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PERSPECTIVA

Las otras mises

Además de Lourdes Arévalos, otras paraguayas también nos representan fuera del país; son las mujeres que se cruzan sobre sus pechos la banda del exilio económico. En un programa de investigación periodística de la televisión porteña, emitieron un capítulo sobre una red de prostitución donde las protagonistas eran chicas paraguayas.


Una de ellas se había escapado de un prostíbulo situado en La Plata y daba su testimonio; la forma tímida de hablar resumía su historia, la falta de sueños y una tibia resistencia ante el destino. En las grabaciones salían al aire los "contactos", en ellos (qué horrible consanguinidad) otra paraguaya ofrecía la carne de sus compatriotas: "Te conseguí dos chicas más, son altas, lindas, buenos cuerpos", canturreaba por la línea telefónica.

El hombre que recibía a las chicas era un argentino con años en el negocio. La chica que había logrado escabullirse relataba a los periodistas cómo fue engañada y obligada a prostituirse: "Yo no quise, pero demasiado mucho me pegó el patrón porque la primera noche me negué a atender a un cliente; él (el patrón) me agarró de mi cabello y me dijo: '¡estúpida, ese es de los buenos, más vale que lo atiendas bien o de acá no salís viva!'". Esta joven fue llevada a la Argentina con el cuento de un trabajo en casa de familia. Dicho cuento, sin embargo, tenía un final gris, la "casa" era una alegre wiskería en terreno de nadie, y la "familia" la componían el caficho y otras compatriotas.

Que el negocio funciona, no está en duda. Las trabajadoras llevan sus propias cuentas y, descontando lo que entregan, hacen una considerable suma por mes. Pero no todo es frialdad, los sentimientos también existen. En las conversaciones telefónicas se oía el pedido de las chicas: "¿Y cuándo me voy a mi casa?"; a lo que la voz masculina respondía: "Ahora no, en diciembre, pero antes hacele plata a papito que la necesita". Siguiendo el hilo sentimental, común es que las víctimas se "enamoren" del victimario y les pidan favores de amor. "¿Con quién estás que ya no venís a verme...? vení pues que te extraño...", lloriqueaba una mujer; y el hombre, cual novio celoso, decía: "¿Yo?, con nadie; vos sos la que me está metiendo los cuernos".

En Argentina hay prostíbulos campantes que operan -incluso con menores de edad- porque están protegidos por policías corruptos que cobran puntualmente sus servicios de silencio. Las bandas que se descubren se desbaratan pero vuelven a reorganizarse de inmediato. El año pasado también en Córdoba se desintegró una red de prostitución y repatriaron a varias paraguayas.

Pero después de tal acto heroico, ¿qué sucedió con ellas? ¿les dieron un trabajo estable y bien pago? Porque lo cierto es que perdieron su fuente de ingresos. Las mujeres paraguayas pobres siguen siendo presa fácil para el comercio sexual. Ante esto, vale preguntarnos qué concretan el Gobierno, sus oficinas para la mujer y las ONG feministas para dar trabajo a las mujeres en su propia tierra. Se pregona que hay inversiones en el Paraguay, pero mujeres siguen yéndose.

La paraguayita linda de pies descalzos habita sonriente solo en las postales; hoy la realidad desespera a muchísimas compatriotas que abandonan lo que aman y conocen para errar por países extraños en busca de un trabajo. En el peor de los casos se prostituyen y terminan aceptando como normal la vida del bajo mundo. Regresar a su país suena en cambio muy decente, pero significa volver a la incertidumbre económica.


Lourdes Peralta

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13/08/2006 00:00:00