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PERSPECTIVAS

Religiones peligrosas

Vivimos dentro de un círculo vicioso que muchas veces nos crean situaciones complicadas; hasta debemos cuestionarnos qué hacer con nuestras vidas o con la vida de nuestros hijos.


Creemos en algo, pero ¿hasta qué punto debemos creer?; ¿por qué creemos? O ¿cómo nos afecta el hecho de seguir una creencia popular religiosa que se impone dentro de la sociedad, desde hace miles de años, y que al mismo tiempo nos bloquea? Y al final de cuentas ¿no sabemos si realmente vale la pena? A lo largo de la historia se registraron guerras, violencias, adulterios, matrimonios sin amor, sacrificios de niños o personas y muchas de estas tragedias se han hecho en nombre de un Dios, del que tampoco tenemos más evidencias que la fe.

La campaña impulsada por la “Articulación Feminista Marcosur”, que se realiza a nivel mundial contra el fundamentalismo, “lo fundamental es la gente quiere amplificar las voces que se oponen con firmeza a las prácticas, discursos y representaciones sociales discriminatorias, sometiendo a las personas a situaciones de opresión o vulnerabilidad”. Estas mujeres afirman que el fundamentalismo siempre es político y prospera en sociedades que niegan a la humanidad en su diversidad y legitiman mecanismos violentos de sujeción de un grupo sobre otro, de una persona sobre otra. Las religiones, sectas o evangelios crean un cierto fundamentalismo al imponer reglas o condiciones de vida, haciendo creer a sus fieles cuál es el camino correcto. ¿Acaso no hay fundamentalismo cuando las iglesias predican el no uso de los anticonceptivos, donan un 10% de sus bienes económicos, o no realizan transfusiones de sangre por más grave que una paciente se encuentre?

Semanas atrás, escuchábamos en las noticias el caso de la niña María José, de 14 años, a quien sus padres impedían que los médicos le practicaran una transfusión de sangre por motivos religiosos.

Una religión se torna hasta peligrosa. Te enreda en creencias o fomenta ideologías, donde hay que dividir por un lado el amor a los hijos, y por otro lado ese amor a Dios. ¿Qué es más importante?

Me gustaría mencionar el Cuarto Mandamiento, que el filósofo español Fernando Savater analiza y cuestiona: “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Savater dice que toda persona bien nacida tiende a amar a sus padres de forma casi espontánea. De la misma manera que los padres aman a sus hijos. Honrar a los padres es una buena idea, pero puede dar lugar a malos entendidos. Muchas veces, esos padres creen que honrarlos significa que hay que obedecerlos en forma ciega, y cumplir con todos sus caprichos. A veces llegan a exigir a sus hijos que lleven la vida que ellos hubieran querido tener y no pudieron.

Me pregunto: ¿A Dios se le habrá olvidado crear un mandamiento en el cual los hijos también tienen derechos a ser honrados, respetados y queridos, a pesar de todo?

Como dice la canción de Ricardo Arjona, “Jesús: en este mundo hay más religiones que niños felices”.


Cinthia López

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14/10/2007 00:00:00