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NO EXISTE EL CRIMEN PERFECTO (3)

Se ocuparon de hacer trizas de la camisa y esconder los pantalones

Unos médicos allegados al Dr. Luis María Argaña le practicaron apresuradamente una autopsia en el Sanatorio Americano, apenas un par de horas después del atentado, un procedimiento que debió ser efectuado en la morgue judicial. Los médicos seccionaron el cadáver e hicieron trizas de la camisa y los pantalones.


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Los médicos Llano, Bellasai y García Varesini, allegados a Agaña ,durante la misteriosa autopsia en el Americano.

Luego de producirse el atentado, el cuerpo del Dr. Argaña fue derivado al Sanatorio Americano, distante unas 20 cuadras del lugar del atentado.

Los hospitales Italiano, Francés, IPS, estaban más cerca.

El Italiano se encontraba a cinco o seis cuadras del lugar.

Cuando el cadáver llegó al Americano, aguardaba todo un equipo de médicos en el lugar, amigos, hasta parientes del Dr. Argaña, como el Dr. Llano.

Misteriosamente, la autopsia fue realizada allí mismo, en el sanatorio, no en la morgue judicial.

La camisa y los pantalones de Argaña fueron destruídos durante la autopsia.

A partir de ahí se pueden observar hechos llamativos.

La camisa del Dr. Argaña fue cortada y hecha trizas en su totalidad.

Con ello desaparecieron evidencias cruciales para comprobar las perforaciones y los puntos negruzcos que se mencionan en la autopsia.

Además, no se observan perforaciones ni manchas de sangre en las imágenes de video captadas durante el traslado desde el sitio del atentado.

Los pantalones del Dr. Argaña desaparecieron. Con este hecho se perdieron evidencias importantísimas con respecto a los orificios detectados en las regiones lumbar derecha (espalda) y petrocantérea (cadera) y el halo negruzco (restos de deflagración de pólvora).

LOS TESTIGOS FALSOS

Gumercindo Aguilar, asesinado

Desde el mismo momento de producido el atentado, los argañistas, que se apoderaron del poder cinco días más tarde tras defenestrar al Gobierno, culparon del crimen a Lino Oviedo y Raúl Cubas.

Desde el lugar del suceso, recuérdese que José Alberto Planás llamó a radioemisoras a perifonear que fueron ambos los autores.

Se le atribuye no haber ido a revisar siquiera si su amigo y correligionario estaba vivo.

Ese sábado 27, después de la masacre en la plaza, apareció en escena el testigo falso Gumercindo Aguilar.

Su esposa Ladislaa de Aguilar, viuda desde que asesinaron a su marido en setiembre del 2003, dijo que, conducido por Juan Ernesto Villamayor, lo llevaron ese día a firmar una declaración en la sede del diario Noticias, donde se encontraban todos los popes del argañismo, más el juez Jorge Bogarín.

En la declaración que hicieron firmar a Aguilar, se relata que este fue testigo de la preparación del atentado cuando supuestamente actuaba de parrillero en un asado en la casa del entonces gobernador de Amambay Víctor Hugo Paniagua, donde también estuvieron presentes Conrado Pappalardo, Bonifacio Nara y, por supuesto, Oviedo.

Coco Villar, asesinado

Para hacer más verídica la historia, Gumercindo Aguilar identificó supuestamente a Máximo Osorio y Wladimiro Woroniecki como autores del atentado.

Rubén Darío Argüello e Isabelino Valdez también incriminaron a Osorio y Woroniecki, pero posteriormente confesaron por escritura pública que habían sido forzados a comparecer en el Ministerio de Defensa en presencia del ministro Nelson Argaña, el juez Jorge Bogarín, el abogado Oscar Latorre, el fiscal Gustavo Amarilla y de un militar llamado Oscar Elías, donde, después de ser presionados, fueron obligados a comprometer falsamente a Woroniecki, Osorio (allegados de Oviedo) y Walter Gamarra en la quema del Fiat Tempra, supuesto coche utilizado para el magnicidio.

OTRO INTENTO PARA INCRIMINAR A OVIEDO

El siguiente intento para incriminar a Oviedo fue por intermedio del testigo falso Alberto Casco Marín.

Este fue instruido para involucrar al senador Octavio Gómez, otro allegado a Oviedo.

Supuestamente el senador Gómez pagó por sus servicios a José ‘Coco’ Villar para asesinar al vicepresidente, ofreciéndole a cambio una estancia llamada “Soledad”, en el km 234 de la ruta Transchaco.

Casco Marín dijo al juez que ‘Coco’ Villar era morocho, delgado, con bigotes y de pelo liso, corto, tipo militar, y que estaba “decidido a matar y a morir si fuera buscado por la Policía o los militares”.

Pablo Vera Esteche, el último “confeso”, hoy preso.

Como consecuencia de esta acusación, Villar fue acribillado a balazos en un lugar llamado Montelindo (departamento de Presidente Hayes) por una delegación compuesta por militares de la Senad y de la Guardia Presidencial.

Todo hacía suponer que con la muerte de Villar se cerraría el caso, ya que también fue supuestamente reconocido por un carpintero de apellido Argüello, quien residía en la vecindad del lugar del atentado.

Pero por cosas del destino, providencialmente un fotógrafo de ABC captó las imágenes del cadáver de Villar, con una larga cabellera que le llegaba a la cintura, cuando era transportado sigilosamente en camilla desde una ambulancia a la morgue del Hospital Militar.

Una voz anónima había llamado a la redacción a alertar sobre el fraude oficial.

Los argañistas aseguraban que Villar había actuado en el atentado con recorte militar. (Continuará...)


Hugo Ruiz Olazar

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24/03/2007 00:00:00