Un buen día, después de cargar el último pipón de petit grain, decidió que ya era tiempo de cambiar de rumbo. Antes ya lo había intentado, pero no lo logró, su miopía extrema pudo más que su talento para el fútbol, así que los de Cerro Porteño le dijeron “nones”. Pero ahora era diferente; sabía que la música era lo suyo. Entonces, colocó la guitarra en su funda, cargó una bolsita con la escasa remuda y se despidió de su madre.
“Voy a probar suerte con la música”, le dijo a modo de despedida y rumbeó para Alto Paraná. Hoy, a un día de cumplir 70 años, el popular Quemil Yambay se recuesta en un sillón de la sala a recordar su paso por los escenarios del país.

“Mi nombre Quemil, en realidad Quémil, con acento en la é, significa ‘todo’. Viene del árabe”, se presenta el músico Quémil Yambay. Un nombre acertado para lo que representa lo que hizo en la vida: Todo.
Todo tiene un comienzo
- ¿Cómo y dónde comenzó su historia con la música folklórica paraguaya?
- La verdad es una larga historia. En realidad, comenzó con mi papá y mi mamá (dice con un tono irónico). (Más serio) Mi papá me llevaba en su regazo cuando atravesábamos el campo en carreta. Yo escuchaba el canto de los pájaros o de cualquier bicho y lo imitaba. Me salía nomás.
- ¿Ah, sí?
- De muchas formas me salía: con la garganta, los labios la lengua… Cuando era chico, en la escuela, porque yo entré en la escuela Alfonso Tranquera (Dpto. de Cordillera). Yo nací en otra parte… Tupaóra se llamaba, ahora se llama San Roque. Bueno, a los dos años nos mudamos a Alfonso Tranquera y ahí todos mis compañeritos me pedían que yo haga mis imitaciones. Siempre también salía elegido para jugar fútbol.
- ¿Era buen jugador?
- A los 17 años me trajo un señor a Asunción. Vine a pie hasta Barrero Grande porque antes no entraba el colectivo hasta mi pueblo. De ahí vinimos en colectivo y derechito vine al Cerro Porteño. Me querían los entrenadores y algunos decían “no tenemos que dejarle ir, demasiado bien juega”.
- ¿Y qué pasó?
- Y hubo la inspección médica general y el Dr. Campuzano se dio cuenta de que tenía miopía crónica, había sido (lo dice con un tono que evoca resignación). Me puso las letras para leer, me hizo todas las pruebas y con un aparatito alejaba más las letras, y lastimosamente, no veía bien. Entonces no pude jugar al fútbol, pero era bueno.

Cuando salió de Alfonso Tranquera a probar suerte como músico, lo hizo a pie. Hoy, tiene algo así como tres “Quemilmóviles”.
Guitarra & petit grain
Resignado, volvió a Alfonso Tranquera a seguir trabajando y profesando su amor a la música. “Dejé el fútbol… pero me gustaba la guitarra”, recuerda orgulloso.
- ¿Y luego ya se dedicó a la música?
- No. Yo era destilador de esencia de petit grain, trabajaba para Peña Hermanos. Ellos hicieron trato con mi papá, compramos el hojal de cuatro hectáreas. El compromiso era sacar 200 kilos mensuales. Trabajábamos toda la noche y hacíamos tres sacas. Al amanecer, ya atábamos los bueyes a la carreta y nos íbamos ya a juntar más hojas. Tres años trabajé en eso y después me cansé.
Fue ahí que decidió cambiar de rumbos con el consentimiento de su madre, pero sin el de su padre “a él no le gustaba ese asunto de la música”, recuerda.
“Voy a ir a probar suerte en Asunción o en Alto Paraná”, le dijo a su mamá. Encontró para su elenco y emprendió viaje, primero hacia el ex puerto Presidente Stroessner. “Me dijeron que ahí se podía hacer la plata porque los obrajeros pagaban bien, muy bien”.
Camino al andar
En aquel tiempo, Quémil todavía podía ver. Y recuerda el paisaje y a las personas a quienes conoció en el trayecto hacia Alto Paraná. “Les llevé a dos chicos más conmigo. Hasta Coronel Oviedo nomás llegaba el asfaltado y hasta ahí nos fuimos a pie. Cuando llegamos ahí no teníamos dinero. Un señor que tenía un establecimiento nos invitó a actuar ahí. Lo hicimos durante dos noches y reunimos el dinero suficiente para continuar nuestro viaje. Al día siguiente de nuestra actuación, salimos hacia el este. Por suerte hubo alguien que nos llevó hasta ahí, pero nos tomó como seis días llegar a destino”.
- ¿Cómo les fue al llegar?
- Y en (la ciudad de) Presidente Franco había una señora, Elisa Gómez de la Fuente, ella nos hizo algunos contactos y nos dio alojamiento. Después conocimos a un tal Ortega, que también era de nuestro valle, y mientras cantábamos, él pasaba el sombrero para que la gente nos diera su colaboración.
Las cosas iban viento en popa, las actuaciones crecían y la “¡plata que nos ponían adentro de la guitarra!”. “Estuvimos casi 20 días cantando por ahí. Pero yo tenía tantas ganas de ir a Itakyry; me dijeron que ahí vivía una tía mía. Me fui cayendo de sorpresa. Pero para eso caminé 80 kilómetros porque no había colectivo que lleve directo. Cuando llegué, yo no le dije quién era, pero enseguida me reconoció porque los Yambay somos casi todos iguales”, recuerda.

