De científico a científico, me veo obligado a discrepar frontalmente con el eminente doctor Gualberto Piñánez, alto funcionario del Ministerio de Salud Pública. Creo que sus conclusiones sobre las causas de la amenazante expansión de la fiebre amarilla están erradas. Gravemente erradas. Por eso, invocando los manes de Koch, Sabin y Pasteur, debo rectificarlas, para arrojar la luz de la verdad a este escenario sumido en la confusión.
Dice el doctor Piñánez que la responsabilidad de la difusión de la fiebre amarilla recae sobre los monos, bichos que se desplazan de un lugar a otro, empujados por la deforestación, por los incendios y por su instinto de vagos sin remedio. En primer lugar, no me quedó en claro a qué monos se refería. Tal vez al pequeño y ágil ka’i mirikina (Aotus azarae); al ka’i común, (cebus paraguayanus); al saimirí (saimiri sciureus), que es más bien habitante del Chaco, o el vocinglero karaja (alouatta caraya), cuyos potentes aullidos, emitidos desde las profundidades de la espesura, parecen salir de la garganta del mismísimo gorila King Kong.
Me quedaron muchas dudas sobre las afirmaciones del doctor Piñánez, de modo que me vi obligado a acudir al doctor Rafael Masi Pallarés, autor de varios bien documentados libros sobre la fauna de nuestro país. Antes de la entrevista, hojeé apresuradamente uno de los últimos de su autoría, referido a los vertebrados del Paraguay. A la densa información científica de la obra, Masi Pallarés añade una multitud de imágenes ilustrativas, así como las denominaciones folclóricas de cada uno de los especímenes. Ese fue mi punto de partida para analizar la cuestión.
El científico me alertó contra las conclusiones apresuradas, porque en el Paraguay, según me dijo, hay monos y monos. Muchos, sin clasificar, los cuales reclaman una taxonomía que pueda ubicarlos adecuadamente, para distinguirlos entre tantos animales sueltos que andan por ahí. Por ejemplo, sin ir más lejos, están los habitantes de los padrones partidarios (de todos los partidos. Nombre científico: cebus padronensis), cuyos desplazamientos pueden ser horizontales y verticales. Verticales (ka’i mano), cuando emergen de las profundidades de la tierra, donde reposan en sus tumbas, para votar por los candidatos de su predilección; horizontales (ka’i guata), cuando se desplazan desde otros distritos y se presentan en tropel, entre pipus y zapateos, a depositar sus votos con ejemplar entusiasmo, muy lejos de sus lugares de residencia.
Otra variedad (nombre científico: cebus planillensis) habita las planillas del personal de ministerios y empresas públicas, donde sus cuatro manos les permiten percibir salarios sin que deban pasar por el padecimiento de registros de entrada y salida diarias, y todas esas molestias de la burocracia, incluida la obligación de trabajar. En la Argentina, son conocidos como “ñoquis”; en el Paraguay, como “planilleros”. Algunos creen que son invisibles, porque nadie los ha visto nunca. Estos primates son omnívoros, y lo mismo les da comerse el rubro de un barrendero que el de un general de división. Basta con que tengan un buen padrino.
Finalmente, están los monos saltarines (ka’i veve). Son inteligentes y saben hablar y hasta argumentar. Con gráciles movimientos, se desplazan de rama en rama, ayudándose con sus cuatro manos y sus largas colas prensiles, que usan como una quinta mano, que les ayuda a aferrarse a cualquier cosa: troncos, ramas, hojas. Abandonan rápidamente sus guaridas para buscar la sombra de los candidatos ganadores, donde se guarecen del sol, de la lluvia y de las inclemencias del tiempo, que suelen ser frecuentes en la llanura hostil. Lo más gracioso es escucharles sus explicaciones, siempre fascinantes, con las cuales justifican sobre sus últimos saltos.
Con tantos desplazamientos como los que estoy resumiendo, no es extraño que la fiebre amarilla, el dengue, la fiebre aftosa, el garrotillo, el pique y las pulgas estén recorriendo todo el país, a lomo de estos movedizos primates. Las epidemias están, pues, a las puertas de nuestras casas y será muy difícil detenerlas.
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Helio Vera
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