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El mito del cambio

El cambio parece ser la palabra mágica que solucionará todos nuestros problemas. Ese vocablo es sólo un recurso propagandístico de alguna agencia publicitaria contratada por políticos. Tal como están las cosas en estos polémicos días de proceso electoral, en realidad no existe fundamento alguno que nos permita pensar que se avecina algún cambio importante en el país.


Al contrario, los comicios internos de los partidos tradicionales, el lanzamiento de nuevas candidaturas como la de Fernando Lugo y de una mujer como Blanca Ovelar, la crisis de los partidos pequeños, las alianzas temporales y rupturas posteriores, las acusaciones de fraudes, etc. son escenas gastadas de una película que se repite cada cinco años.

Los estrechos márgenes de diferencias entre los candidatos del oficialismo y de los liberales constituyen anécdotas que no tienen relevancia. Una vez resuelto el enfrentamiento interno, los colorados, en amplia mayoría, se unirán de vuelta y estirarán juntos el carro para mantenerse en el poder.

En la oposición, no hay novedades de peso. La principal nucleación de la llanura presenta como candidato número uno a una figura extrapartidaria, un “outsider” de origen religioso que, ciertamente, le da un cariz diferente con relación a candidaturas anteriores, pero la fría realidad de los números no admite esperanza alguna en cuanto a superar la habitual posición número 2 en los comicios generales.

La vuelta del ex general Oviedo a la arena política tampoco trae sorpresas. El no cambió en absoluto, mantiene su mentalidad autoritaria y su populismo barato, con una franja de seguidores incondicionales. Para el oficialismo, es una pieza funcional porque sirve para mantener dividida a la oposición.

Patria Querida quizás sea hoy día el partido más coherente y sólido en cuanto a doctrina y actuación de sus representantes en la política, bajo el liderazgo indiscutido de Fadul. Sin embargo, tanto por su origen e identificación con la clase media alta y su negativa a practicar una política clientelista y prebendaria hacen que sus adherentes sean limitados y su crecimiento en las urnas sea extremadamente difícil.

Después ya quedan minipartidos y fragmentos de algunos que tuvieron notoriedad alguna vez. El febrerismo, el Encuentro Nacional, País Solidario, el Partido de los Trabajadores, el Partido Comunista, etc. son agrupaciones con muy pocos adherentes y sólo tienen algún tipo de valor testimonial y nada más.

Con este panorama, el cambio es el gran ausente. A mediano y largo plazo, carece de importancia si en las internas coloradas gana Ovelar o Castiglioni; ambos vienen del mismo equipo y hasta hace pocos meses formaban parte del gobierno y del entorno de Nicanor. Gane una o el otro, puede haber diferencias en sus estilos de gestión y en ciertos matices personales, pero en lo fundamental, seguirá rigiendo el mismo gobierno colorado de las últimas décadas.

El cambio tendrá que esperar, cinco, diez o muchos más años, quizás. Estamos en vísperas del Año Nuevo y deberíamos ser optimistas, pero tal vez sea por las experiencias de la vida y por el peso de los años que hoy estamos un tanto tristones, medio resignados, como presintiendo los tiempos difíciles que nos están dando la bienvenida detrás de las puertas del 2008.

ilde@abc.com.py


Ilde Silvero

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30/12/2007 00:00:00