Dulce Jannyna Sosa F. debía nacer el 14 de noviembre, de 1992. Llegó al mundo antes de cumplir los 6 meses de gestación. Los médicos no le dieron esperanzas de vida y permaneció aislada con cuidados intensivos sin que sus padres pudieran verla. La niña reaccionó sorpresivamente cuando su mamá, Zully Ferreira, comenzó a acariciarla y hablarle con cariño. Dulce, esta semana cumplió 15 años.

En 1993, una nota publicada en este diario trasmitía con total ternura la historia de Dulce Jannyna bajo el título de “Un milagro de amor”, cuando cumplía 1 añito de vida. La experiencia que les tocó vivir a sus padres y a otros miembros de su familia habrá causado una profunda emoción a quien tuvo la oportunidad de escucharla. Y más aún ahora al ver a una adolescente llena de vida y entusiasmo.
El nacimiento de Dulce Jannyna estaba previsto para el 14 de noviembre, hace 15 años. Un frío 8 de agosto se rompió la placenta, comúnmente llamada bolsa, donde la pequeña cálidamente descansaba. So lo semanas antes, su madre, Zully, se había hecho los estudios de rutina que confirmaban el buen estado del feto. Hasta ahora no hay explicación de por qué aquella cuna húmeda se deshizo.
De urgencias al sanatorio la joven madre se encontró con las enfermeras de guardia que le adelantaron que su caso era grave y las posibilidades de vida para la pequeña eran escasas. La temprana llegada de la niña movilizó a todo el plantel médico y a sus fa miliares, su padre, Martín Sosa - Parquet, que por compromisos laborales no estaba en Asunción, llegó de inmediato. El médico tratante de Zully, el Dr. César Manuel Sisa, la noche del hecho festejaba su cumpleaños con una cena lejos del sanatorio. Todo fue postergado por la prematura venida y el profesional, utilizando las mejores palabras, explicó a su paciente que el embarazo quizá no terminaría con un final feliz. Pero sus ganas de vivir se manifestaron desde temprano, sin que na die lo esperara a ver la luz, la niña emitió un chillido, que no fue un llanto pero sí una señal de sobrevivencia.
La hoy fuerte joven nació con me nos de 1 kilo, y en un momento de alto riesgo llegó a pesar solo 400 gramos. Apenas nació la llevaron a terapia intensiva y sus familiares solo la veían a través de unos cuantos vidrios. En todo momento, los médicos quisieron preservar la salud de la recién nacida que quedó totalmente aislada.
Debido a la pérdida de peso de la beba los neonatólogos recomendaron alimentarla con la leche de su madre, aunque esta fuera difícil de conseguirla. La mujer mediante un aparatito succionador buscaba al menos unas gotitas de leche que debía llevar corriendo al sanatorio. La mayor parte de la alimentación de la prematura fue parenteral, directamente a la sangre. Debido a su inmadurez no absorbía los alimentos.
Todos los días los padres de Dulce iban al sanatorio a saber de ella. En muchas ocasiones las enfermeras le despedían diciéndoles: “No sabemos si pasará la noche”. Como no podían permanecer todo el tiempo ahí, ambos continuaban sus actividades laborales el resto del día, ya que el tratamiento era sumamente costoso. Llegó un momento en que quisieron trasladarla a un hospital público, pero los especialistas aclararon que sería bajo responsabilidad de los padres porque el estado de salud era delicado. Como caído del cielo, un desconocido que por referencias llegó hasta la escribanía de Zully requería de unas firmas. Se trataba de un trabajo importante. Sin vacilar, aquel hombre pagó los honorarios. Eso ayudó para seguir con el tratamiento.
A un mes de nacida, los doctores llamaron a los padres. Médicamente hablando ya no había nada que hacer, ella no reaccionaba. Invitaron a los padres a ver a la nena. Recuerda hoy Zully que aquellas palabras sonaban a despedida sin que eso haya sido lo expresado. Había muy pocas esperanzas.
El poder del amor
Zully se rehusó a ingresar con guantes porque quería tocar a su hija. Le habló con palabras cariñosas a quien se debatía entre la vida y muerte. La palpó por cuanto lugar pudo y por donde las tantas agujitas, vendas y cables le permitían. Ese fue el primer contacto de la madre con su hija, y también el soplo de vida. Prácticamente al instante los aparatos que la monitoreaban registra ron el ritmo de su corazón. Y un ruidito comenzó a escucharse en la sala. Una verdadera música para los oídos de quienes la esperaron con tantas ansias. La enfermera que andaba cerca vino corriendo a preguntar qué cable o aparato se había tocado. Los neonatólogos, sorprendidos por la reacción, reconocieron que ayudaron las voces conocidas, el contacto con gente que la amaba y deseaba con toda intensidad que ella esté viva.
Lección de vida
“Hoy, 15 años después, al verla tan linda y sobre todo tan sana, es para mí y para quien yo pueda trasmitir una lección de vida. Porque la otra compañerita de terapia quedó lastimosamente ciega y había nacido a los 8 meses de gestación, dijo emocionada la mamá. Agregó que nadie puede elegir ni remotamente lo que Dios tiene elegido para nosotros y que muchas veces la juventud viene con soberbia y se cree que se puede elegir y planificar todo. Otra enseñanza fue el nivel de fe en Dios que uno puede llegar a alcanzar y que pasa por diferentes etapas.
Años después, Zully se practicó numerosos estudios buscando res puesta a lo que había ocurrido con su segunda hija. No hubo caída, ni golpe que precipitara la venida.
Una vez fuera de peligro, empezó otra etapa en sus vidas. Según advertencias médicas, podrían aparecer retardos en la psicomotricidad, en el habla, quizás miopía. De vuelta, un tiempo de preocupaciones y un peregrinar por los más variados especialistas. Felizmente Dulce Jannyna creció sana y a los 1 años ya caminó, no con la seguridad de otros niños, pero lo hacía muy bien.
Con el tiempo, cuando empezó a preguntar más y más sobre su temprana llegada, se creó en ella la conciencia de la voluntad de Dios.
Ahora su mamá la define como un cascabel. Es una adolescente bastante entusiasta. Una característica de ella es que no acostumbra a estar seria ni triste. “Siempre tiene una sonrisa en el rostro. Tiene el soplo de Dios en su vida”, expresó la mujer.
Dulce Jannyna cumplió ayer 15 años y compartió con sus seres queridos una misa de acción de gracias en la iglesia María Auxiliadora. Está en el noveno grado del colegio San Patricio, y practica tenis.
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