Soy consciente de que corro el riesgo de que los lectores de ABC Color me cataloguen de monotemático o, en el mejor de los casos, de inoportuno; porque el pueblo palpita hoy en las largas filas que surgen, como hongos, ante cualquier puesto de salud con el firme propósito de vacunarse contra la fiebre amarilla.
La situación es comprensible, en definitiva luchan por su vida, por la de sus hijos e hijas e incluso por la de aquellos que comparten con ellos el modesto pero entrañable espacio barrial.
Además, no se le puede imputar la desorganización. El responsable es el Gobierno, el que hasta en menesteres tan elementales, como la prevención en salud pública, exhibe de nuevo, con la impudicia de siempre, su incapacidad, su torpeza y, por qué no, su falta de interés.
Capitalizar experiencias
La fiebre amarilla y del dengue –temibles amenazas que no debemos subestimar– demostraron empero que el pueblo, unido y movilizado, abre puertas, consigue que le escuchen y, en este caso, la anhelada inmunización.
La experiencia es una de las grandes maestras de la vida. Esa multitud que madrugó para conquistarse un lugar en las filas, que soportó estoicamente el sol inclemente del verano paraguayo y hasta se expuso a la represión al bloquear rutas, calles y avenidas porque creía que peleaba por un derecho superior a cualquier otro, debe entender que esa metodología es también válida para otras luchas.
Hoy la vacuna contra la fiebre amarilla, mañana por puestos de trabajo o servicios de salud más eficientes. O seguridad o por el regreso de nuestras madres, hermanas o esposas del exilio laboral.
O por una Justicia realmente independiente y no solo de forma. Por el castigo a los funcionarios públicos infieles que no dudan en ostentar pornográficamente la fortuna que amasaron saqueando al Estado paraguayo, eludiendo impuestos y traficando influencias.
¿E Itaipú y Yacyretá?
Los históricos reclamos paraguayos de soberanía y precio justo en Itaipú y Yacyretá, también deben formar parte de nuestros planes de lucha.
El 50 por ciento de ambas entidades binacionales, aunque en sus tres décadas y un poquito más de existencia funcionan como cotos privados de caza de los Gobiernos de turno –especialmente de los brasileños y argentinos– debemos entender y hacerlo carne de nuestra carne que forman parte del patrimonio de la República del Paraguay.
El país que se benefició pisoteando ese derecho soberano se merece –y mucho– más el calificativo de imperialista, porque todo imperio se sustenta en la explotación despiadada de sus colonias.
El gobernante que permite e incluso es cómplice de esa explotación imperialista y, además, amasa su fortuna saqueando las arcas que el país le pidió que cuidase debe colgársele del cuello el marbete de traidor a la patria y ladrón.
Soberanía y precio justo
¿Por qué el pueblo paraguayo debe luchar por la recuperación de la soberanía de la República del Paraguay en Itaipú?
Porque, a pesar del derecho, de la soberanía nacional y del aporte del único recurso insustituible en una central hidroeléctrica, como es el agua –no adicionamos aún la ruptura del equilibrio del ecosistema regional–, nuestro país mediante interpretaciones interesadas y entreguistas del Tratado, fue privado del derecho de decidir a quién vender su excedente energético.
Decimos excedente porque en Itaipú la usina produce anualmente una cantidad que ronda los 90 millones de megavatios, casi diez veces más de lo que usamos hoy los paraguayos.
La mitad de esa enorme cantidad, 45 millones de megavatios hora, por el derecho y los motivos señalados es paraguayo.
Una imprevisión injustificable
Como la capacidad de consumo de nuestro país es todavía pequeña, por motivos que hoy mencionaremos solo de paso; por ejemplo, la injustificable imprevisión de siete gobiernos paraguayos, desde Alfredo Stroessner hasta Nicanor Duarte Frutos, que hoy tiene a la economía paraguaya encerrada en un brete.
Las industrias existentes no pueden ampliarse porque no consiguen electricidad. No pueden instalarse nuevas fabricas porque no hay energía eléctrica.
¡¿Cómo?!, ¿no decíamos que en Itaipú somos propietarios de 45 millones de megavatios hora, una cantidad suficiente para atender, simultáneamente, el consumo de seis países como el nuestro?
El derecho internacional y los aportes paraguayos a la obra así lo consagran. En la práctica, nos imponen –y no podemos negarnos según la interpretación vigente del Tratado– a entregar los 38 millones de megavatios hora que hoy no podemos utilizar, a los que llamamos excedente.
La mayoría de los especialistas coinciden que Brasil hoy, tampoco mañana o pasado, no puede reemplazar esa cantidad de energía que le entrega nuestro país, luego no podrá contarse con ella al menos, en los próximos cinco a diez años.
Sin embargo, la causa más lamentable, otra traición a la patria, es que esos siete gobiernos, en otra procaz demostración de incapacidad, torpeza y desinterés, no hayan previsto el crecimiento del consumo paraguayo.
Esa es la razón por la cual el sistema de la ANDE derrapa hoy hacia el abismo de la saturación. Es por eso que los apagones son cada vez más frecuentes, así como las indeseables variaciones de tensión que queman nuestros electrodomésticos y quién sabe qué cosas más.
Precios justos
Cualquiera, no es necesario que sea comerciante de profesión, entendería que si en un negocio, por ejemplo, que luego de cubrir la demanda interna le queda un excedente, lo más natural es que lo venda y a precio de mercado.
En Itaipú, Paraguay no tiene esa libertad de decisión y mucho menos precio de mercado, el precio justo es casi una utopía.
No obstante, también en este andarivel se hace necesario repetir que el precio –si así se le puede llamar– nuestro país por cada unidad de energía que cede –en este caso un megavatio hora– es de US$ 2,72, o sea 12.784 guaraníes.
Como cada megavatio hora engloba a 1.000 kilovatios-hora, dividamos esos 12.784 guaraníes por 1.000, y concluiremos que la paga que recibe nuestra República por cada kilovatio hora que cede al Brasil es, al cambio actual, 12 guaraníes con 8 céntimos. El precio promedio del kilovatio hora en el tarifario de la ANDE, si se atiende su pliego vigente, ronda los 300 guaraníes.
Que Brasil, para llevarse la energía paraguaya, paga además el costo de Itaipú y el costo de transmisión no nos conmueve, aún así le sale muy barato. Además, es lógico que los paguen.
Recordemos, según una reciente publicación de la prensa brasileña, el precio promedio que paga el consumidor brasileño, sin impuestos, ronda los US$ 150 por megavatio hora, 705.000 guaraníes o 705 guaraníes por kilovatio hora.
Qué hubiese pasado si nuestro país tuviera la opción de comerciar libremente con su excedente o utilizarlo en su territorio. Qué hubiera pasado si le pagaban el precio que hoy se abona en el Mercosur por la energía paraguaya. El futuro nacional hubiera sido diferente.
Entonces, vale la pena que incluyamos nuestro plan de lucha la recuperación de la soberanía paraguaya en Itaipú, así como el reclamo de precio justo. La decisión que tomemos el próximo 20 de abril puede inmunizarnos de los Aedes aegyptis de la vieja políticas criolla.
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