Ya no es oportuno ponernos a discutir sobre el absurdo monopolio de la Industria Nacional del Cemento, el proteccionismo que ha fomentado su intrínseca ineficiencia, la imposición del clínker y otros detalles que hasta suenan redundantes, como la corrupción y la inoperancia que hicieron allí su gran orgía.
Ahora hay que enfrentar una realidad dramática. En el Paraguay, el 90 por ciento de la industria de la construcción está parada por la falta de cemento.
Repito, no es el momento de pensar en si conviene levantar el monopolio, permitir la incorporación de capitales extranjeros, llamar a licitaciones, empezar con los tires y aflojes entre el Ejecutivo y el Parlamento sobre condiciones, porcentajes y cuotas.
El Gobierno anuncia la posibilidad de permitir la entrada de cemento argentino, con una tasa impositiva del 4,5%.
En realidad la construcción es un gremio que no tiene quien lo represente, por lo menos en lo que hace al sector privado. En lo público está el Ministerio de Obras Públicas. En todo caso sería el Ministerio de Industria el que tendría que salir a reclamar la solución rápida de este drama, que Hacienda verá solamente como una oportunidad más de recaudar inmediata y generosamente.
La construcción es no solamente el sector que más dinero mueve a nivel interno, sino que es el gran generador de mercado de trabajo.
Parar la construcción es dejar cesantes a miles y miles de profesionales y operarios de la construcción, y sin pan a sus familias. Desde arquitectos e ingenieros hasta albañiles, pintores, electricistas, plomeros, técnicos. Es paralizar un flujo de dinero determinante en la economía interna del país, que repercute en todos los otros sectores de bienes y servicios. Es potenciar la cifra de desempleados y con ello la delincuencia y la inseguridad. Es dejar más familias sin techo, sin educación, sin salud. Es fomentar la deserción escolar, la desnutrición y la promiscuidad. Es (y no estoy exagerando) desatar una cabalgata apocalíptica.
Probablemente, si tuviéramos un ministro de Economía medianamente lúcido, plantearía esta realidad como una cuestión de Estado, que reclamaría la liberación impositiva y la importación libre de cemento. No quiero sugerir una subvención estatal para que no me declaren "traidora a la Patria" y me cuelguen en la plaza pública. Es lo que correspondería para reparar el daño social que esta situación ha venido generando. Pero, como ni siquiera tenemos Ministerio de Economía...
Esto es un "estado de emergencia económica". Y quien pretenda minimizarlo, es un hipócrita.
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pepa kostianovsky
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