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POLICIA LO PRESENTO COMO RESPONSABLE DEL ATENTADO A SOMOZA, EN 1980

Mella Latorre exige justicia al Estado por las torturas durante la dictadura

Alejandro Rafael Mella Latorre, periodista chileno a quien la policía de la dictadura de Alfredo Stroessner lo vinculó con el asesinato del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, el 18 de setiembre de 1980 en Asunción, soportó las más crueles torturas en manos de la policía que lo presentó como cómplice del hecho. “El problema era presentar un culpable a fin de que el sistema represivo pudiera justificar su inoperancia”, comentó en su largo relato de lo que padeció en Paraguay. Su esposa, estando en cautiverio, abortó el bebé que esperaba.


Alejandro Rafael Mella Latorre, en visita a la redacción de este diario. Reclama justicia y reparación por daños sufridos.

Mella Latorre vino al Paraguay entre el 13 y 14 de setiembre de 1980, invitado por el Dr. Oscar Paciello, entonces director del diario La Tribuna, medio al que se vinculó desde que llegó al país. Anteriormente trabajaba en Nicaragua, razón por la que se le adjudicó hacer el trabajo de seguimiento del asesinato de Somoza.

En esa tarea se entrevistó varias veces con los policías Alberto Cantero y Pastor Coronel, temibles hombres de la dictadura. En una ocasión le dicen, “lisa y llanamente que yo les voy a solucionar el problema que tienen ellos”. El problema era presentar un culpable a fin de que el sistema represivo pudiera justificar su inoperancia.

A partir de ahí vinieron tiempos muy duros para Mella Latorre. Torturas diarias. “Todas las que se puedan imaginar, las que tenían en el catálogo, algunas importadas también. Finalmente la tortura a mi mujer. El aborto y el condicionamiento que me pone Pastor Coronel para que ella sea atendida. Estaba con una hemorragia. La condición era que debía firmar lo que ellos querían que firme o simplemente la dejan morir sin atención médica”.

Qué decía el papel que querían que firme, le preguntamos. Explicó que se trataba de algunos croquis del lugar del atentado a Somoza y un relatorio de los hechos que fue obligado a hacer. Para eso fue llevado, por la noche, al lugar del atentado, para que describiera que desde un lugar, él (Mella) tomó fotos del atentado. También le exigieron que dé nombres. Para ello la policía recurrió a su agenda, donde tenía nombres de políticos, deportistas y amigos, que aparecen en la “famosa declaración supuestamente voluntaria que obtuvieron en Investigaciones”. Luego fue trasladado al Estado Mayor General de las FF.AA. a una reunión de militares, entre quienes estaban Sabino Augusto Montanaro (ministro del Interior), los militares Alberto Johansenn, Benito Rafael Guanes Serrano, Alejandro Fretes Dávalos y Julio Rivas Sánchez.

A él lo torturaban los policías Alberto Cantero, Camilo Almada Morel (Sapriza), Bazán, Beloto, Eusebio Torres, Juan Martínez, Rolando Benítez y Alvarenga. “En presencia de los militares me torturaban para que cambie mi versión, porque estos no la creían. Cuando se iban los militares los policías me trabajaban para que no cambiara la versión”.

En febrero de 1981 fue trasladado al Estado Mayor, donde le desnudan, le dejan en ropa interior y le meten en un hoyo o sótano de 75 centímetros de ancho y 80 cm de alto, con piso de tierra y una lata de leche Nido de 5 kilos, para hacer sus necesidades. Esto duró hasta octubre de 1983. Fue sacado de ahí tras la intervención del Comité Internacional de la Cruz Roja y Americas Watch’s. A partir de ahí contó con la defensa del abogado Heriberto Alegre, porque antes estaba incomunicado.

Relató que el proceso judicial fue una farsa. Primero lo presentaron como culpable de triple homicidio con alevosía, pero como no tenían elementos para probar eso, pasó a ser cómplice y se cambia la carátula. Después tampoco pudieron probarlo y pasó a ser partícipe necesario, como alguien que había prestado cierto tipo de ayuda; y, finalmente, como tampoco pudieron probar eso le acusaron de encubridor. Fue condenado a 6 años de prisión, que debía purgar el 30 de octubre del 86. Curiosamente, poco antes ocurrieron dos motines en la cárcel de Tacumbú y el 30 de octubre, cuando debía salir en liberad, el entonces fiscal, general Clotildo Jiménez, lo acusó de participar en los motines y siguió preso. Dijo que la absurda resolución del juez César Rey Martínez decía que la pena era por lo que pudiera corresponderle en caso de ser encontrado culpable. “Es decir, por las dudas. Técnica y jurídicamente hablando, sería compurgamiento”. Comentó que cuando se vino el golpe que derrocó a Stroessner, 2 y 3 de febrero del 89, él se encontraba detenido en la comisaría 5ª de Asunción. “Yo viví en la comisaría quinta uno de los giros que tienen la política y las lealtades sobre todo”. El comisario reunió a su personal y les instó a defender a muerte el gobierno de Stroessner, pero horas después informaba por radio que el personal de la comisaría 5ª estaba a disposición del general Andrés Rodríguez, quien encabezó el golpe que derrocó a Stroessner.

Unos días después recibió la visita del comisario general Agapito Cristaldo, entonces jefe de relaciones públicas de la policía. Este le trató de “señor Mella” y le recomendó concurrir a una conferencia de prensa que pidieron desde el Sindicato de Periodistas del Paraguay. Pero le advirtió que sería bueno no recordar ni mencionar temas sensibles y que diga que está feliz por su libertad. “Me dijo que era un pacto de caballeros y me estrechó la mano, y con la otra mano hice este gesto (dedo del medio erguido y los demás doblados)”, dijo. Se hizo la conferencia y Mella comentó ahí todo lo que le había recomendado Agapito Cristaldo, quien estaba presente ahí.

Antes de salir en libertad fue convocado por el entonces jefe de policía, Gral. Francisco Sánchez González, y luego salió por el portón trasero de la jefatura, conducido como chofer por un comisario. El vehículo era un Mercedes Benz que tenía una etiqueta adherida con la siguiente descripción: “Automóvil requisado al sujeto Mario Abdo Benítez”.

¿QUÉ PASÓ DE SU ESPOSA?

Respecto a su esposa, de nacionalidad chilena, Mella comentó que ella retornó a Chile en 1982. Recordó que mantuvo con ella una conversación telefónica desde la guardia de seguridad, bien vigilado. “Fue una de las dos ocasiones en que me sacan del hoyo donde estaba. Me comunica que habían llegado dos oficiales a llevarla de regreso. Después de eso ya no volví a tener contacto con ella. Su familia se negó a entrar en contacto con organismos internacionales. Bueno, nunca hubo un reencuentro”, señaló.

Recordó que tras recobrar su libertad asistió a un partido de fútbol en el estadio. En ese lugar fue invitado por Humberto Domínguez Dibb (HDD) a sumarse al plantel de periodistas del diario Hoy. Luego de algunas publicaciones hechas fue convocado por la policía y expulsado del país. Retornó hace algunas semanas para reclamar justicia y reparación por los daños sufridos.

epaciello@abc.com.py


Eliseo Paciello

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18/08/2007 00:00:00