abc Google  

CARMEN DEL PARANA­

Con acento criollo­

Indígenas, aventureros, inmigrantes. Carmen del Paraná le debe su historia a varios personajes. Hace 160 años, en tierras cercanas al río, en Itapúa, se formó la comunidad que ahora está de fiesta. Mañana es día de la Santa Patrona, la Virgen del Carmen, y eso es motivo de celebración.­


Frente a la iglesia católica hay escaleras, tarros de pintura y hombres trabajando. Arreglan la fachada, porque es víspera de fiesta patronal. Ya la plaza Tacuary, llena de árboles de pinos y cipreses, exhibe camineros limpios y aspecto festivo. Hay orden y pulcritud por donde se mire. Acorde con la celebración, los lugareños unen fuerzas para rendir un digno homenaje a la Santa Patrona que el lunes 16 conmemora su día. ­

Hoy, los festejos arrancan con una misa de acción de gracias, por la mañana, y corrida de toros, por la tarde. Mañana, la Virgen del Carmen sale en procesión a recorrer las ordenadas calles de la ciudad, al son de la banda de músicos de la Segunda División de Caballería, con asiento en San Juan Bautista. Tras los actos religiosos anuncian un espectáculo de acrobacia sobre bicicletas, feria de comidas típicas y torín, hasta entrada la noche.­

Juan Sinkovec, un agricultor de ojos verdosos, hijo de rusos, nacido en Carmen del Paraná hace 52 años, es uno de los entusiastas integrantes de la comisión de festejos. A modo de introducción, comenta que los carmeños son personas de fe. “Sí, esta es una comunidad muy religiosa, principalmente católica, porque aquí hay gentes de diferentes cultos. Están también las Iglesias ortodoxa y la grecorromana, que tienen muchos seguidores”.­

Por las venas de Sinkovec corre sangre eslava, como gran parte de la población de Carmen del Paraná. Entre los años 20 y 30, se establecieron en la zona inmigrantes rusos, polacos, checos, ucranianos y eslovacos. Y las influencias son notorias no solamente en los rasgos físicos, sino también en costumbres y tradiciones que perduran. “Somos de diferentes orígenes y eso tiene cierta influencia en la cultura local. Es un orgullo para nosotros, los carmeños, que nuestros antepasados nos hayan dejado como herencia la dedicación al trabajo y un respeto al semejante”, resalta Juan Sinkovec, el hombre que habla varios idiomas, tiene cultivos de soja y trigo y es padre de tres hijos: Pamela, Alex Iván y Luz Maribel.­

Inquieto, con la mirada color cielo, Enrique Malinowski suma esfuerzo para el lucimiento del aniversario patronal. Es electricista, nacido y crecido en Carmen del Paraná hace 69 años. Se encarga de que las luces funcionen a las mil maravillas. “Sabemos que las fiestas patronales de Carmen son muy concurridas. Vienen de todas las partes los carmeños que han emigrado a otras ciudades para venerar a Nuestra Señora, a la Virgen, a la que tienen mucha fe y mucho amor”, expresa con emoción, aunque logra detener las lágrimas que amenazan empañar sus ojos azules.­

Los hijos de Malinowski, Juan Carlos, Teresa Cristina, Alberto Enrique y Héctor Fabián son muy paraguayos, pero están acostumbrados a los platos típicos de los países eslavos. “Y bueno, tenemos esas comidas tradicionales de nuestros padres: holupchi, barenike, knedliky y carne ahumada de cerdo, preparada de distinta manera. Claro, el borsch, que es un puchero, se hace con remolacha, repollo, verduras, con ricotta o crema de leche”, explica, ya más aliviado.­

Enrique es descendiente de polacos y su esposa, María, hija de ucranianos. Pero, en cuestión de idiomas, en el hogar se habla de todo un poco.­

“Prácticamente hablamos mucho más el idioma guaraní que la lengua originaria de nuestros padres. Estamos tratando siempre de colaborar para que este país alguna vez tenga mayor tranquilidad, paz y bienestar”.­

Carmen del Paraná tiene apariencia de una ciudad tranquila. Se nota la laboriosidad de su gente. Y, en cierto modo, se percibe una mentalidad distinta. Nadie espera demasiado de las autoridades, más bien los vecinos unen fuerzas para alcanzar el bien común. Sucede con el manejo descentralizado de la salud pública, que desde el año 2004 está a cargo del Consejo Local. Al frente del Centro de Salud, la doctora Alicia Peloso, una odontóloga de 40 años, que recibió en 1989 su título profesional en la Universidad Estadual de Campinas, Brasil, reconoce grandes avances en materia sanitaria.­

