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Seducción en cuero

Después de ser mamá a tiempo completo, Rossana Varela de Aquino se volvió empresaria. Su idea de trabajar el cuero surgió hace 5 años, cuando decidió lanzarse al mercado con un stock de carteras, pero su creatividad cambió el rumbo y terminó desembocando en una línea exclusiva para el hogar y la empresa. Con orgullo, la empresaria nos presenta una marca totalmente hecha en Paraguay.


El mundo de cuero creado por Rossana Varela de Aquino se llama Mía, y es una marca paraguaya de cosas nuestras: utilidades en cuero y símil-cuero (ecológico). Mía abarca, además de la línea para el hogar, una variedad de elegantes regalos que pone de fiesta al entorno empresarial. Todo útil, eterno y esmeradamente terminado. En su local –aromatizado por la materia prima– encontramos desde pequeños obsequios como billeteras o termos forrados, pasando por bandejas, portaservilletas, portavinos e individuales, hasta cajas decorativas para juguetes infantiles y, la especialización de la casa: los ordenadores. También pufs y soberbios escritorios forrados.

–¿Por qué te decidiste por el negocio del cuero?

–Fue gracioso; en realidad, hacíamos carteras. Habíamos comprado un montón de cueros color fucsia. Mi hermana Carolina, quien se encarga de la producción, me dijo: “¿Qué vamos a hacer con todo lo que sobró?” Pensé unos minutos y le contesté: “Termos, forremos termos”. Nos reímos, estábamos en el auto. Fue una idea repentina la que nos abrió infinitamente el panorama.

–Pero termos hay muchísimos en el mercado...

–Seguro, ahora todo el mundo los hace. Pero aquellos fucsia fueron los primeros, se vendieron como pan caliente. Alquilamos el patio de este negocio e hicimos una feria para las mamás que venían a traer a sus hijos al colegio de enfrente. Ya sabés cómo somos las mujeres, las clientas compraron todo y pidieron más.

–¿Y qué sucedió con las carteras?

–Las hacemos todavía, pero a pedido. Nos extendimos a regalos empresariales y del hogar. Nos va superbién. Estamos felices. No hacemos publicidad, todo va de boca en boca.

–¿Con qué capital empezaron?

–Con un pequeño crédito de una cooperativa.

–¿Cuántos artesanos tienen?

–Aquí atrás tenemos el taller con tres artesanos todo el año; en épocas de más pedidos, ellos mismos traen personal.

–La terminación de tus productos es notable.

–Controlamos estrictamente cada pieza y rechazamos lo que no está bien.

–Tu negocio del cuero crece en tiempos de vacas flacas. ¿Dónde está el secreto?

–En lo económico, no tocar lo que se gana, solo invertir. En lo creativo, siempre ser el número uno en el diseño. En lo humano, entender la realidad del obrero paraguayo; si no comprendés sus problemas familiares y no los ayudás, te quedás sin mano de obra y sin producción.

–¿Perdurará Mía apostando a lo nacional en un mercado generoso ante la importación?

–Sí, porque lo nuestro tiene calidad internacional. Nosotras viajamos, nos actualizamos todo el tiempo. Eso nos hizo ganar una agenda importante de restaurantes, empresas y oficinas.

–¿Qué hay para simples compradores?

–Puertas abiertas para todos. Desde 10.000 guaraníes hasta lo que pueda costar una fina bandeja de cuero, un mueble forrado...

–¿Qué te costó más aprender del mundo comercial?

–Yo quería hacer cosas únicas e irrepetibles. Una vez me enfurecí porque una señora me copió un diseño. Hoy miro hacia atrás y digo ¡qué tonta era, cuánto me faltaba aprender! Lo que vale es la capacidad de respuesta y de adaptación. Ya nadie es dueño absoluto de las ideas.

Tiempo de crear

“Me casé con César Aquino en el año ’90. Un año después nació nuestro primer hijo. Nunca había hecho otra cosa que ser mamá. Al principio tenía sentimientos contradictorios, porque veía que empezaba una nueva época en el país y todas las mujeres salían a la calle, mientras yo me recluía a dar de mamar a mi bebé. Sin embargo, yo quería que fuera así. No me arrepiento, elegí estar mucho tiempo con mis hijos. Hace 5 años descubrí algo creativo y rentable. Y la relación con mis 4 hijos es maravillosa”.

–Antes de Mía, dependías exclusivamente de tu marido, ¿eso te incomodaba?

–No. Nunca me molestó depender de él, es más, me encanta hacerlo. Hoy demuestro que también soy capaz de crear y mantener algo sola. Me casé muy joven; César tenía 7 años más que yo y tenía más experiencia en la vida. Me enseñó muchas cosas. Siempre nos complementamos, los dos somos muy emprendedores.

–¿Pueden otras mujeres, sin tu relax económico, hacer andar un negocio?

–Todas pueden si quieren. Es cierto que ni mi hermana ni yo comemos de este negocio; pero también digamos que le pusimos mucho empeño, optimismo y trabajo. Nada nos cayó del cielo, hicimos todo a pulmón.


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Ultima actualizacion:
21/10/2007 01:00:00