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Excelencia militar

Luego de pasar por rigurosas pruebas y salir airoso, el sub brigadier Aníbal Enrique López López (22) con la vista al frente y pasos firmes avanza hacia su objetivo: West Point, la prestigiosa y más antigua academia militar de los Estados Unidos de Norteamérica.­


Su ingreso al instituto de formación militar es la oportunidad para triunfar y afianzar sus principios, basados en la honestidad, la integridad, rectitud, valentía, justicia y generosidad. “Estos principios dan dirección, sentido y profundidad a nuestras vidas. Hay que trabajar de dentro hacia fuera... particularmente creo que la realización personal deriva de la integridad, sin ella no se puede triunfar en la vida”, expresa convencido, sentado en la sala de su casa, vestido de impecable traje militar.

Personajes eminentes como Benjamín Franklin y Thomas Jefferson, en su momento, también sostuvieron que la integridad es la virtud que enaltece al ser humano. Y bueno, ya por algo, Aníbal Enrique, es conocido como “el correctazo”, entre sus compañeros de la escuela Mariscal Francisco Solano López. Lo es precisamente por estos valores que lo sostienen. “Muchos llegan a creer que lo único que se necesita para triunfar es talento, empuje y personalidad. Pero la historia nos enseña que, a la larga, importa más quiénes somos que quienes aparentamos ser”, agrega con determinación.

La familia completa: Su padre, el general retirado Víctor López (centro); su madre, Carmen López (izq.) su hermano José Javier, también en carrera militar y la benjamina de la casa, Carmen Victoria. A la derecha, Anibal, su novia Linda y su hermano Víctor Daniel.

Lo que West Point requiere: Cadetes con determinación, integridad, autodisciplina, fuerza de carácter, resistencia y gran voluntad para trabajar duro. Sin duda alguna, reúne los requisitos y tiene a favor sus deseos de superar desafíos. Por ahora, ya venció los primeros obstáculos y se prepara para cumplir sus primeros años de entrenamiento en West Point donde participará del Sistema de Desarrollo del Cadete Líder, un riguroso programa universitario, de educación militar y entrenamiento, de desarrollo de carácter y atletismo. El programa está delineado para ayudar a inculcar disciplina, resistencia y confianza requerida para un líder. Se espera que el sub brigadier López se desempeñe eficazmente bajo estas presiones. ¿Está preparado para estas exigencias? Absolutamente. Era su sueño de niño.

“Esperé y me preparé para este momento. Siempre tuve claro lo que quería ser. Nunca dudé de mi vocación”, dice. Aun antes de que él naciera, su padre, el general retirado Víctor López, ya auguraba el futuro de su hijo. “Recuerdo que mi señora no podía quedar embarazada... una noche, estando en el Chaco, tuve un sueño que tendría un hijo varón y que abrazaría la carrera militar, así que le dije ‘vamos a tener un hijo varón y va ser militar’”, cuenta. “Es medio adivino”, bromea la esposa, quien se mostró emocionada por los logros de su primogénito y también por la ausencia de varios años que se avecina. Aníbal viaja pasado mañana. “No sé cuándo voy a verle...”, expresa entrecortada.

Pero enseguida agrega que está feliz. “Como padres, damos gracias por los hijos que tenemos, son correctos, queridos; buscamos inculcarles una excelente educación porque creemos que ella dignifica...”, expresa la madre. “Esto no es cosa de ahora, Aníbal desistió de una beca para China porque su objetivo era West Point”, añade el padre bajo la atenta mirada del hijo, quien sonriendo comenta que su padre siempre fue su modelo. “El me ayudó y apoyó, guió hacia el sendero del trabajo, del éxito y de la honestidad”.­
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Servicio, Honor y Patria­

Con su novia Linda Troche, vestido de sociedad. A la izquierda de civil, más distendido.

La base del código ético de West Point se halla en el eslogan de la academia, “Servicio, Honor y Patria”. Los cadetes también se desarrollan éticamente adhiriéndose al código de honor que comienza con “Un cadete no mentirá, no engañará, no robará ni tolerará que otros lo hagan”. Es que West Point existe para brindar líderes de carácter, inspirados para carreras como oficiales comisionados y comprometidos con un servicio de por vida a la nación. “Me siento muy honrado y afortunado por tener la oportunidad de cursar mis estudios en tan prestigiosa institución”, agrega durante la amena charla. Igualmente se siente muy agradecido con la Academia Militar Mariscal Francisco Solano López por haberle dado la oportunidad de trascender y por la fraternidad que se vive en el lugar.

“Mis años en la Academia fueron fructíferos, en un ambiente de camaradería. La enseñanza es óptima. Además de las actividades académicas, recibimos instrucción militar, educación física y deportes. Nos levantamos a las 05:00 y nos retiramos para el descanso a las 21:00, con la ceremonia de la retreta, consistente en la formación del cuerpo de cadetes a cargo del Encargado del mismo, se cantan canciones patrióticas y se recuerda a los héroes con hurras para fomentar el patriotismo e inspirar a los cadetes a emularlos”, describe. ­

