Comparada con otras capitales de la región, Asunción no parece ser la primera ciudad de una República. El problema no es simple ni viene de ayer. Es el legado de mucho tiempo atrás y un problema estructural.
En tiempos de la conquista y la colonia Asunción era mucho más importante. Se convirtió en la “Madre de Ciudades” y en todos los demás títulos nobiliarios que fue ganando con justa razón.
Da la sensación de que hoy nuestra ciudad se ha convertido en un conglomerado deforme y sin abolengo. No existen grandes proyectos urbanos a corto, mediano ni largo plazos. No hay un urbanismo que pueda salvarla.
Todo queda en planes y planos carcomidos por la polilla. ¿Qué pasó con el Plan de Desarrollo Urbano Ambiental Asunción 2000, el Plan Maestro de Transporte Público (Plan Ceta) y tantos otros?
Nada se puede hacer porque falta el aval del Gobierno y no hay una política de Estado, una propuesta que vaya más allá de una administración municipal.
En la Cámara de Diputados duerme la llamada Ley de Capitalidad, que busca conferir a nuestra ciudad el carácter y la importancia que le da la Constitución Nacional al independizarla de cualquier departamento. Pero ahí duerme, mientras nuestros legisladores montan un circo cada semana.
En otros países, la capital del país, el distrito federal, recibe privilegios especiales que facilitan la construcción de autopistas, avenidas, red pluvial, grandes proyectos urbanos y cualquier plan de modernización.
Asunción se mantiene en el provincianismo y la municipalidad no tiene capacidad para enfrentar las obras más pequeñas con recursos propios porque todo lo recaudado va al pago de sueldos. El último intendente que pudo hacer algo fue Porfirio Pereira Ruiz Díaz. Luego vino Carlos Filizzola, el que llevó la cantidad de personal de 2.200 a 4.400 con los fondos del impuesto inmobiliario; Martín Burt, que aumentó el personal a 7.000 y Enrique Riera que tampoco redujo lo suficiente.
Asunción merece un tratamiento especial que posibilite cambios e inversiones, atraer el turismo y facilitar la vida de sus habitantes.
Asunción requiere ser más cosmopolita. No puede ser tan aldeana al punto de que las avenidas solo tengan que limpiarse y llenarse de flores para una visita de presidentes. No puede admitir chozas recicladas para refugios de pasajeros ni calles cuadriculadas por remiendos.
Asunción merece obras que reflejen buen gusto, jardines para todo el año, veredas uniformes que faciliten el paso y semáforos que no confundan los colores.
Asunción no merece ómnibus chatarra ni taxis destartalados.
¿Es tan difícil copiar lo que hacen de bueno en Curitiba o Buenos Aires?
No hay mago que pueda cambiar todo esto en cuatro o cinco años. Falta una política de capitalidad impulsada desde el Gobierno Nacional más allá de las banderías políticas y administraciones municipales. Sólo así Asunción dejará de ser una cenicienta de ciudades, como me dijo esta semana un concejal.
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