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ANDREA VALOBRA (20), CANTANTE

La voz de un sueño

Hace 3 años, Andrea Valobra se lanzó como cantante en la televisión nacional. Hoy trabaja y se realiza a través de la música. Llena de alegría expresa: “El canto me sale sin ningún esfuerzo; a veces me pregunto si realmente me merezco tanta felicidad”.


Andrea Valobra (20) llegó corriendo a la entrevista. “El ensayo con Rolando (Chaparro) duró más de lo previsto”, se disculpa mientras deja su bolso, su celular, su discman. No vino rubia, apareció con el pelo azabache y los ojos grises. “Soy camaleónica; por ahí, la otra semana me vuelvo pelirroja”. Andrea se hizo conocida públicamente después de cantar un tema de Celine Dion en la tele; su perfil gusta a mucha gente, pero ella aún no asimila la fama vernácula y dice que se la puede ver vestida al descuido o devorando una hamburguesa sin mirar quiénes están a su alrededor. La chica proviene de una familia unida y multitudinaria; 13 personas en una casa son un equipo considerable, y más todavía cuando 12 integrantes son mujeres (mamá Alicia, abuelas, hermanas, tías y primas). César, argentino, padre de Andrea, es el valiente sobreviviente. “Mi papá es un bohemio; canta tangos y boleros. A los 4 años me hacía vocalizar con ‘El elefante trompita’, subiendo de tono hasta lo más alto. Y un día dijo: ‘a la nena le da el cuero’”. Promovida por varios melómanos de la familia, Andrea creció cantando, aunque confiesa ser una tímida de novela. Actualmente forma parte de “The Classics”, un grupo de temas retro, jazz y blues. Sola o con la banda, actúa en capital e interior del país. La cantante de dulce voz, disfruta de una carrera con la que paga sus estudios universitarios de sicología clínica, y también aporta para los gastos de la casa.

–¿Qué hacés para diferenciarte de las otras cantantes?

–Yo, nada; la gente es la que me diferencia. La música se fue dando muy fácil en mi vida, y le pregunto a Dios qué espera de mí a cambio de esta felicidad.

–¿Cuánto le debés a la televisión?

–La televisión me hizo conocida; conste que nunca gané el primer lugar, siempre salí tercera tanto en “Rojo” como en “Cantando por un sueño”.

–¿Qué buscabas al concursar?

–Ni sabía que iba a concursar; me anotaron unos parientes. Fui directamente al casting.

–¿Por qué no ganaste el primer lugar en los concursos televisivos?

–Todavía me lo estoy preguntando. Pero bueno, la televisión vende y uno es un producto. Pero más que un primer lugar, gané madurez, porque era una nena que vivía pegada a sus padres.

–¿A ellos les gusta que seas cantante?

–Mi papá tenía un poco de miedo, no quería que me ilusionara como él lo hizo alguna vez y después tuvo que dejar su sueño por la familia. Lo único que me piden es que estudie en la facultad, y sicología siempre me interesó.

–¿En qué estilo te sentís más cómoda?

–Me gusta mucho el jazz.

–¿Ese piercing que tenés en el párpado es marketing personal?

–No, es un pacto de amor: mi novio tiene uno igual.

–¿Por qué cantás en inglés?

–La música de ahora en castellano no me gusta. Siento que las cosas en inglés se dicen de una forma diferente.

–Total, aunque no se entienda nada, a la gente le encanta tu voz.

–No creo que mi voz sea el gancho para que me quieran. Yo creo que el público me escucha porque sobre el escenario me entrego entera y se nota; a veces, después de cantar se me acercan y me dicen cosas muy espirituales. Creo que esa conexión solo la logro a través de la música; en otros aspectos de mi vida me cuesta darme.

–¿Tu sensibilidad toca la realidad del país o se queda en los sueños?

–No miro las noticias porque me hace no estar bien para la música. El otro día escuché en una película una frase justa: “No trates de salvar a otro, sálvate a ti mismo”. Pienso que los jóvenes tenemos que hacer lo que sentimos o nos vamos a arrepentir toda la vida.

–¿Cómo definís tu lado femenino?

–No soy ni quiero ser princesita de nadie, me gusta la informalidad, ser “onda los perros” como se dice. Beso y abrazo a hombres y mujeres, y por eso pago el precio de ser malinterpretada. Físicamente ya me ves, siempre bajita y gordita. Cuando era chica tuve graves trastornos alimenticios porque todos me decían “mirá que ningún chico te va a mirar”. Me curé de espanto, hoy me acepto como soy y no me importa la imagen prototipo.

–¿Y alguna vez te importará?

–No; soy una mina que sabe que la vida se puede acabar en un segundo y no me amargo con condicionamientos sociales.

–¿Qué te falta aprender en el canto?

–Muchísimo. Canto naturalmente y tengo mis fans, pero no creas que no recibo críticas. No me considero un músico porque músico es el que estudia, yo apenas soy una chica con mucha suerte que entona bien.

–¿Te molesta que vengan grupos de afuera?

–No; soy muy abierta. Si el grupo vale la pena nos sirve a nosotros; si acá superáramos el “así nomás” seríamos igual de buenos. Nos sobra capacidad, pero nos falta calidad.

–¿Antes de irte nos regalás un trocito de alguna canción?

–¡Claro que sí! (Andrea canta y envuelve el ambiente con su bella voz).

–¿Tus sueños incluyen los viajes por el mundo?

–Sí, pero no con la música. Yo quiero ser profeta en mi tierra.


Lourdes Peralta

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17/02/2008 00:00:00