La cocina, el lugar preferido de don Yambay.
Aventura en Foz
Tanto fue el dinero recaudado que después de su larga estancia en Ytakyry, nuevamente cargó con sus alforjas y rumbeó para Foz de Yguazú. “Ahí sí que compré todo lo que había, muchos regalos para mi gente; en cinco valijas puse las cosas, cada una con su nombre. Crucé nuevamente la frontera y volví a Alfonso Tranquera. Pero primero llegaron mis valijas y horas más tarde yo. Lo hice a propósito, le encargué a un señor que las deje en mi casa y le diga a mi mamá que un pariente suyo le enviaba esos regalos y que pasaría a la tarde por la casa. Cuando llegué mi mamá me abrazó y lloró”.
La historia continúa en Asunción, cuando Quémil vino a probar suerte. Los primeros tiempos fueron difíciles, dormía, junto al grupo musical, en una calería, a la intemperie. Corría la década del 60 y llegó a la ciudad con Pablo Barrios y Gregorio Martínez. Nacía el “estilo jocoso en el folclore”. Tanta fue la diferencia que marcaron que Luis Alberto del Paraná les había recomendado que nunca cambiasen de estilo. Así fue que se volvieron famosos los perros como Rompe, los caballos, los loritos y las conversaciones que se recreaban en las músicas de Yambay.
Mujeres, canto y oscuridad
- Son muy interesantes estos fragmentos de su vida, don Quémil. Pero hasta ahora no apareció ninguna chica, ninguna musa inspiradora en su historia.
- “¿Eh?”. (Responde simulando estar distraído, justo al tiempo en que suena una llamada del celular con el ringtone de “Arekó cuatro kuñá –tengo cuatro mujeres– y una sonrisa pícara se dibuja en su rostro). “Che pillá paité”, dice.
El relato se salta varios capítulos y cuenta los sucesos en forma cronológicamente desordenada. Hasta que llegamos al capítulo de la ceguera.
- ¿Desde cuándo dejaste de ver?
- El problema empezó en el año 1984. El Dr. Torres me operó pero no hay caso. Hasta me fui a Buenos Aires a consultar con un famosísimo oculista, la “mano de oro” le decían.
- ¿Hay alguna esperanza todavía?
- Y yo tengo mucha esperanza, porque el Dr. Cibils me dijo que se está estudiando cómo solucionar el tema del desprendimiento de retina, que se está experimentando y ni bien tenga algo, me va a avisar. Pero esto de no ver tiene sus ventajas porque con las chicas, por ejemplo, ya que no veo, tengo que tocar.
MI HIJO CHAHIAN
Yambay tiene cinco hijos (tres mujeres y dos varones). Chahian y Ulises siguen sus pasos en la música. El primero integra el grupo actual de Quémil junto con Elvio Samuel, Castro Santacruz y Mario Godoy.
“Le puse Chahian porque a mí me gustaba la serie de televisión La ley del oeste; ahí actuaba Chahian boy, que era un hombre justo. Entonces dije que el día que tuviera un hijo, le iba a poner ese nombre”, cuenta el artista folklórico conocido por sus imitaciones en medio de sus creaciones musicales.

Chahian y Quemil comparten en el grupo Los Alfonsinos.
Música favorita
Pero no todo es folclore en la vida de los Yambay. En especial en la de Quémil. A regañadientes asume que le gusta la cachaca, pero solo la que interpreta la “Retrocumbia”, la banda de su hijo Ulises. Pero también dice que le gusta el grupo “Los Angeles de Charly”.

Lidia Alvarenga, su compañera de vida, lo consiente en todo. En especial haciendo sus platos favoritos, como locro cecina y huevo frito con mandioca.
FESTIVAL
Con motivo de cumplir hoy sus 49 años de trayectoria artística, y mañana 70 años de edad, Quemil Yambay recibirá un gran homenaje desde el mediodía en el Complejo Social y Deportivo de la Cooperativa Medalla Milagrosa, que se encuentra sobre la avenida Madame Lynch, frente al Mercado Central de Abasto.
Yambay se presentará junto a su conjunto Los Alfonsinos, que reúne a Leandro Castro Santacruz en acordeón, Elvio Gaona González en primera guitarra, Mario Godoy en primera voz y guitarra, además de su hijo Chahian en bajo.
Del festival tomarán parte artistas nacionales y extranjeros especialmente invitados para este homenaje, que se desarrollará durante toda la tarde.
Estarán La Bandita Santa Rosa, el grupo Generación de Villarrica, el grupo Cantares, el Cuarteto Panambí Rory, Tina Grance, el Teatro Popular Ymaguaré, Bogado Lugo, Mino Gómez con Los Triunfadores Carapegüeños, Roser Díaz, Myriam y Eduardo, Nilsa Corrales, Los Placenteros.
Desde la Argentina, vendrán Explosión Chamamesera y Los Pibes del Chamamé, estando previsto el gran broche de oro con La Retrocumbia para bailar con sus mejores éxitos.
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