¡Qué pregunta! ¿Te resulta familiar? De seguro lo habrás escuchado en boca de una tía y, aunque no lo creas, es el más típico de los cuestionamientos que muchos hacemos sin medir que estamos hiriendo susceptibilidades o proyectos de vida, o a quienes tal vez optaron por la soltería indefinida.
Sin duda representa una presión social, directa o indirecta, y no es que esté en desacuerdo con el matrimonio. Pero desde que nacemos se abre un círculo que, con el correr de los años, iríamos cerrando. O por lo menos, eso es lo que sueñan los demás para nosotros.
Pasamos del jardín al preescolar, de allí a la primaria y luego a la secundaria. Desde ese momento, todos los ojos se centran en la nena que ya alcanzó los 25 y culminó la carrera universitaria. He aquí las inolvidables frases de las tías: "Deberías ir pensando en cómo te gustaría una fiesta de boda", "deberías ir pensando en vestir de blanco", o la más tradicional, y bien paraguaya, ¿para cuando la sopa? ¡Qué horror!
Pero si hay algo que nosotras las mujeres -y últimamente muchos hombres- no podemos negar es que nos encanta preguntar. Decía la tía Rosa una noche en casa, cuidando de no pecar de indiscreta con la pareja de enfrente -que llevan años de novios y que son los únicos solteros de la familia- que cuando el tema de charla se acaba la mejor manera de proseguir la tertulia es preguntando y nuevamente... ¡La pregunta! ¿Para cuándo el casorio?
Si hacés memoria, seguro que en la casa alguna vez te cayó "la tía preguntona" o el amigo cercano que te sacó en cara que tu hermana menor se casó primero que vos. Ni hablar si estás a punto de alcanzar las tres décadas. Tendrás a toda la sociedad encima. Resulta anecdótico y hasta pintoresco, puesto que lo del casorio no es todo. A partir de allí, cada integrante del círculo social aparece con una pregunta que al parecer sólo da vuelta al disco del cuestionario que utilizaron con ella -o con él- en algún momento de sus vidas.
Y si ya te casaste, no faltará quién a la semana siguiente de la divertida boda, en la que el último sobrino se tomó hasta el agua del florero, pregunte si ya "le escribieron a la cigüeña", y luego mientras esta madre primeriza apenas se restablece del parto del niño, la reciben con la famosa frase "te salió muy bién", ¿para cuando la niña?, y el bautizo... y el primer cumpleaños... y llegamos nuevamente al principio.
Esto no es un desacuerdo con el matrimonio ni mucho menos una presión social antiboda, sino simplemente una llamada de atención a nuestras indiscreciones. Porque alguna vez todas soñamos con un príncipe, pero no a todas nos llega uno de "sangre azul".
De ahora en más, ¿qué vas a preguntar? ... ¡Feliz domingo!
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