“Tres años de experiencias con este sistema descentralizado nos han ayudado a mejorar el trabajo, a ampliar servicios. Teníamos solamente un médico; hoy día contamos con siete de diferentes áreas. Ofrecemos consultas pediátricas de lunes a sábados por la mañana, atención de ginecología cuatro veces por semana, además de las obstetras que también cubren amplios horarios. Tenemos odontología toda la semana; se contrató una bioquímica que realiza los análisis más complejos. Hemos logrado levantar un equipo de rayos X que estaba en desuso; se invirtieron más de treinta millones de guaraníes para contar con el servicio. Adquirimos un ecógrafo, hoy día también tenemos el servicio de ecografía; entonces, para nosotros es un logro muy bueno, muy beneficioso para la población que anteriormente tenía que trasladarse hasta otros lugares para recibir atención”, detalla la doctora Peloso. ­

Carmen del Paraná tiene más caras de las que se pueden ver. Su historia está atravesada por anécdotas que mezclan aventuras y toques populares. A las 11 de la mañana, por una de sus empedradas calles transita un vendedor de ajos. Se llama Mario Gaona, tiene 35 años y hace 8 recorre la ciudad para ofertar su producto. Viene desde el pueblo de Artigas con 23 ristras de ajos que ofrece a 5.000 guaraníes. “Ya todo el vecindario me conoce y me compra”, suelta el hombre y sigue su rumbo. Para la tarde debe terminar la venta y volver a su hogar, de donde salió bien temprano.­

Cerca del mediodía, en la zona céntrica hay bullicio. Salen los 518 alumnos de la Escuela Básica Nº 512 Virgen del Carmen. “Yo creo que estamos muy bien en materia de educación”, advierte la profesora Cristina Giménez, una agradable morena de 33 años. Enseña en el quinto grado y piensa que los niños de estos tiempos “son más independientes y aprenden con mayor facilidad”.­

Su colega, la profesora Ester Aguilera de Ramírez, coincide en que el nivel de aprendizaje es bueno, aunque apuntala que “hay que reforzar la parte de comunicación y matemáticas”. Tiene 51 y una década como titular del cuarto grado.­

A los 20, se recibió como maestra de Escolar Básica y se hizo licenciada en 1999. Zunilda Chumuj de Centurión (31) da lecciones a los chicos del sexto grado. Y siente orgullo de su institución. “Nuestra escuela goza de buen prestigio”, dice con convicción. Sus ojos celestes delatan su ascendencia eslava. “Pero mi familia se integró muy pronto y yo ya estoy casada con un paraguayo”, agrega. Aprovecha la nota para hacer saber que “Carmen es una comunidad muy unida, porque nos conocemos todos, nos saludamos y somos solidarios unos con otros”.­

Casi en el límite de lo que será la franja costera cuando las aguas del río Paraná inunden la parte baja de la ciudad, está la casa de Jorge Chumuj. Hijo de inmigrantes checos y ucranianos llegados a la zona de Itapúa después de la Primera Guerra Mundial, el hombre apodado Iura (Jorge en ruso) no niega los rasgos extranjeros, ojos azulados y piel clara. Se dedica a la panadería, junto con su esposa María Zabrodiec, de igual origen. Produce pan casero, tal como se hacía en su familia.

“Pan casero natural sobre levadura. Nosotros lo que hicimos fue industrializar y comercializar, como un medio de vida. Estamos produciendo un promedio de 40 a 50 panes diarios y se vende, a veces falta, a veces sobra. Pero ahora resulta bastante difícil; acá en Carmen hay una cosa muy peculiar, la parte baja, de donde son todos mis clientes, se reubicó en el asentamiento nuevo y la Entidad Binacional Yacyretá les está dando pan y galleta gratis. Entonces no sé qué hacer, pienso cerrar”, se descarga Iura.­

De pequeño, en su hogar se acostumbró a la mezcla de lenguas, así pudo entender y aprender varias. “Sí, se hablaba en casa cuando mis cuatro abuelos vivían. Mi mamá a mi abuelo le hablaba en ruso, a mi abuela en checo, entonces yo desde chiquito hacía lo mismo. Después, cuando íbamos a la casa de los abuelos paternos ahí en ucraniano solamente, entonces para mí era la misma cosa”.­

Más allá de los idiomas, lo que en el fondo Jorge Chumuj valora en toda su magnitud como herencia familiar es el apego al trabajo. “Es la dignidad de saber trabajar”, apunta.­

En Carmen del Paraná funciona una asociación de ucranianos y otra de polacos, en la Calle 3 C, y se profesan cultos religiosos católicos y ortodoxos.­ “A mí me tocó fundar la Asociación Checa y Slovaca, que son dos países; no hay casi diferencia, pero cada uno quiere su independencia. No obstante, se transfirió al Centro Social Carmeño. En cuanto a religión está muy arraigada la Iglesia greco-católica, con buena cantidad de ucranianos. Hay una iglesia en Carmen y en el distrito, varias. Y nosotros, los ortodoxos, tenemos nuestra basílica en Fram, inclusive otra iglesia en Encarnación. Nuestro patriarca tiene su sede en Grecia”, aclara Chumuj. ­

Existen festivales y encuentros culturales que anualmente reúnen a los descendientes de inmigrantes eslavos del departamento de Itapúa.­

