Una maratónica carrera vivimos ahora en diciembre, ante el fin de año. Hoy, domingo 31, seguro habrá titánicas corridas al supermercado, a las tiendas por algunos regalos o la ropa nueva. Pero también es visible una gran disminución en el poder adquisitivo de la gente, y quienes antes compraban un kilo de carne -si podían- hoy adquieren quizá medio.
Cuentan que el “estrés de Año Nuevo” en Europa es tan fuerte, que ocurren insospechados embotellamientos y se ve a la gente ir de un lado a otro, casi atormentada por hacer todo aquello que no hizo durante doce meses. Quizá no vivamos algo parecido por acá, pero también hay quien está de mal humor por no haber logrado sus metas o por no conseguir determinados objetivos, y trata de hacer en este mes que termina, aquello que no hizo nunca.
La finalidad de cuanto se organiza en estas fechas es compartir con los seres queridos, las amistades, pasar ratos agradables y lograr un espíritu festivo y de armonía. Aunque no siempre eso se logre, al menos es la idea. Quizá algunos se quejen por recibir tantas invitaciones de agasajos y cenas. Mientras tanto, un altísimo porcentaje de la población paraguaya no tiene qué cenar, ni desayunar, ni almorzar y casi ya no piensa en preparar algún menú fuera de lo común hoy. Tampoco tiene esperanzas y ya no sueña con tener una casa propia, enviar a sus hijos a la escuela o amoblar su dormitorio, mientras duerme sobre una improvisada colcha.
La extrema pobreza y la gran desigualdad social que vivimos impiden a muchas familias desarrollarse integralmente y cubrir las necesidades mínimas para la subsistencia. Culminadas las clases escolares, nuevamente más niñas, niños y adolescentes pueden ser vistos en las calles, limpiando parabrisas, vendiendo caramelos o pidiendo monedas y, por la noche, recorriendo las calles, cerca de semáforos, en busca de que alguien les dé dinero, comida... Ellos son la cara más visible de lo que sufren muchos paraguayos y paraguayas.
Replantearnos cuál es nuestra misión aquí es más que oportuno en un 31 de diciembre. Desde cada espacio que ocupamos, podemos hacer algo, que apunte a una más equilibrada sociedad, con menor desigualdad en los diversos ámbitos. La extrema pobreza de un mayoritario sector de nuestra población contrasta excesivamente con un pequeño segmento poblacional, y esa gran diferencia puede cambiar con solidaridad, compromiso y responsabilidad social, políticas públicas adecuadas, involucrados tanto el sector público como el privado.
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