La sañuda persecución del régimen stronista obligó al comandante Ortega a deambular en busca de trabajo. La inseguridad que lo acosaba en cada esquina, por la presencia de incontables “cancerberos”, lo perjudicó enormemente en todas las faenas emprendidas. Por ello, durante la mayor parte de su exilio estuvo “prisionero” en verdaderas “changas” de supervivencia tanto para él como para su familia, hasta que un día lo cazaron en un “accidente automovilístico” de película, que permitió encarpetarlo como un “caso cerrado”. Así de simple. Con esta síntesis de la brutalmente intensa historia de una de las víctimas con mayor resonancia de la dictadura stronista, cerramos esta serie de “Testimonios…”.

Documento gráfico, Mario Benito Ortega junto a Emilio Díaz de Vivar.
La compañera de vida y de causa del comandante Ortega, Doña Maruja, también es consecuencia del exilio y la persecución de su familia. Su padre Ernesto Di Cianni y María Amparo de la Fuente debieron exiliarse con la caída del general Juan Domingo Perón. Su única hermana, Beatriz Yolanda, de 33 años, y su marido Enrique Courau desaparecieron en 1976, víctimas de la represión de la dictadura militar. De uno y otro lado, les correspondió vivir una dura realidad familiar, “no deseable ni para el peor enemigo”, afirmó. Y como fruto de su vivencia, indicó: “tomo el compromiso de dar a conocer públicamente mi “testimonio de vida” para que las nuevas generaciones sepan lo que aconteció en una parte histórica de “nuestros países” y, de ser posible, que “nunca más” se vuelva a repetir en ningún país del mundo, así concluyó nuestra entrevistada.
DATOS PERSONALES Y FAMILIARES
El teniente coronel de caballería Mario Benito Ortega nació el día 24 de mayo de 1916. Era el último vástago de siete hermanos (5 mujeres y 2 varones) en este orden: José Luis, Julia, Rosa, Lucila, Elvira, María Elodia y Mario Benito. Sus padres fueron el capitán de Caballería José Luis Ortega y Ezequiela Abente Haedo. Antes de su matrimonio con Doña Maruja, tuvo un hijo llamado Mario Jesús Ortega González, nacido en Asunción el 10-I-56.
Se casó en el exilio de Punta Porã en 1957 con la argentina Maruja Di Cianni de la Fuente (3-VII-1940). Tuvieron cinco hijos: Pompeyo Mario Augusto (16-II-1959/ 1º-XII-1997), José Luis Ezequiel (10-IV-1960), Elvira María Jeruti (11-XII-1962), Rita María Yvoty (3-II-1966) y Angélica María Jasy (24-XII-1977).
En consonancia con sus ideales, el teniente coronel envió a sus dos hijos al Paraguay a cumplir con el Servicio Militar Obligatorio (CIMEFOR) en 1975 y 1976 respectivamente, a pesar de ser consciente de las represalias que los mismos sufrirían. A su hijo mayor, Pompeyo, habiéndose destacado con notas sobresalientes, se le privó del ascenso a subteniente, siendo marginado y denigrado. A su hijo menor, José Luis le dieron de baja, previo castigo inmisericorde, donde le quedó perjudicada la visión.
BREVE SÍNTESIS DE SU TRAYECTORIA MILITAR
En 1932, a los 16 años, se incorpora al Ejército paraguayo para la defensa nacional en la Guerra del Chaco. Como combatiente del mismo fue condecorado con la “Cruz del Defensor”. Su consideración entre los reservistas lo lleva a transformarse en un oficial de fuste y referencial dentro del ejército, sobre todo por su inquietud, iniciativa y talento. Al igual que su padre, abrazó el arma de Caballería participando activamente de la Revolución del ‘47 en defensa de las fuerzas gubernamentales y del Partido Colorado, donde logró destacarse y obtener sus ascensos meteóricos. Fue designado comandante del famoso “Batallón 40”. Participó como enlace de los prolegómenos del 26-II-49 para el “retorno triunfal” (desde el exilio al Paraguay) del coronel Alfredo Stroessner durante el golpe militar al presidente de facto Gral. Raimundo Rolón. Posteriormente participó en el encumbramiento del mismo Stroessner a la primera magistratura de la nación en el famoso golpe de estado militar llevado a cabo el 4-V-54, donde cumplió un destacadísimo papel por su decidida acción y coraje. En ese periodo fue nombrado indistintamente “jefe de Policía”. Después del autogolpe de Stroessner llevado a cabo el 21-XII-55, pasó inmediatamente a la llanura, transformándose en una de las víctimas militares más acosadas del régimen dictatorial implantado por este general.
