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Herederas de la danza

Las hermanas Viviana y Ana Mallorquín Avila eligieron el camino de la docencia y trabajan sin descanso por la danza nacional. Cierran el año con un festival que muestra la labor cumplida y abre paso a los sueños.


Las profesoras superiores de danza Viviana (26) y Ana (20) Mallorquín bailan desde los 2 años. Quien las adentró en el mundo del movimiento y la docencia fue su madre, María del Carmen Avila, directora del conservatorio de danzas “Ana Cristina”. La academia cerrará el año con “La creación de un sueño mágico”, este martes 11 de diciembre, en el Teatro Municipal. “Usamos el tema de la magia porque trabajamos con muchas niñas y no quisimos tocar la crueldad (la realidad), sino la fantasía. Los niños tienen derecho a expresar su propio mundo”, cuenta Ana. El espectáculo fantasea en una juguetería, ahí el mago Nizugan le da vida a una muñeca que saca de una caja de cristal. La obra va pasando por distintos estilos y edades; primero, las nenas de 2 a 7 años y después las adolescentes. Viviana se encarga del grupo de español, danza clásica y paraguaya, y Ana de las chicas de árabe y jazz.

–¿Terminan contentas el año?

V: –Contentas de haber dado todo de nuestra parte, de habernos cansado. Así es la danza cuando es un trabajo y no un pasatiempo.

–¿Eligieron libremente este trabajo?

A: –Sí, para mí la danza fue muy natural.

V: –Yo dejé por dos años, pero siempre estaba detrás de mamá cuando había festivales. Después retomé, era mi vocación.

–¿Qué certifican los premios para ustedes?

V: –Es un estímulo enorme saber que alguien reconoce el esfuerzo, y es triste que en Paraguay los premios no se valoricen profesionalmente.

–Estuvieron hace poco en Buenos Aires...

A: –Sí, porque mamá recibió el Premio a la Trayectoria 2007 de Vitars-Fomento Cultural, en el marco del II Forum Mundial de Danza en Argentina (Confederación Interamericana de Danza).

V: –El premio es un mérito de mamá y estamos superorgullosas.

Ma. del Carmen (mamá): –No, los premios son de todas. Somos una cooperativa familiar. Sin esa fuerza conjunta, no tendríamos el empuje diario para estar donde estamos. Hasta mi marido está involucrado; es mi chofer oficial: “Ahora que me jubilé, trabajo más”, se queja, pero le encanta ayudarnos.

Tiempo de cambio

Ana invita para este verano a introducirse en la sensualidad árabe con el “belly dance”, o danza de la pancita, liberadora física y mental de las insanas imposiciones de la belleza femenina. La profesora tiene una novísima especialización hecha en Buenos Aires con el profesor Amir Thaleb. Ana también trabaja con chicos con capacidades diferentes; concluyeron el año con un festival en el Club Centenario. “Los chicos con capacidades diferentes son responsables, nunca faltan y son solidarios. Trabajar con ellos es un placer y un desafío pedagógico”, relata la maestra.

Por su parte, Viviana enseña danza clásica, paraguaya y española. “Algunas alumnas vienen porque las obligan; otras llevan la pasión en la sangre. Tengo una alumnita que baila todo, incluso saca los pasos de jazz de las chicas más grandes. Es talentosa y obediente, puntual y completa”.

–¿Y cómo es el resto?

V: –Depende de la motivación; suele faltar disciplina y perseverancia. Yo soy muy exigente: si alguien puede bailar perfecto, no dejo que lo haga a medias.

–¿Económicamente, piensan igual que su mamá?

V: –Mamá es muy bohemia, se pasó la vida dando becas, y la experiencia demuestra que los becados son los que menos cumplen. Hay que dar, pero no regalar. Hay que cobrar lo que uno vale e invierte.

–¿Viste, Carmen? Esta generación piensa distinto.

–Espero que ellas sepan vivir mucho mejor que yo, pero que conserven la honestidad que su papá y yo siempre tuvimos. Ojalá no tengan que sufrir injusticias. Que ningún director del Teatro Municipal les diga lo que me dijeron a mí: “No más academias de danza ni teatro popular; el Municipal no es para cualquiera”. Imaginate. Yo renuncié a un montón de cosas para no ser cualquiera.

–¿Creen que una docente podrá encauzar el país?

A: –Yo ya voto, pero todavía no decidí.

V: –Mallorquín es un apellido bien colorado, pero si la candidata es Blanca, yo voto en blanco.

MC: –Una vez, en un espectáculo, Stroessner me dijo: “Vos sos Cerro Porteño”. “¡No, Presidente, yo soy Olimpia!”, le contesté. Y él repitió: “No, sos Cerro porque sos liberal y tu marido, colorado”. Stroessner conocía exactamente la línea de cada persona. Hoy tenemos libertad para elegir. Quiero creer que no voy a morirme sin ver un cambio. Mientras tanto, seguiremos con el arte, que es la mejor política para seguir soñando por un tiempo mejor.


Lourdes Peralta

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09/12/2007 00:00:00