Carmen del Paraná se halla en proceso de cambios. Mariscal Estigarribia es una calle fantasma. Todos se fueron y solo hay casas abandonadas. Serán demolidas a medida que el embalse del río Paraná avance. Y lentamente las aguas van ganando terreno. Ya el emblemático arroyo Tacuary está desbordado. “Repunte del Paraná” llaman los vecinos al caudal que se aproxima al sitio histórico, donde el 9 de marzo de 1811 se registró la batalla de Tacuary, contra las tropas porteñas lideradas por el Gral. Belgrano. Hay en el lugar, a un kilómetro del centro, un armatoste inconcluso de piedra que pretendió ser un monumento de recordación a los héroes paraguayos de esa contienda. Al parecer, este territorio está a salvo de la inundación. No así el arroyo Tacuary, que desaparecerá por completo.­

Y la represa de Yacyretá también borrará del mapa a un grupo de enormes galpones construidos por arquitectos europeos contratados por don Germán Wilcke. Estos edificios de gran porte, elegante silueta y pisos de madera, se ubican al costado de la estación del ferrocarril, donde abarcará la franja costera. Eran los graneros de arroz que en buena época fueron protagonistas importantes del desarrollo económico de la localidad.­

En fin. No será el paraíso perdido. Pero Carmen pierde y gana. Y en ese vaivén de la vida sigue siendo una tierra de oportunidades.­

Breve historial­
­

Carmen del Paraná se formó en 1843, durante el gobierno de Don Carlos Antonio López. Un informe oficial existente en el Archivo Nacional de Asunción señala al año siguiente que “con los naturales exentos de la comunidad de Itapúa (Encarnación), mandó el Gobierno formar un nuevo pueblo titulado Carmen del Paraná, sobre la costa del Paraná”.­

En las instrucciones al comandante militar de Itapuá se le decía que demarcara “el cuadro que se encuentre más a propósito para el referido fin, expresando las dificultades de acopiar maderas, rajas y demás cosas necesarias para el establecimiento”. En el lugar existía un oratorio que necesitaba reparaciones y que sin duda motivó la elección del paraje.­

En 1857 se estaba construyendo la iglesia. Dicho edificio ya no existe, pero en el interior del templo actual se pueden ver algunas imágenes sacras de procedencia jesuítica, que los indios habían traído desde la reducción de Itapúa: Niño Salvador del Mundo, Tupã ra’y (Niño de la Victoria) y una Virgen arrodillada.­

Estación en peligro­
­
Próxima a la ruta, antes de alcanzar el centro urbano, se halla la vieja estación de tren. El edificio de ladrillos vistos, cinco amplios salones y pisos de piedras quedó en desuso con la desaparición del ferrocarril. Todavía en su interior conserva algunos elementos de uso ferroviario, como una báscula de hierro de 500 kilos con las inscripciones “London” y “Birmingham”; un taquillero y muebles de madera. Desde el año 2004 funciona como sede de los Bomberos Voluntarios del Paraguay, filial Carmen del Paraná, que cuenta con 23 voluntarios. En una de las salas se organizó un pequeño museo (foto arriba) que guarda molinos de uso doméstico, planchas a carbón, ollas de hierro, lámparas a querosén. Casi frente a la estación queda un tanque cisterna que en varias ocasiones quisieron convertir en chatarra para ser vendido como hierro viejo, al igual que una caldera y un reservorio de agua, que se mantienen gracias a la oposición de la comunidad. Nadie sabe cuál será el destino final de la estación con el embalse de la represa de Yacyretá que inundará un vasto sector de Carmen del Paraná.­

Identikit­

Carmen del Paraná se ubica a 330 kilómetros de Asunción, por la ruta asfaltada número 1 Mcal. López que llega a Encarnación. Es una comunidad agrícola con extensas plantaciones de arroz. En otros tiempos fueron don Germán Wilcke y don Platón Zub los mayores arroceros. Hoy figuran como importantes productores los hermanos Jorge y Pablo Zub, Basilio Kovalchuk, Bogdan Kluba, la familia Szkutnick y el ingeniero Oscar Ramírez.­

Viven en la localidad 3.880 personas, según datos del censo nacional 2002. Hay dos escuelas primarias: Virgen del Carmen y Escuela Nº 67 Germán Wilcke. Tres colegios secundarios: Nacional Nuestra Señora del Carmen, Colegio Germán Wilcke y Colegio Agropecuario Germán Wilcke.­

Los barrios más poblados son San Blas, San Roque, Obrero, San Miguel y San Isidro, donde hay una placita bien cuidada con iluminación y cancha de arena para la práctica de deportes. Entre los clubes deportivos sobresalen Olimpia y Paraná.­


Javier Yubi

HERRAMIENTAS

ARTICULOS ANTERIORES DEL AUTOR

  • + Del Día
  • + De La Semana
  • + Del Mes

 Artículos más leídos

Estadísticas

 

Visitas

Páginas

Hoy

52.281

565.032

Ayer

56.503

589.872

Ultima actualizacion:
15/07/2007 00:00:00