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AGUAS DEL RIO ALCANZARON EL CAUCE DE CAÑADA LA MADRID

Canal en el Pilcomayo está funcionando sin problemas

LA DORADA, Boquerón. El canal paraguayo está funcionando muy bien. El Pilcomayo alcanzó la cañada La Madrid, recorriendo 50 kilómetros en ocho días. Quedan pendientes tareas prioritarias, como vigilar el comportamiento de La Madrid, que se encuentra en proceso de colmatación. A esto se suma la urgencia de destruir las represas montadas en el Montelindo.


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La cañada La Madrid se encuentra en proceso de colmatación; no hay que perderla de vista.

El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones tiene motivos para estar satisfecho con la tarea realizada en el canal paraguayo. Nuestro conducto está funcionando muy bien y las aguas del Pilcomayo llegaron en la siesta de ayer a la cañada La Madrid, recorriendo los primeros 50 kilómetros en ocho días. A medida que se vayan registrando picos de nivel, el río se desplazará con mayor rapidez con rumbo al fortín General Díaz, situado a 200 kilómetros del punto donde se encuentran el canal artificial y el cauce de la cañada La Madrid.

El Pilcomayo no registra aún picos de creciente que superen los mil metros cúbicos por segundo, pero tampoco disminuye su caudal de los 500 metros cúbicos por segundo, marca que lleva a lo largo de 10 días continuos. Desde Tarija confirmaron vía telefónica que las lluvias en las montañas se iniciaron con retraso y que ahora están cayendo precipitaciones torrenciales. Al ingresar en el Pilcomayo, el cauce actúa como un gigantesco embudo que deposita al río en la planicie chaqueña, que es precisamente el fenómeno que ahora estamos observando en el sector de los canales de Argentina y Paraguay.

Una de las centenares represas instaladas en el Montelindo. Deben ser destruidas.

Las tareas de rehabilitación del sistema se extendieron también a sectores específicos de la cañada La Madrid. El primero de ellos hasta llegar al establecimiento ganadero Agropilsa, que es un punto crítico por la cantidad de troncos que se acumulan cada año, con capacidad para represar el río; el segundo gira en torno a General Díaz, donde se procedió a la limpieza de diversos tramos para que el agua pueda llegar sin obstáculos hasta el poblado.

Si la crecida sigue en las condiciones actuales, con buen escurrimiento de las aguas, se tiene que establecer un plan de contingencia para eventualmente socorrer a los pobladores de General Díaz, que pueden quedar aislados por tierra e inclusive con la pista de aterrizaje inoperativa, a pesar de que se encuentra rodeada por un pequeño muro.

Alrededor del fortín existen pequeños poblados, inclusive dos misiones católicas. Prever evacuación, puntos de relocalización de damnificados y alimentación permitirá una buena intervención en caso de que el agua llegue a ingresar en áreas pobladas.

Al sur de General Díaz queda por lidiar con las represas. La Secretaría del Ambiente y Obras Públicas tienen que destruir todas aquellas que obstaculizan el escurrimiento del río, que por cierto son decenas, levantadas una tras otra, sin ningún criterio técnico. Las represas se instalaron en el lecho del río Montelindo en forma anárquica.

Las represas no deben ser satanizadas. Es urgente determinar aquellas que pueden ser útiles, establecer un diseño de acuerdo al uso que se pretende darles y montar un sistema que facilite el esparcimiento del agua en beneficio de la mayor cantidad posible de usuarios. Esta tarea corresponde a organismos de nivel técnico y el empleo de diques debe ser resultado de un estudio hidráulico minucioso.

Interin se integra un estudio de trabajo, el primer paso es destruir todas las represas y dejar que el río fluya con la mayor libertad posible.

En medio de las tareas pendientes, la Comisión Nacional del Pilcomayo debe tener los ojos bien puestos sobre el comportamiento de la cañada La Madrid, que soporta un proceso creciente de colmatación, sobre todo en el trayecto que media entre los establecimientos Agropilsa y La Chaqueña. El agua puede desviarse hacia otros sectores, debido a que el nivel entre la ribera y el cauce se encuentra casi paralelo.

Queda por esperar que la situación en la embocadura se mantenga en las mismas condiciones que las actuales, con el canal abierto; de todos modos fue una medida prudente establecer un campamento vial en el mismo sector, para intervenir con rapidez en caso de taponamientos sorpresivos por sedimentos.

Y, por último, un acto de justicia: los operarios del MOPC en el canal llevan hasta 10 años como contratados, trabajando en las peores condiciones que uno pueda imaginar. Es el momento en que sean nombrados funcionarios del Estado paraguayo. Se ganaron esta posibilidad.


Roque González Vera

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14/01/2007 00:00:00