“FUNCIONES” DE CONSULADOS Y EMBAJADAS
Ser nombrado por la dictadura de Alfredo Stroessner como cónsul o embajador en el extranjero en representación del Paraguay, implicaba directamente cumplir la nefasta función de PYRAGUE (espía, soplón, delator). Antes de asumir sus funciones, Stroessner arengaba a “sus diplomáticos” sobre las tareas a desempeñar. Primero debía informar al superior gobierno sobre “ciertas novedades”, arrimar los comentarios y, sobre todo, los chismes que circulaban en el ambiente, especialmente dónde vivían y qué hacían los “erradicados paraguayos”. Relegado a todo esto, quedaba su cometido para el cual fueron nombrados. Las recomendaciones eran a veces subliminales, subjetivas, y otras veces, adjetivas y hasta sustantivas, pero siempre bien concisas y concluyentes. Solo asentía cuando en las respuestas de sus servidores resonaban el eco vago de los tacones, acompasados con una cristalina y enérgica voz “a su orden mi general”.
LEVANTANDO INFORMES PARA PROCESARLOS
La montaña de documentos del “Archivo del Terror” desnuda la “operatividad” de la casta diplomática, protagonista principal y brazo estratégico de la persecución y la desaparición por el “Operativo Cóndor” de compatriotas que no consentían la instalación en el Paraguay de un poder omnímodo y absolutista. Stroessner se valió de la geopolítica regional e internacional para –a cambio de su entreguismo– implantar, preservar y proyectar un sistema personalísimo o autocrático. La “diplomacia” cumplió un rol vital en tal menester, siendo el eje en un aparato represivo de “alto voltaje” (como la SS y la Gestapo) concatenado con los países de la comarca para consolidar las dictaduras en Latinoamérica sin peligro ni amenaza.
Las fronteras políticas y accidentes geográficos eran simples “trazos de papel” rebasados por los “soplidos” de los “acuerdos estructurales” y ciertos “criterios políticos” que fueron implementados para abatir a todo aquel que osara oponerse.
LAS BINACIONALES QUE ENGRILLAN AL PARAGUAY
Las represas hidroeléctricas del río Paraná, que solo han servido para encadenar aún más al Paraguay y enriquecer a los personeros legionaristas y stronistas, son el resultado de esa granítica planificación que incluía el sometimiento, la persecución, el espionaje y la desaparición en pos de la consolidación del poder total.
Los títeres y sus enjambres se regocijaron ante unas míseras dádivas, participando así de la más baja traición para cercenar a la Patria y ridiculizar al pueblo en general, despojándosele de toda potestad.
En otros tiempos más altruistas y de enjundiosas acciones para defender a la república, cualquier estado anacrónico similar a esta inmunda realidad se cortaba de raíz con una drástica determinación nacional; es decir, a través de la vigencia de un “tribunal de guerra” o de la “magistratura popular” y por medio de un pelotón de fusilamiento, “práctica guerrera” muy efectiva a la hora de restaurar las esencias ancestrales y doctrinales del bien común. Hoy “en la paz” estamos inmersos en “una guerra” fratricida en que “el mal” esgrime dicha práctica para reafirmar su hegemonía basada en la discriminación, la corrupción, la traición y la degradación nacional. Ante dicha realidad, ¿cuál es el camino que nos queda por transitar a los paraguayos para recuperar nuestra autenticidad y soberanía nacional?
Prueba contundente obrante en el “Archivo del Terror”, donde se demuestra claramente cómo operaba la “arquitectura stronista”. Con su servicio de inteligencia que intentaba disfrazar con todos los medios a su alcance, el autogolpe de Alfredo Stroessner finalmente no culminó el 21-XII-55, porque algunos años después siguió martirizando a sus ex camaradas que lo llevaron al poder y a quienes defenestró para perpetuarse en el mismo con la cooperación brasileña y norteamericana. Como se puede ver en el documento, todos quedaron registrados bajo las aborrecidas etiquetas de “comunistas”, “conspiradores”, “agitadores”, “atracadores” y “subversivos”, amedrentando al país en general y manteniéndolo en vilo a causa de estas “historias elucubradas” en los “laboratorios de las alucinaciones” pertenecientes al tenebroso “Departamento de Investigaciones” de la Policía represiva del stronismo, donde mucho tiempo estuvo Pastor Coronel.
Cómo calificar este acto: odio, ensañamiento, canibalismo o simplemente malicia. Stroessner, ensoberbecido de poder, derogó todos los decretos de los distintos ascensos militares de Mario Benito Ortega. Este informe “en democracia” del Comando de las Fuerzas Militares Paraguayas sobre la foja de servicio del teniente coronel de Caballería demuestra suficientemente que dicho oficial fue conculcado en todos sus grados militares, para ser degradado a “soldado raso”. El régimen imponía sus propios juicios y valores. Los méritos, aptitudes, antecedentes y condecoraciones, de un plumazo, fueron a la basura.
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