Los tiempos que corren son distintos de cuando nos tocaba ir por primera vez a la escuela. Algunos, con suerte, iban al jardín; otros, al preescolar, y la mayoría, directamente ya al primer grado. En promedio, el primer contacto con alguna institución educativa era entre los seis y siete años. Pero hoy, con los nuevos roles que va asumiendo la mujer a nivel laboral, el ingreso de los chicos se da cada vez más temprano.
Al respecto, existen nuevos métodos de estimulación temprana. En opinión de un grupo de especialistas, la edad para ingresar a un centro educativo depende mucho de la situación familiar. “No hay duda de que entre dejarlo con una niñera o alguien que lo atienda, sin estimularlo adecuadamente y llevarlo a un centro especializado, es mejor la segunda opción”, dice Julia Rodríguez-Alcalá, quien junto con María Ferrés y Marilia Planás llevan adelante un proyecto denominado Blue Center.
“Lo que sí notamos es que cuanto más tarde el niño viene a la guardería, mucho más le cuesta luego el desprendimiento, la adaptación y el proceso de socialización con sus pares. Nosotros recomendamos la nursery a partir de los seis meses. A esta edad ellos ya están más ‘duritos’ expresan sus emociones, crean vínculos fácilmente, se interesan en lo que ocurre a sus alrededor y disfrutan de la presencia y compañía de sus pares”, agrega María Ferrés.

Julia Rodríguez-Alcalá, María Ferrés y Marilia Planás llevan adelante un proyecto denominado Blue Center.
Absorber
Para Marilia Planás, algo fundamental antes de tomar la decisión de depositar a los hijos en un centro educativo es que estos deben evaluar “qué desean como familia para su niño/a en lo que respecta a la socialización, a la estimulación, a lo que reciba en su día a día. El niño va absorbiendo muchísimo en todo lo que hace y observa, mucho más de lo que a veces nos imaginamos o podemos percibir directamente. Los padres deben saber que no toda persona, por más ‘buena’ o predispuesta que parezca, está capacitada para ofrecerle las mejores actividades y ejemplos positivos que un niño/a necesita para un óptimo desarrollo intelectual, emocional y corporal”.
Dudas frecuentes
¿Cuáles son los miedos o dudas más frecuentes que tienen los padres antes de dejar a sus hijos en ese lugar?
En general “cuesta” un poco tomar la decisión. Está sobre todo a menudo presente algo muy común hoy en día que es el “sentimiento de culpa”. Los padres sienten temor de que los niños se sientan “abandonados” por ellos, que les afecte emocionalmente la separación de sus padres, que sientan que “no se les quiere lo suficiente”. También tienen miedo de que no se les atienda tan “personalizadamente” como en la casa, que no lo traten como quisieran que lo hagan, que el niño no sea feliz con las nuevas personas a su alrededor, que se canse de “tanto aprendizaje”, que sea “aún muy chico para forzarlo”, entre otros mitos que vienen en general con mucha presión por parte de las abuelas o parientes que aún no se adaptan ni comprenden el gran cambio evolutivo que se dio en el cuidado y desarrollo de los niños en comparación a lo que era antes.
La lectura
A esta edad, la mejor manera de fomentar la lectura es leyéndoles mucho. Ellos no solamente se divierten con las historias, sino que también se transmiten muchísimas enseñanzas a través de los libros a los que pueden recurrir en el futuro para solucionar conflictos. “Se debe contar con muchos libros acordes a su edad y al interés y gustos que los niños van demostrando día a día. Es muy importante también contar con libros preparados para que ellos puedan manipular con facilidad y apreciar desde la más temprana edad. Están los de tela para los bebés y luego los de cartón duro para los niños en edad preescolar. Y, algo muy importante, lo principal para los padres que no saben qué hacer para que sus hijos desarrollen un gusto y hábito hacia la lectura, es el ejemplo. Cuanto más ve un niño que los adultos significativos en sus vidas leen, aprecian y valoran los libros, más el niño desarrollará esa curiosidad y motivación por ‘descubrir’ ese gusto que estas personas encuentran en los libros”, recomienda Marilia.
Emociones
Finalmente, en cuanto a las emociones, el niño va aprendiendo continuamente cómo desarrollarse dentro del nuevo ambiente, dentro de las “nuevas reglas” y con las nuevas personas. El va construyendo activamente nuevas ideas o conceptos basados en sus conocimientos pasados, ya ahora combinados con los presentes. “Tenemos que recordar que el niño construye rápidamente su propio conocimiento desde sus propias experiencias. El niño es activo en su aprendizaje, es alerta y competente. A medida que recibe los ‘códigos’ o la información manejada en el nuevo ambiente, la procesa rápida y constantemente y la reacomoda. Al principio cuesta el cambio y la adaptación al nuevo ambiente. La mayoría tiene su periodo de llanto y de llamar a mamá o papá, pero con el correr de los días esto cambia. Los niños adquieren confianza en el nuevo ambiente y se encariñan con las profesoras y sus compañeros. Entonces los llantos son reemplazados por sonrisas y mucha alegría”.
FOTOS: ABC Color/Claudio Ocampos
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