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Cuatro razones para pedir la renegociación del Tratado

Pareciera que la elección de Fernando Lugo como Presidente de la República del Paraguay despierta posiciones aparentemente encontradas dentro del propio Gobierno brasileño. Por un lado, la reacción de Lula da Silva ante la noticia de quién fue electo nuevo presidente paraguayo fue “el Tratado no será modificado”.


Por el otro, el canciller Celso Amorim declaró que se puede rever el monto pagado por la energía cedida, y el director general brasileño descarta la posibilidad de rever el Tratado. A esta sinfonía de discursos se le agregan las declaraciones del ministro Lobão, quien manifiesta que el Brasil no considera modificar el Tratado de Itaipú, que es un documento aprobado por los congresos de ambos países y que para una revisión debe haber acuerdo de los dos lados.


Coincidencia en un punto

En realidad todos manifiestan la misma posición, no renegociar los puntos centrales del Tratado y Amorim abre la posibilidad de pagar más por la energía cedida, pago que, según dan a entender, no requerirá la modificación del Tratado, ya que su implementación puede derivarse de una Nota Reversal que retira de los Costos del Servicio de Electricidad, del Anexo “C”, el pago por cesión de energía y en el que Itaipú pasa a ser apenas una nexo entre las empresas brasileñas que utilizan y pagan, por la energía cedida, y el Gobierno paraguayo.

A todas estas posiciones y manifestaciones de las autoridades brasileñas, la pregunta es ¿por qué el Paraguay quiere renegociar el Tratado y cuáles son sus argumentos?, como respuesta ofrecemos a continuación cuatro respuestas, que creemos que Brasil no puede desconocer.


Primero, una cuestión de soberanía nacional

El Tratado de Itaipú restringe seriamente la soberanía paraguaya en la central. En la práctica, Paraguay no puede disponer de lo que por derecho universal es suya, la riqueza generada en su territorio.
El propio Tratado garantiza que la construcción de la central no modifica los límites territoriales de ambos países, luego el Paraguay tiene el derecho de disponer libremente de su 50% de energía generada.

La cesión obligatoria de la energía no utilizada para su propio consumo al otro socio es una restricción a la soberanía, contrario al punto IV del Acta de Foz de Yguazú, que menciona el “derecho de preferencia” para la adquisición de la energía cedida a “precio justo”.

La situación actual en Itaipú, y por la cual se desea modificar el Tratado, es porque nuestro país no recibe precio justo y también porque se eliminó la opción de preferencia para convertirla en “derecho obligatorio”.

La segunda gran restricción es la limitación del cronograma decenal de utilización de energía, que en la práctica significó que en el 2001 se debía establecer la utilización para el periodo 2003–2013, y en el 2011 se debe establecer el cronograma de utilización para el periodo 2013–2023; es probable que este principio no se esté aplicando, pero está escrito y, si en realidad no hay intención de aplicarlo, ¿por qué simplemente no se elimina del Tratado?, caso contrario, siempre existirá la duda de si el Paraguay puede suministrar energía a grandes inversionistas que, por conveniencia, manifiesten su interés en radicarse en el país.


Segundo: Por una cuestión de equidad de gestión

En estos 35 años de vida de la entidad binacional Itaipú, el control real de la central estuvo siempre en manos de los brasileños, el Paraguay siempre fue el socio convidado de piedra o de segunda categoría o, como quiera llamarse al que está solo para cumplir los reglamentos. Concuerdo plenamente que la principal responsabilidad de esta situación la tiene el Gobierno paraguayo, que siempre consideró las cuestiones gerenciales de Itaipú como trofeo del partido y a la que destinaba a sus principales obsecuentes, quienes solo buscaban enriquecerse y actuar como recaudador de un grupo privilegiado del entorno presidencial.

No tengo dudas de que debe haber sido ese el motivo por el cual autoridades brasileñas hayan manifestado que querían negociar con personas “serias”. Entiendo perfectamente que el Brasil se niegue categóricamente a entregar, o compartir en igualdad de condiciones la gestión de la binacional, donde se produce la energía que abastece una porción importante de su área de producción.

