Para la mayor parte de los estudiantes y profesores, las pruebas de aprovechamiento (generalmente exámenes tipo “verdadero-falso” de respuesta múltiple o de preguntas cortas) son sinónimo de evaluación de aprendizaje.
Si bien este tipo de evaluación continuará desempeñando un papel en la estimación del aprendizaje, creemos que es precisa una variedad más amplia de técnicas de evaluación viables, si lo que se pretende es animar a los estudiantes para que empleen una parte mayor de su potencial humano. La evaluación, al igual que otros acontecimientos educativos, debería ayudar a los educandos a darse cuenta de la gran capacidad que tienen para dar sentido a los hechos y objetos que constituyen su experiencia del mundo.
Aunque es cierto que la calidad de muchos exámenes ha sido muy pobre y que el perfeccionamiento de los métodos tradicionales contribuirá a mejorar el aprendizaje, incluso las pruebas objetivas mejor diseñadas tradicionales correlacionan subsiguiendo sólo en un margen de r= 0,2 a r= 0,7. Al elevar al cuadrado estos coeficientes de correlación para obtener la varianza explicada por estas medidas, se obtienen valores de solamente 0,04 a 0,49, de modo que, en el mejor de los casos, una medida o un conjunto de medidas del aprovechamiento, llevadas a cabo en un intervalo de pocos meses a uno o dos años, sólo predicen alrededor del 50% de la variación en las medidas del rendimiento. Por desgracia, la situación es aún peor: el rendimiento subsiguiente se mide generalmente por el mismo tipo de pruebas con que se evalúa el rendimiento en el momento actual. Si se aplican otros métodos para evaluar el éxito futuro, por ejemplo el número de patentes que registran los ingenieros, entonces la correlación entre la actuación escolar y el rendimiento es casi nula.
En el libro de Hoffman Tyrany of Testing (la tiranía de las pruebas, 1962) se citan muchos de los problemas que originan el empleo indiscriminado de pruebas objetivas como indicadores casi únicos del rendimiento. Más recientemente, Gould censuraba los métodos de examen en su libro The Mismeasure of man (La medida errónea del hombre, 1981) desgraciadamente no se ha dispuesto de alternativas viables a las pruebas objetivas. Creemos que los mapas conceptuales y los diagramas Gowin son dos alternativas.
Extraído de: Novak, Joseph D. Aprendo a Aprender. Ed. Martínez Roca 1989.
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