“El presidente de Bolivia, Evo Morales, recibió ayer en Lima de su homólogo peruano, Alan García, el ofrecimiento de ayuda para solucionar los problemas internos de su país y apoyo en las demandas internacionales planteadas por el gobierno de La Paz”, expresaba un cable recibido días pasados en nuestra redacción. Cabe recordar que la República de Bolivia había perdido su litoral marítimo a raíz de la Guerra del Pacífico, en 1879. Trataremos de explicar cómo sucedió aquel episodio que dejó profundas heridas en la convivencia internacional americana, que aún hoy no terminan de restañar.
El año 1810 fue el inicio de un largo proceso geopolítico que si bien solidificó en muchas partes, aún tiene sus cuestiones no del todo dilucidadas.
Una de esas cuestiones fue la que se dirimió a finales del siglo XIX entre Chile, Perú y Bolivia en la llamada Guerra del Pacífico.
Viejo conflicto tripartito
A partir de la Guerra de la Independencia, los estados americanos tuvieron que ir delimitando sus propias fronteras. Muchas de ellas basamentadas en posesiones con derechos consuetudinarios, en ocasiones con derechos esgrimidos sobre supuestos históricos, jurídicos o delimitaciones naturales. Al nacer Bolivia como Estado independiente, después de Chile y Perú, ocupó para sí una franja desértica sobre la costa del Océano Pacífico.
Estas cuestiones limítrofes casi siempre causan algún malestar a uno o a tercero. En el caso de los países de la costa pacífica, un país que se molestó fue Chile, que consideraba una usurpación boliviana la ocupación de la mencionada franja.
Las salidas usuales bolivianas durante muchos años fueron a través de caminos hacia el Océano Atlántico, vía Tucumán, o por puertos peruanos. La fundación de un puerto sobre el Pacífico, el de Cobija, durante el gobierno del mariscal Santa Cruz (1824-1836) fue el tizón que años más tarde ardería entre los tres países.
El Gobierno chileno consideró en su momento que la instalación del puerto boliviano en la caleta de Cobija constituía una usurpación de su territorio y empezó una serie de reclamos ante el gobierno del Altiplano.
Riquezas y problemas
En 1842, el presidente chileno Bulnes envió una comisión a estudiar los recursos naturales de la zona del norte del país. La riqueza en guano (excremento de aves marinas, rica en nutrientes para la agricultura), convirtió a esa región del litoral marítimo (entre los paralelos 23º y 25º) en territorios codiciados y en la manzana de la discordia entre Chile y Bolivia.
Las pretensiones chilenas llegaban hasta el paralelo 23º 10’ de latitud sur, mientras que Bolivia consideraba territorio suyo hasta el paralelo 26º de latitud sur. Es decir, que las pretensiones territoriales de ambos países se sobreponían una sobre otra (Bolivia afirmaba que su territorio iba hasta los 26º, al sur del puerto de Talcal y próximo al cerro Pan de Azúcar.
Tratando de buscar alguna solución que satisficiera a ambos países, en 1866 se firmó entre Bolivia y Chile un tratado que fijaba como límite entre ambas repúblicas el paralelo 24º de latitud sur y un sistema para el cobro de los impuestos en el territorio que quedaba entre los paralelos 24º y 25º sur. El derrocamiento del gobierno del presidente boliviano Mariano Melgarejo llevó a la anulación de los actos de su gobierno, por lo tanto, lo acordado quedó nuevamente a fojas cero. En 1872 se firmó un nuevo acuerdo bilateral (Lindsay-Corral), pero el mismo fue rechazado por el Congreso boliviano.
Tercero en discordia
A todas estas cuestiones se sumó la pretensión peruana de explotar los ricos yacimientos salitreros de la región. Ese interés llevó al Gobierno peruano a acercarse al boliviano, concretado en la firma de un tratado secreto de alianza peruano-boliviano, el 6 de febrero de 1873, entre el mandatario boliviano Juan de la Cruz Benavente y el peruano José de la Riva Agüero.
El 6 de agosto de 1874 se firmó un nuevo tratado entre Chile y Bolivia. Por ese instrumento se declaró libre de derechos de internación el comercio de los productos entre ambos países en todo el territorio medianero y se estipuló el arbitraje para las dificultades que no se lograran resolver directamente.
El Gobierno peruano, por su parte, buscó desarmar cualquier acuerdo chileno-boliviano, pero la firme decisión del presidente Frías logró la aprobación parlamentaria del tratado. También surgieron dificultades en el Congreso chileno, pero la esperanza de solucionar los problemas limítrofes pesó en el ánimo de los congresistas y aprobaron el instrumento diplomático.
Tiempo borrascoso
En marzo de 1876, el ministro de Guerra Hilarión Daza derrocó al presidente Frías y gobernó el país en forma dictatorial y tomó una serie de medidas relacionadas a la problemática región litoral que incomodó a los chilenos. Una de estas incómodas medidas tuvo como protagonista a la empresa salitrera chilena de Antofagasta. El 14 de febrero de 1878, el Congreso boliviano decidió hacer efectivo el impuesto de 10 centavos el quintal español de salitre. La empresa salitrera chilena consideró un abuso esta medida, pero la misma no encontró eco. Esta determinación significó la ruptura del Tratado de 1874. La negativa de la compañía salitrera de pagar lo que consideraba un impuesto injusto, llevó al embargo de los bienes y la fijación de la fecha del remate, el 14 de febrero de 1879. La mecha del polvorín de la guerra había sido encendida.
La decisión del presidente boliviano Hilarión Daza de rematar los bienes de la compañía chilena determinó que el Gobierno chileno ordenara el envío de naves de guerra con contingentes fuertemente armados para tomar posesión del puerto de Antofagasta y ocupar los puntos de mayor importancia militar antes de que se llevara a cabo el remate de las salitreras.
El día fijado para el remate, la escuadra chilena fondeó en el puerto de Antofagasta, que ocupó militarmente. El 1 de marzo de 1879, el Gobierno boliviano declaró la guerra a Chile. Exigido por Bolivia, su aliado por el tratado secreto de 1873, el Perú entró a la guerra a sabiendas del precario papel que podía desempeñar Bolivia en el conflicto, recayendo sobre Perú todo el esfuerzo bélico. El Perú solicitó la colaboración de la Argentina contra Chile, pero Argentina aprovechando que Chile estaba en guerra en el norte, optó por asegurar para sí 1.200.000 kilómetros cuadrados de la Patagonia.
La conquista del dominio del mar por chile en octubre de 1879 alejó las esperanzas bolivianas de continuar usufructuando el litoral del Pacífico, quedando encerrado y mediterráneo.
La paz entre Chile y Bolivia fue firmada en 1904. Por ese tratado, Bolivia reconoció definitivamente la soberanía chilena sobre el territorio previamente en disputa, pero esta situación fue el origen de constantes tensiones diplomáticas entre ambos países durante el siglo XX y comienzos del siglo XXI, debido a que Bolivia perdió toda soberanía sobre el Océano Pacífico. La consecuencia fue la búsqueda de una salida al mar por medio del Chaco, situación que años después llevó a un nuevo enfrentamiento bélico, esta vez entre Bolivia y el Paraguay. Ojalá no se repitan errores y torpezas del pasado y la sabiduría de los líderes de las naciones americanas conduzcan a sus países hacia soluciones definitivas de estos viejos pleitos.
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