Pero en la plataforma de gobierno de Fernando Lugo siempre figuró que las personas más idóneas, honestas y capaces serán las que integrarían su gobierno y, por añadidura, serán las nuevas autoridades en Itaipú. Creo que sería humillante para estas nuevas autoridades darles el mismo trato que a los salientes, cuyas cualidades y niveles son conocidos.


Tercero: Por una cuestión de Justicia

El Tratado de Itaipú ya fue varias veces modificado en instancias indebidas. Como lo dice el ministro Lobão, el mismo fue aprobado por los congresos de ambos países, en consecuencia, su más mínima alteración también debe tener el mismo tratamiento. En Itaipú se efectuaron profundas modificaciones de las cláusulas del Tratado y ninguna de ellas cuenta con aprobación de los congresos de ambos países.

Si para muestra basta un botón, en 1997, mediante documentos internos, se impuso y aplicó a la deuda de Itaipú la famosa doble indexación, que en sus 11 años de vigencia cargó indebidamente a la binacional con más de 4 mil millones de dólares. Esta falta de legalidad está plenamente confirmada con la unilateral eliminación por parte del Brasil de su aplicación sobre las finanzas de la entidad.

Así como este ejemplo existen varias otras alteraciones indebidas del Tratado, casi todas con significativas consecuencias económicas, y otros de modelo de gestión. Citemos algunos: la capitalización de intereses vencidos, periodos de gracia con capitalización de los intereses, las calidades de energía y sus precios diferenciados, la capitalización de pérdidas, etc., acciones que en su totalidad tuvo y tienen influencias negativas en el Paraguay.


Cuarto: Por una cuestión de irrisoria retribución

Como paraguayos nos sentimos avergonzados cuando comparamos lo que entregamos a Brasil con lo que recibimos como compensación. La
cantidad de energía cedida por Paraguay al Brasil representa la producción total de más de tres Yacyretá actual y la compensación que recibimos es aproximadamente el 3% de lo que el paraguayo común paga a la ANDE por la energía que utiliza.

En números: Yacyretá produce hoy cerca de 11 mil gigawatt-hora al año y Paraguay cede al Brasil aproximadamente 38 mil gigawatt-hora al año; Brasil paga como compensación al Paraguay aproximadamente 12 guaraníes por kilowatt-hora y los paraguayos le pagan a la ANDE por su consumo residencial aproximadamente 360 guaraníes por kilowatt-hora.

Aclaramos que los 12 guaraníes son lo que Paraguay recibe por la energía que cede, que no es lo mismo que la tarifa de Itaipú. Tarifa que está alrededor de los 40 US$/MWh (1 Megawatt = 1000 kilowatt).


Conclusión

Así como Brasil esgrime sus argumentos para no modificar el Tratado, Paraguay también tiene sus argumentos por los cuales cree que es el momento de modificarlo. Aquí no se puede utilizar el principio de imposición del más fuerte sobre el más débil, si existen posiciones encontradas sobre un bien que es de ambos países la opción más racional es sentarse a discutir el tema y llegar a un acuerdo que sea satisfactorio para ambas las partes.

Por este motivo creemos que es el momento de reflexionar y no de la incitación; el pueblo paraguayo ya tomó la decisión con la elección de Fernando Lugo como presidente del Paraguay, las riquezas producidas en las binacionales, de las cuales todos los paraguayos so-
mos propietarios en un 50%, no pueden continuar siendo confiscadas como pasa hoy.
Igualmente, creo no estar equivocado al afirmar que
no hay intención de perjudicar
a ninguna de las partes propietarias de la central, los paraguayos solo desean el reconocimiento pleno de un derecho de soberanía y que el beneficio sea distribuido en forma más justa y equitativa entre los
propietarios.


Ing. Dr. Carlos M. Cardozo Florentín (*)

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27/04/2008 00:00:00