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La casa de ensueño

Construida en un barrio cerrado de San Bernardino, la casa de estilo toscano toma contacto directo con la magia de la pintura. Un centenar y medio de cuadros pueblan las paredes y otorgan máxima belleza al ambiente, que se asemeja a un vivo museo de arte. Como una manera de ejercer su libertad y entregarse a un mundo de formas y colores, el dueño, un escribano paraguayo residente en Argentina, arregló a gusto y medida su casa de fin de semana. Aquí, Héctor Pedretti encuentra paz y da riendas sueltas a su gran pasión: pintar obras surrealiastas e impresionistas. Para alquilar balcones.


Sí, la casa es fabulosa. Salta a la vista, pero en vivo y en directo, la verdad es que tanta belleza impresiona. Desde la fachada hasta el jardín interior, el buen gusto está guionado. Pinturas, esculturas, antigüedades y piezas artísticas conviven en armonía en este cálido hogar de fin de semana.

Construida en un barrio cerrado de San Bernardino, la propiedad fue adquirida en 1995 por el escribano Héctor Pedretti Parajón (42), bisnieto del tres veces presidente de la República don Emiliano González Navero, y nieto del ex presidente del Banco del Paraguay (hoy Banco central del Paraguay) Carlos A. Pedretti. Y empezó la transformación.

"Era una casa común y corriente de veraneo, pero inmediatamente comenzamos a reformarla íntegramente", cuenta el dueño.

Hoy, la casa de estilo toscano se asemeja a un museo de arte vivo, con gran riqueza cultural. Todo el primer nivel está ambientado como espacio social: hay tres salas de estar, con sus respectivos juegos de living o sillas de esterillas; dos sectores de bar con sus barras y juegos de copas de cristal; los comedores, el social y el diario, con sus amplias mesas y cómodas sillas, iluminados, al igual que los distintos rincones con espectaculares arañas; una sala de lectura y televisión. Ningún pedazo de pared está libre de óleos. Cuelgan unos 150 cuadros de pintores, en general, paraguayos. Se pueden apreciar paisajes, frutas, flores y cuerpos desnudos firmados por renombrados artistas:

Edith Jiménez, Jaime Bestard, Ignacio Núñez Soler, Héctor da Ponte, Carlos Colombino, Koki Ruiz y Félix Toranzos, por ejemplo. Hay muebles tallados por anónimas manos que trabajan con maestría la madera nacional. Cada objeto habla a las claras del criterio localista impuesto por el escribano Pedretti.

"La mayoría de los muebles son contemporáneos que mando hacer sobre diseños míos a carpinteros paraguayos en madera de palo santo, algarrobo, tajy, cedro, peterevy y trébol". Y son los amigos extranjeros del anfitrión los que se maravillan cuando llegan de visita. "Siento orgullo de mis raíces paraguayas, y más aún cuando vienen gentes del exterior y ven que en nuestro país existen lugares como estos".

Lujosos son el cortinado y la mantelería. Sobre mesitas y centenarias
cómodas con mesada de mármol abundan veladores y candelabros art noveau y art decó, hechos en plata, bronce y cristal. Buena parte de una colección de 24 juegos de té fabricados en plata están en exhibición. El predilecto es uno de plata inglesa esterlina, Cheeffield original. Un sector especial ubica artísticos objetos de platería peruana y boliviana. No faltan muestras de mates y bombillas que combinan el oro y la plata paraguaya.

Cada pieza del mobiliario antiguo tiene alcurnia. Provienen, por lo general, de casas de familias asuncenas con abolengo. Como muestra basta un botón: un gran espejo con cristal biselado, adquirido en un remate. Era de la casa Cardús, conocida como la casona Bancopar, sobre la avenida Mcal. López. Un aparador decorado con figuras talladas que perteneció a la Villa Urbano, residencia que se hallaba donde ahora se asienta el colegio Santa Clara.

La escalera que conduce al segundo piso coloca a la vista una serie de desnudos; los principales son obras de Federico Ordiñana, Rossi Schubert y Manuel Escobedo. Un exclusivo estar antepone el ingreso a los siete dormitorios finamente decorados de la planta alta. Desde las ventanas de arriba, el jardín interior luce espléndido. Fuentes de agua, enormes planteras y coloridas flores le otorgan un aire europeo. Rodea la piscina un empastado bien cuidado y plantas de palmeras, santarrita, estrelitzia y árboles de lapachos, jacarandá y mango. Amplios bancos ubican a los bañistas a la puesta del sol en los calurosos días de verano.

Descanso e inspiración

Pintada en color ocre, la Casa Pedretti es un reducto de paz. Y belleza. "Esto es como mi cable a tierra; aquí encuentro tranquilidad, es mi lugar de descanso", dice el escribano. Y no caben dudas. Todos los viernes por la tarde, Héctor Pedretti toma su auto y se dirige al reencuentro con la serenidad.

Culmina la semana de actividades profesionales en Formosa, Argentina, donde está radicado desde 1974, y se instala aquí hasta el domingo. De cómo fue a parar a la tierra de Quinquela Martin él cuenta que dejó el segundo grado del colegio San José de Asunción y se marchó con su familia, dueña de establecimientos ganaderos en Clorinda y Gral. Belgrano.

En el país vecino adquirió formación universitaria. Y transcurre allá su día a día laboral. Pero en San Bernardino, lejos del ruido, además de descanso logra la inspiración adecuada para desarrollar su lado artístico: la pintura. "Hace tiempo que estoy pintando, pero antes lo hacía como un hobby. Ahora sí, desde enero de este año me estoy dedicando en forma metódica, porque se han vendido obras mías y tengo pedidos de galerías".

Héctor Pedretti maneja dos técnicas: surrealismo e impresionismo. Corresponden a la primera su serie titulada Arlequín y a la segunda, vistas de la bahía de Asunción y del Palacio de López. "Me encanta el color; tengo muy en cuenta la tendencia de una gran colorista como Edith Jiménez".

Su inclinación artística viene de pequeño. Ya en su época escolar, Héctor dibujaba. Y era frecuente que sus compañeritos le pidan que les coloree sus cuadernos con figuras geométricas, plantas y animales. Se ríe y recuerda lo que una profesora de Artes Plásticas dijo en clase: "Yo aquí le estoy calificando a Pedretti, no al curso". Si alguien tuviera que calificarlo hoy por su buen gusto y gran sensibilidad en el montaje de la casa, no cabría otra que no fuera la nota excelente. Y felicitado. Es su obra maestra.

Gran colección

Aparte de las obras colgadas en San Bernardino, el escribano Héctor Pedretti tiene guardada una enorme colección de cuadros. Calcula que suman 1.250 y la mayoría corresponden a artistas compatriotas, aunque no faltan algunos de europeos, como el español Pacheco Ochoa y otros que trabajaron en Paraguay: Guido Boggiani, Wolfgang Bandureck, Leonardo Torf, Hans Huber.

Obras de nuevos pintores como Emmanuel Fretes Roig, Renatta Avila, Marcelo Medina y Marcos Villalba. De los renombrados están Ricardo Migliorisi, Olga Blinder, Hernán Miranda, Roberto Morelli, Sebastián Díaz, Gaja, Ysanne Gayet, Osvaldo Salerno, Genaro Morales, Carlo Spatuzza y Enrique Collar. A la hora de adquirir nuevas piezas o seleccionar algún cuadro, el escribano Pedretti recurre a su amigo de confianza, el ingeniero Oscar Velázquez Ugarte, quien se encarga de mantener la casa en ausencia del dueño.


Javier Yubi

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30/07/2006 00:00:00