Descendientes del Arq. Miguel Angel Alfaro, quien elaboró el proyecto original de la Basílica de Caacupé, memoran con nostalgia aquella propuesta “ciclópea” que fue modificada. Su nieto, el Arq. Eduardo Alfaro, recuerda algunas ideas que inspiraron la majestuosa obra que no pudo ser.

Una fachada lateral del proyecto, tal como fue concebido originalmente. Toda la nave frontal y las torres que la presiden fueron suprimidas.
Hacia 1939 el entonces arzobispo de Asunción, monseñor Juan Sinforiano Bogarín, junto con el monseñor Aníbal Mena Porta, encomendaron al Arq. Miguel Angel Alfaro para elaborar el proyecto de la Basílica Santuario de la Virgen de Caacupé que fue aprobado ese mismo año.
La obra comenzó hacia 1941, y para el cimiento, Alfaro hizo traer piedras del cerro Cristo Rey en carretas. “El mismo elegía las piedras que se iban a ir colocando, mientras los fieles traían en donación ladrillos, sobre sus cabezas”, recuerda.
“Mi abuelo era un católico muy creyente recibido en la Universidad de Roma como arquitecto e ingeniero civil. Tal es así que hizo un proyecto artístico con un aire renacentista. Se inspiró en la cuna del arte, en las obras renacentistas de los grandes arquitectos de Italia”, comenta con nostalgia su nieto el Arq. Eduardo Alfaro.

Fachada original elaborada por el Arq. Miguel Angel Alfaro para la Basílica de Caacupé.
La obra se inscribió en el Registro de la Propiedad Intelectual y desde ese momento el Arq. Miguel Angel Alfaro se convirtió en un entusiasta, un fanático de su construcción.
Pero cuando ya estaba en plena marcha, la Iglesia Católica decidió introducir muchos cambios. “Le pidieron a mi abuelo que cambiara su proyecto para hacerlo más pequeño y terminar en ese momento. El remanente de ladrillos que llevaron los fieles fueron donados al Seminario Nacional y eso, obviamente, le molestó mucho”.

La construcción en tiempos del Arq. Miguel Angel Alfaro, cuando estaba a mitad de su desarrollo.
También le pidieron que, en vez de la cúpula proyectada totalmente de ladrillo (que insumiría unos 70.000), recurriera al hormigón, que sería menos costoso. “El defendió hasta el último su proyecto y se molestaba contra quienes calificaban como una obra demasiado grande. Decía que la cúpula tenía que ser toda de ladrillo porque debe ser una obra pura en su construcción, como la Virgen. Esta Basílica no acepta agregados, no debe ser una obra híbrida, sino bien pura”.

Monseñor Demetrio Aquino muestra uno de los paquetes de ladrillos donados por la feligresía para la construcción de la casa de la Virgen.
Eduardo Alfaro recuerda también que su abuelo decía siempre: “Si dicen que la obra es muy grande, vamos a ponerle nomás una gran tienda de campaña a la Virgen para celebrar el 8 de diciembre y vamos a recogerla de nuevo después”.
Para Eduardo Alfaro tal vez no se supo interpretar muy bien a su abuelo. “El ideó una verdadera obra de arte. A mi abuelo le pidieron construir una basílica y una basílica representa una construcción religiosa de tamaño ciclópeo. No le pidieron una iglesia, ni una capilla. Para mí, lo que hoy tenemos no es una Basílica, sino más bien es una mezquita. Hablo, no en el sentido religioso, sino en el sentido constructivo, arquitectónico. Hoy el Paraguay no tiene ninguna Basílica, sino una gran iglesia, un gran santuario”.

El Santuario de la Virgen de Caacupé cuando se estaba montando la cúpula a cargo del Arq. Silvio Feliciángeli. Todavía estaba en pie el antiguo templo del siglo XVIII.
Alfaro afirma que su abuelo vino de Italia con la idea de construir una gran Basílica inspirada en la de San Pedro. “Yo justifico que se haya molestado tanto porque una obra de arte no acepta remiendos”.
“Siento mucha tristeza hoy al ver que dentro de lo malo se hizo una construcción, que personalmente a mí no me gusta. Tampoco se pidió permiso a los herederos de mi abuelo, que son mi padre y dos tíos”.

Arq. Eduardo Alfaro, nieto del proyectista Miguel Angel Alfaro.
El nieto del gran proyectista reconoce que la idea de reducir el proyecto de su abuelo se originó en el Concilio Vaticano II cuando se dio una directriz de reducir las construcciones religiosas, de hacer obras más sencillas, lo cual monseñor Ismael Rolón tomó como un norte. “Aún así creo que se podría haber seguido el proyecto original porque la Basílica ya estaba en marcha. O tal vez el pueblo podría haber decidido si se le preguntaba qué quiere para la Virgen”.
El Arq. Miguel Angel Alfaro falleció el 23 de octubre de 1968, sin aceptar que su monumental obra haya sido modificada.

Poco después de la muerte de su abuelo, Alfaro fue a ver la obra.
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