compré una bicicleta fija y menos un de año después se la regalé a una señora que tenía una hija discapacitada y me la pidió para su rehabilitación. Quedé con el corazón contento y el bolsillo en paz, porque después de todo, mi bicicleta había caído en manos de alguien que realmente la necesitaba.

Le auguro al gimnasio de mi amiga un final parecido. Dos, tres meses hasta "tomarle la onda" y aprender la mejor manera de sacar provecho de todas y cada una de sus múltiples funciones. Otros dos, tres meses hasta que se aburra. Porque no hay nada más aburrido que hacer gimnasia con aparatos, y encima sola, en casa. ¡Con lo lindo que es salir a caminar o a correr, andar en bicicleta, disfrutar estos días frescos del invierno que nunca es taaaan frío como para congelarse! Y, por otro lado, en un auténtico gimnasio conocés gente nueva, hay otras personas que están como vos luchando contra las máquinas, te ponen música para motivarte y estás obligada a ir y hacer el esfuerzo por el simple hecho que ya pagaste seguramente la semana o el mes por adelantado.

Ahora, ¿cuántos meses de gimnasio tenés que contabilizar para amortizar el precio del chiche nuevo? Es cierto, el marketing, la onda sana y natural, todas las chicas flacas y tonificadas que andan por ahí, todo a nuestro alrededor parece confabularse para que hagamos la inversión y compremos el famoso multiaparato hogareño como si fuera una panacea que nos va a poner 10 puntos con solo mirarlo. Yo les sugiero que lo piensen bien, no sea cosa que el pobre gimnasio termine herrumbrándose en el fondo del garaje, o peor aún en alguna casa de empeño, perdido entre otros tantos aparatos similares que alguna vez tuvieron sus días de gloria y les dieron felicidad a las mujeres como mi amiga, que todavía pasa por su época de "enamoramiento" con el dichoso gimnasio. (En unos meses les paso el dato de a cuál casa de empeños fue a parar, por si alguna quiere intentarlo nuevamente).


Valeria Cabrera

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23/07/2006 00:00:00