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COMIENZA HOY LA V CONFERENCIA DEL CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO

Anoche la vigilia se llenó de mística

APARECIDA, Estado de São Paulo (Enviado especial). La gigantesca basílica de Nuestra Señora de la Aparecida estuvo anoche repleta de fieles. Fue un ambiente místico. La celebración fue muy emotiva por la animación musical y no tuvo nada que envidiar a las más grandes catedrales de Europa.


Allí el papa Benedicto XVI valoró la labor que realizan los consagrados y especialmente a los sacerdotes a quienes instó a seguir gastando la vida en la promoción de la justicia, la fraternidad, la solidaridad y el compartir. Les aclaró que un sacerdocio bien vivido dignifica a la Iglesia, suscita admiración en los fieles y es fuente de bendición para la comunidad. Es la mejor promoción vocacional, añadió. Unos 45.000 católicos del Brasil y de países vecinos participaron de la gran vigilia durante la cual el Santo Padre rezó el rosario con la multitud, y en su discurso final se dirigió a los consagrados, cuya labor valoró por el servicio que prestan en la Iglesia y en la sociedad. El Pontífice llegó en su papamóvil. En su recorrido hasta la basílica menor de la Virgen de la Aparecida fue aclamado por miles de personas que se agolparon al costado de la arteria que conduce al templo mariano.

El pontífice fue recibido por los obispos brasileños y de otro centenar de prelados quienes llegaron a esta ciudad para participar de la V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano. Al término del rosario, Benedicto XVI saludó a los sacerdotes diseminados por el mundo y de modo muy particular por los de América Latina y el Caribe. Invitó a los fieles a seguir en el ministerio y en la vida de oración.

“El testimonio de un sacerdocio bien vivido dignifica a la Iglesia, suscita admiración en los fieles y es fuente de bendición para la comunidad. Es la mejor promoción vocacional, es la más auténtica invitación para que otros jóvenes también respondan positivamente a los llamados del Señor”, remarcó.

Destacó la labor que desempeñan los diáconos y seminaristas en la Iglesia. Les dijo que ocupan un lugar especial en el corazón de Benedicto XVI y que la jovialidad, el entusiasmo, el idealismo, el ánimo para enfrentar con audacia los nuevos desafíos, renuevan la disponibilidad del pueblo de Dios, vuelven a los fieles más dinámicos y hacen crecer a la comunidad cristiana y progresar, más confiados, felices y optimista. Recordó a los religiosos que la consagración es un regalo, un don divino que la Iglesia recibió de su Señor y hay que honrarla.


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13/05/2007 00:00:00