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Falta de experiencia

Espero equivocarme de punta a punta, pero tengo la sensación de que ninguno de los dos bandos está dispuesto a reconocer una derrota en las elecciones de hoy, sobre todo si la diferencia es mínima, como será, aparentemente. La técnica electoral ha avanzado de tal modo que en el mismo día -o sea hoy- es posible saber quién será el ganador o ganadora, a no ser que exista un improbable empate de verdad.


Todo depende del compromiso que tengan las autoridades electorales con el respeto a la voluntad popular, pero en gran medida también depende de quienes se suman a la gigantesca organización del acto, con el mismo espíritu de hacer respetar la voluntad del soberano desde cualquiera de los roles que les corresponda ejercer.

Sin duda, cada sector en pugna debe defender de la mejor forma lo suyo, siempre que esa defensa sea ejercida por los conductos estrictamente legales y democráticos, única forma en que tendrán autoridad para reclamar y exigir lo mismo a quienes tienen en sus manos la delicada y relevante misión de procesar los datos, informar sobre el resultado provisorio y juzgar los resultados definitivos.

Como no veo que estas cualidades y condiciones adornen la personalidad, ni de las autoridades electorales ni de muchos de los que se ubican por debajo, me preocupa lo que pueda suceder en el futuro, en caso de que los resultados del conteo rápido arrojen una diferencia muy reducida.

Me apresuro en descartar la posibilidad de un golpe de Estado al estilo tradicional de una intervención militar en la vida civil, o la probabilidad de un provocado estallido social conducido por personas adiestradas para el efecto.

Existe muy poco margen institucional y sobre todo escaso oxígeno internacional para sostener un estado militar, así como tampoco veo a nivel nacional la paciencia necesaria para soportar una eventual situación de violencia provocada solo para infundir miedo.

Si el gobierno pretende que el Partido Colorado siga gobernando, no le cabe otra alternativa que actuar conforme a la ley; y de igual forma, si la oposición pretende demostrar un eventual triunfo no tiene otra opción que actuar igual.

La gobernabilidad futura del país requerirá como cimiento el respeto a la voluntad popular para que quienes resulten elegidos gocen de la suficiente autoridad moral que otorga la legitimidad de origen. Nada sólido se podrá construir en adelante sin estos elementales requisitos en una sociedad que ya ha demostrado a estas alturas suficientes síntomas de saturación, cansancio y defraudación, por la mediocridad, corrupción e impunidad en que se desempeña gran parte de la clase política.

La función pública y en especial la dirigencia política de este país necesitan con urgencia un baño de ética y seriedad, además de un mayor esfuerzo hacia el bien común. El fraude en cualquiera de sus formas y desde cualquiera de sus orígenes probables será el arma asesina con que se pueda acabar todo lo construido en esta interminable transición, aunque en volumen no muy plausible ni considerable.

Desde la caída de la dictadura en 1989, la ciudadanía ha demostrado un comportamiento bastante aceptable en cumplimiento de su deber y derecho de votar, aún cuando se le pueda recriminar una supuesta incapacidad de elegir. No es el momento para que sus líderes impulsen precisamente mecanismos que se contrapongan a ese proceso cívico demostrado hasta ahora por esa ciudadanía a la cual representan.

Entonces, ¿por qué se piensa que pueda ocurrir algo grave si gana la oposición? Simplemente porque ambos sectores carecen de experiencia en caso de que ello ocurra. Ni el Partido Colorado tiene la experiencia de entregar el poder a otro que no sea colorado, ni la oposición tiene experiencia de recibir el mandato, ni de los colorados y mucho menos de otro opositor. Nada de eso ha ocurrido en 61 años y tal vez no siga ocurriendo, o si sucediere, no sea tan trágico finalmente.

ebritez@abc.com.py


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20/04/2008 00:00:00