Los fundamentos de esta enseñanza son: el patriotismo, el honor y el deber; y se inculcan valores como la valentía, la lealtad, el espíritu de cuerpo, la camaradería, la puntualidad, el espíritu de sacrificio entre otros, y la base para crear en los cadetes estos valores es la disciplina que regula en cada situación la conducta de los mismos. “La base que tengo es excelente”, asegura sin falsas modestias. Va preparado, sin duda. Lleva, ganas, garras, patriotismo. “Sé que voy a desempeñar un buen papel; no voy a defraudar a mi familia ni a mi país. En West Point me espera una carrera profesional de excelencia; estoy informado sobre la misma”, revela. En este sentido, menciona al agregado de Defensa de la Embajada de los Estados Unidos, el teniente coronel Denis Fiemeyer y, a través de nuestras páginas, le extiende su gratitud por las orientaciones y el interés recibidos.­

Una vez culminados sus estudios, Aníbal Enrique López López será comisionado al Ejército de Paraguay. Vuelve a nuestro país para representar el compromiso de carácter con los valores de Servicio, Honor y Patria.­

EL PRIMER Y ÚNICO GRADUADO PARAGUAYO DE­ WEST POINT­, GENERAL MARCIAL SAMANIEGO OCARIZ

Frente a su oficina, posa con la gorra que usaba en West Point. Hoy el general retirado en el 93, se dedica a la vida de campo y a su familia. Está casado con Mercedes Piñeiro; es padre de Marcial Antonio y María Mercedes.­

El primer paraguayo graduado de West Point es el general Marcial David Samaniego Ocariz. Se muestra orgulloso de pertenecer a la Larga línea gris (The long gray line). Así se llama a los egresados, a causa del color de uniforme (gris) y la línea lateral (negra) que los distingue. Tenía 20 años cuando se presentó a la mencionada academia militar. Lo hizo el 1 de julio de 1958, exactamente antes de las 11:00. Le aconsejaron llevar poca ropa, con un maletín ya bastaba. ¿Cómo fueron esos años? Altamente disciplinados. Es uno de los requisitos esenciales para “sobrevivir”. El primer año fue muy duro, de mucha presión, extremadamente estrictos, así que solo queda el mejor, el más disciplinado con absoluto dominio emocional.

“Se examina el autocontrol, la seguridad en uno mismo... todos los días éramos sometidos a pruebas muy duras, lo psicológico supera a lo físico, definitivamente. Muchos no aguantaban, flaqueaban y renunciaban. De eso se trataba justamente, de tener a los mejores”, recuerda el ex egresado de West Point. Su templanza lo llevó a culminar exitosamente el periodo en la más antigua academia militar de los Estados Unidos. No esconde que recibió muchos “retos”, pero en el fondo, sabía que formaban parte del entrenamiento. “No me afectaban demasiado, mucho no entendía tampoco”, comenta riendo. En la academia hacen hincapié al código de honor: “Un cadete no mentirá, no engañará, no robará ni tolerará que otros lo hagan”.

Cuando estaba en West Point.

“Nos sometían a prueba con minucias. Por ejemplo, preguntaban si habíamos lustrado los zapatos... la verdad prevalecía ante todo y estábamos mentalizados que así debía ser”. A su memoria viene también la frase all right (todo bien). “Si uno iba trotando hacia algún lugar, simplemente pronunciaban esta palabra y la respuesta debía ser la misma, si es que se contaba con la autorización para transitar por el lugar. Igualmente, en los últimos controles previos al descanso pronunciaban ‘all right’ y si todos estábamos ya listos para dormir, debíamos responder ‘todo bien’, en inglés claro.

Era la comunicación corta y precisa que daba a entender que todo estaba en orden. ¿Qué pasa si uno miente? Sencillamente queda fuera de la Academia. Los recuerdos son muchos. ¿Sabían que es tapa del New York Times el último en la lista de egresados? ¡Es por haber terminado la carrera! También viene a su mente una carta que le enviara su padre, en fecha 14 de noviembre de 1961, un año antes de su egreso. En la misiva le expresaba su deseo de progreso y superación. “Es tu último año y anhelamos que resulte toda satisfacción. Confiamos en tu capacidad, inteligencia y voluntad.

Con estos factores morales y espirituales, un hombre como tú y sobre todo un paraguayo ha de sobreponerse a los obstáculos y vencerlos. Tenemos mucha esperanza que llegues bien al objetivo final, a esa meta que no te empujamos nosotros, sino que fuiste por tu propia aspiración.

Te empeñaste en ingresar a esta academia y lo lograste. Ahora estás al término de los estudios y esperamos que logres finalizarlo con el mismo entusiasmo e ímpetu de superación. Besos y abrazos míos y de tu mamá”, firma la carta su padre, el que fuera también ministro de Defensa y de Obras Públicas, general Marcial Samaniego. “Siento orgullo de haber ingresado y egresado. Todavía tiene fresco en su memoria el día que lanzó su gorra al aire durante la ceremonia de graduación. “Era el rito, pero yo recuperé mi gorra y lo traje”, dice riendo.

Ya en tono más serio asegura que es un honor para él y para la patria haber cumplido con la misión. Continúa manteniendo buenas relaciones con sus ex pares. “Este año no puedo viajar, pero para la celebración de los cincuenta años de egreso, con seguridad, voy”, revela. Después de casi cincuenta años otro joven, Aníbal Enrique, lo secunda. Esperamos que otros jóvenes sigan el ejemplo. La beca está abierta para todos los que tengan vocación de servicio de por vida a la nación.


Nancy Duré Cáceres

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24/06/2007 00:00:00