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Revista cultural decimonónica

El 1 de octubre de 1860 salió a circulación la primera revista cultural de nuestro país. Se trató de La Aurora y estuvo dirigida por el intelectual español Ildefonso Bermejo.


Esta publicación tenía cierto carácter oficial y su conteni-do era exclusivamente literario. Además estaba ilustrado con litografías de aceptable calidad, realizadas por un francés llamado Charles Riviere, quien estableció una escuela de dibujo litográfico. En la redacción de La Aurora, Bermejo tenía como principales colaboradores a importantes figuras de la intelectualidad de la época, como Natalicio de María Talavera, Gumersindo Benítez, Mateo Collar, Domingo Parodi, entre quienes esta-ba incluida una mujer, Marcelina Almeida, quien enviaba sus colaboraciones desde Montevideo. Esta publicación dejó de editarse en 1861.

Lazaretos

Antiguamente, para su tratamiento, los enfer-mos de lepra eran llevados hasta el pueblo de Yuty, en el departamento de Caazapá, donde eran tratados con un remedio extraído del aguai guasu. En las últimas décadas del siglo XIX, en Asunción, los enfermos eran alojados en un derruido rancho ubi-cado a orillas del arroyo Jardín, detrás del Hospital de Caridad, ubicado entonces en el lugar donde actualmente se encuentra el Hospital Militar. Hacia 1888, la Comisión de Beneficencia habilitó unas piezas en el mencionado hospital y luego construyó un lazareto con las comodidades mínimas para los afectados del mal. En este lugar, los leprosos fueron tratados de la enfermedad hasta la habilitación del leprosario de la colonia San Eusebio de Sapucái, luego denominada Santa Isabel.

Palomas pobladoras

A mediados de los años 60, numerosos pioneros fueron ocupando las tierras que habían pertenecido a la sucesión Chiriani, en el Alto Paraná (actualmente formando parte del departamento Canindeyú). Hacia 1968, se instaló en el lugar un colono proveniente de Corpus Christi, otro enclave poblacional de reciente formación entonces, el señor Clodoveo de Oliveira, quien además de dedicarse a tareas agrícolas, estableció un hospedaje que denominó Bar La Paloma, posteriormente convertido en Hotel La Paloma.

De Oliveira denominó así su negocio, por la gran cantidad de palomas existentes en el lugar y que el dueño de casa acostumbraba alimentar. Este lugar era parada obligatoria para los que se aventuraban por esos parajes, entonces agrestes y, cuando fue tomando cuerpo, el centro urbano tomó ese nombre, denominándose La Paloma del Espíritu Santo, que fue elevado a distrito el 24 de mayo de 1994. Según el censo de 2002, La Paloma tiene una población de 6.373 habitantes (3.266 varones y 3.107 mujeres).

Plaga bíblica

Décadas atrás, cada cinco o seis años, desde el occidente de nues-tro territorio y entre los meses de setiembre y noviembre, llegaban a la Región Oriental nubes de langostas que causaban estragos en las plantaciones agrícolas. Los enjambres llegaban en setiembre, arrasa-ban con los cultivos y se diseminaban cubriendo una zona de cuatro-cientos kilómetros de circunferencia, que infestaban con sus huevos. Al alejarse la plaga y cuando parecía que todo ya había pasado, allá por finales de noviembre, los huevos eclosionaban y bandadas de larvas se encargaban de acabar con lo que las langostas no devoraron, durante todo el mes de diciembre. Cuenta la historia que una de las peores situaciones se vivió en el año 1819 cuando, luego de una mala cosecha, apareció la plaga de langostas que arrasó con los cultivos. Ante tal situación, el dictador Francia dispuso la urgente realización de nuevos cultivos para paliar los efectos de la plaga. La tentativa resultó exitosa y causó mucha sorpresa entre los agricultores la posi-bilidad de realizar dos cultivos en un solo año.


Luis Verón

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