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Empresas con toque femenino

De jovencita, Marithé Toñáñez de Pérez Ramírez soñaba con ser profesora de lengua inglesa y especializarse en turismo, pero su matrimonio con un empresario la trasladó a una vida de negocios. Hoy, además de ser una mamá feliz, es la mano derecha de su esposo. No le gusta que la llamen empresaria y sí una trabajadora.


Muy elegante, Marithé de Pérez Ramírez nos esperó en una de sus oficinas. Como parte de sus actividades empresariales dirige la fina galería “Vía Bella”, que acaba de cumplir su primer año, y que fue festejado como a la dueña le gusta: con música y arte. Marithé está casada hace 23 años con Mareirian Pérez Ramírez. Tienen 3 hijos, Alejandra (21) Eduardo (20) y Jorge (17). Espontánea, nos cuenta: “Al casarme sabía que mi vida iba a cambiar, porque toda la familia de mi esposo siempre se dedicó a las empresas.

Es más, él no hubiera aceptado una mujer que no trabajara. Por suerte, yo lo hice desde muy joven, a los 19 años entré como secretaria en una empresa de turismo; estuve 7 años hasta que me casé y pasé a ser mamá, esposa y compañera laboral.

Entre las inversiones de los Pérez Ramírez está la fina galería Vía Bella. Marithé cuenta: “Cuando compramos el terreno, ahí nos enteramos de que existía un proyecto comercial. Fue todo muy rápido. A mi esposo le fascina construir; firmó un jueves y el sábado arrancó la obra, con algunas modificaciones. El resultado es el que se ve: mucha luz, amplitud y elegancia”.

–¿Por qué apuntaste a las empresas de servicios y no a locales de venta masiva?

–En este trecho (Gral. Genes entre San Martín y Santísima Trinidad) faltan servicios durante el día. Los locales comerciales crean un ambiente diferente al que yo quiero lograr. Mirá el hall de nuestra galería, es un espacio ideal para hacer vida cultural, exposiciones, lanzamientos de libros.

Creo que con el arte y la cultura hay una deuda, sobre todo con muchos artistas amateurs del interior del país, a quienes no se les da lugar; tengo muchas ideas, incluso crear becas de ayuda para ellos.

–¿Qué servicios ofrece ahora Vía Bella?

–Confitería, pub, restaurante, salón de belleza... De día todo es muy tranquilo, ideal para encuentros de negocios; de noche todo cambia por el movimiento del gimnasio. Hay muchas empresas interesadas en alquilar aquí, pero soy selectiva; quiero mantener no diría el lujo, sino la delicadeza y armonía.

–¿Qué rubro te faltaría?

–Un restaurante que abra a mediodía. La gente lo pide.

–¿Cuál es la deuda empresarial en Paraguay?

–Abrir industrias, pero ¿quién va a venir a invertir? La corrupción es un cáncer. Nosotros cerramos 3 industrias, porque en vez de ayuda, acá te hunden. Los primeros que tienen que cambiar son los gobernantes; ellos deben hacer que esto funcione.

–¿Y los empresarios no reaccionan?

–Hubo una época en que los de la UIP salíamos a protestar con camiones ¿Te acordás? Lo que pasa es que a veces tampoco hay solidaridad. Si estás bien y ayudás, te marcan; entonces es mejor quedarte en el molde y seguir trabajando. A lo mejor nuestra juventud cambia las cosas.

–Seguro que te aterra la inseguridad. ¿Te robaron alguna vez?

–Sí, fue una sensación horrible. Entró un ladrón en mi casa cuando no había nadie, arrancó la alarma (igual sonó). Nos avisaron y llegamos junto con la Policía. Había 3 patrulleras, 20 policías y el tipo se escapa con todas –pero todas– mis joyas por el techo. No recuperé nada. Todavía no me olvido lo que sentí al ver todo mi vestidor revuelto, mis cosas íntimas, recuerdos familiares...

–¿Qué valores familiares nadie te puede robar?

–La perseverancia y la disciplina que me dejó mi padre. Y como mi mamá, soy el pilar de la familia. De los dos, el trabajo honesto. En mi familia vivíamos del sueldo de papá, que era militar de ley, jamás tocó un centavo de nadie. Yo no dejé de ser como ellos me enseñaron y lo transmito a mis hijos en una época difícil, de presión y condicionamiento social.

–¿Confesás tu peor defecto?

–Ser adicta al celular. Llamo mucho a mis hijos; “pará, mamá, vos ya exagerás”, me dicen.

–¿Renunciaste a algún deseo personal por tu matrimonio?

–No pude terminar la licenciatura en lengua inglesa, porque vinieron los hijos. Después, viajaba mucho con mi esposo por sus responsabilidades empresariales. Por suerte, tuve personas excelentes que me ayudaron en la casa y con mis hijos, pero no hay lamentos, estoy muy feliz.

–¿Trabajar al lado del marido no mata un poco el gusto de estar juntos después?

–(Se ríe) Somos muy compañeros, pero hacemos cosas diferentes y no estamos en el mismo lugar durante el día.

Aunque él siempre me dice: “Yo con vos estaría las 24 horas”.


Lourdes Peralta

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11/11/2007 00:00:00