Pleno enero. La llama del verano nos quema casi hasta que baja el sol, a eso de las 7 de la tarde.
Muchas imágenes pintan el cuadro veraniego; es bueno quedarnos con una de ellas.
Algunos paraguayos ya tuestan sus cueros en alguna exclusiva playa extranjera. Otros, patriotas, imaginan que la pileta familiar es la orilla del lago en un lugar exótico llamado Paraguay. Otro tanto, mucho más paraguayo, riega las plantas y moja la vereda, para después sentarse en un sillón a ver pasar gente. Y la franja más sufrida apura el tereré de yerba reciclada y se acerca a alguna placita a gozar de linda sombra.
Después del ritmo que vivimos durante el año, es saludable tomarse unos días para descansar. Tediosamente, al calor que nos desarma, se suma la inacabable novela electoral, que parece traer una malísima y acalorada “parte II”. A ello agregamos el ruido, sudor y cansancio -visual y auditivo- de la publicidad. Cualquier verano se toleraría si en la ciudad se aplicaran políticas públicas acordes a las necesidades que genera el clima. Vale la pena preguntarnos -hasta hacerla idea propia- por qué en un país tropical no existen lugares para refrescarse confiablemente. ¿Por qué los niños, retintos y flacos, no gozan de ríos y arroyos limpios, riquezas manoseadas que, además, les pertenecen? Tampoco hay piscinas públicas accesibles para cada comunidad. No hay paradas que resguarden del sol abrasador a la gente que espera el micro. No hay planes de arborización barrial. No recuerdo a ningún intendente/a que haya trabajado por asuntos tan simples, pero vitales. Aquel lugar paradisíaco de arroyos frescos, árboles frondosos, arena blanca, fauna exuberante y pajaritos alborozados es leyenda. Hoy Paraguay va camino a ser caldera.
Con tanto calor, ¿qué estarán pensando los estafadores oficiales que “descansan” en las coquetas playas de Cancún o Punta? Millonarios de un día para el otro que no reparan en gastos y se dan lujos tan ordinarios. Recuerdo ahora una revistita frívola que destacaba “las hermosas casas de paraguayos en Punta”. Mientras, aquí el pueblo sigue en su eterno letargo y sufre ciudades cada vez más calurosas y sucias. Hay gente que la hace fácil, tan solo enciende el aire acondicionado y se distrae espiando los veranos ajenos: el mar de otros, la alegría de otros, el país de otros.
En Asunción, los clubes sociales concentran a muchas familias. Mientras que los balnearios populares abren sus portones al público sencillo, al exceso de alcohol y la infaltable cuchillada.
Pero el verano paraguayo trae también dulces sandías, chicharras, frutos silvestres, mangos dorados y jugosos, el sombrero piri, el tereré helado..., “y el cielo muy azul” -me sopla una compañera nostálgica y fiel al terruño-.
Pero la verdad mayor es que para millones de paraguayos las vacaciones no existen. Da lo mismo enero, julio o diciembre. Siguen trabajando sin descanso, sacando apenas para comer. Ayer, en el súper, una señora cartonera contaba sus billetes sucios para completar la cuenta de 6 yogures; afuera, en un carro bajo un árbol, 6 criaturas harapientas la esperaban. Al verla venir, corrieron en busca del diminuto manjar, un yogurcito frío de 140 gramos que desapareció al primer trago. “Ma, ¿no hay más?”, oí con tristeza mientras pasaba cerca de ellos. Esta es la imagen familiar que yo elijo guardar en mi memoria de las vacaciones paraguaya del 2008.
Lourdes Peralta
Contactos: Emails | Teléfonos | Staff
Publicidad: Como Anunciar |
Fúnebres |Clasificados
Institucional: Nuestra Historia | ABC y la Educación | Libertad de Prensa | Propiedad Intelectual
Otros Canales: ABC Blogs | ABC Ciudadano | ABC Wap | ABC RSS | Archivo | Fotonoticias | Efemérides | Noticias por E-mail
Yegros 745 esq. Herrera. Tel: 41-51-550/51 © Copyright 2008. Reservados todos los derechos.
Estadísticas |
||
Visitas |
Páginas |
|
| Hoy | 80.231 |
654.989 |
| Ayer | 87.756 |
750.130 |
| Ultima actualizacion: | ||
| 20/01/2008 00:00:00 | ||