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¿Cuánto pesa el 2007?

Cuando me encomendaron escribir esta columna, me sugirieron que lo hiciera desde una perspectiva optimista, animosa y esperanzadora. Pensé y pensé (que no es poca cosa), y la inspiración me vino luego de una sucesión de hechos cotidianos que les paso a relatar.


De brindis en brindis

En estos últimos días, en que los compromisos propios de fin de año te llevan de recepción en recepción, y al momento de reflexionar sobre el año que termina, más de una vez he escuchado decir a alguien la típica frase: “si pongo el 2007 en la balanza, puedo decir que…” (Y cita un montón hechos alegres o trágicos, según el destino que le ha tocado vivir al interlocutor de turno).

Fin de año, ¿fin del mundo?

Otros, más reflexivos, emulando a Borges desarrollan toda una teoría, la del eterno retorno pero en versión criolla: “Todos los años, a estas alturas repetimos el mismo ritual. Se nos acaba el tiempo, nos agarra una desesperación por gastar el último centavo de lo que quedó del aguinaldo (los que tuvieron suerte de cobrarlo). Los medios que transmiten sus especiales con sorteos y musicales nos crean la sicosis de la cuenta regresiva y la sensiblería del techaga’u. Como si fuera a venir el fin del mundo, corremos todos detrás de una copa, un vaso de sidra, gaseosa, clericó o caña (según la posibilidad) para brindar por el nuevo año… que sea mejor que el que se va, pero en realidad el 1 de enero todo vuelve a empezar”, había dicho un señor, muy bien parecido por cierto, en una de esas reuniones findeañescas. Dicho esto, algunos lo refutaron diciendo que tenía una visión muy pesimista.

Tortura sicológica

Concuerdo con este señor y creo que su visión no es pesimista, sino realista.

En estas fechas nos bombardean con la “Navidad sin ti”, “Faltan cinco para las doce” y toda la carga emocional que para quienes no tienen con ellos a sus seres queridos (en especial los que fueron a trabajar en España, Buenos Aires, Nueva York y otros destinos laborales), es una verdadera tortura sicológica que lleva al llanto fácil y a la sensiblería barata de la cual las radios y la televisión sacan el mayor provecho posible.

¿Qué hacemos?

Y amén de resignarnos, la mejor opción es tratar de pasar bien y pensar en quien está lejos con el mayor optimismo posible.

Pensar que gracias a la remesa que envió podemos disfrutar de una rica cena y reemplazar las lágrimas por una sonrisa para compartirla con quienes sí están a nuestro lado. Procurar que si este año no se pudo hacer todo lo proyectado, tenemos otro que viene para hacer un nuevo intento.

Si cada uno pensara y actuara así, sin dudas podría mejorar su realidad y como consecuencia también mejorar en conjunto toda la sociedad.

Mi sugerencia es ensayar un nuevo modelo para saber ser Sísifos cargando de la manera más cómoda posible con nuestras piedras, subiendo y bajando la montaña, empezado y terminando cada año con una visión realista y optimista.

Para saber el peso del año 2007 debemos ponerlo en nuestras balanzas particulares y medirlas a través de los logros alcanzados, y lo que no se pudo, procurar al siguiente, para que el 2008 nos pese menos. ¡Feliz Año Nuevo!

mescurra@abc.com.py


Marta Escurra

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30/12/2007 00:00:00