1.- En una ocasión la poeta Elsa Wiezell comentó: “El poeta transfigura la realidad”. Es una consideración que estimula a una lectura psicoanalítica. El poeta al tener a mano el lenguaje usa las palabras despreocupándose de las significaciones preexistentes. Esta posición le permite dar nuevos sentidos a cuestiones de la existencia y por eso los significados rígidos en la cultura pierden su solidez gobernante.
Freud, partiendo del valor de la palabra, como camino de la cura, se interesó por el proceso creador. En muchos trabajos se refiere a los componentes de la capacidad artística, en especial en la literatura.
2.- Freud percibió la función social del arte. Como dijera Delfina Acosta en un artículo cultural reciente: “El escritor es un individuo que despojado, a veces, de todo límite se trasforma, por su calidad de lenguaje, en una suerte de vocero de la sociedad”. Es decir, para Freud la obra de arte y el otro social conforman una pareja, es su partenaire.
“Transfiguración de la realidad” y “vocero de la sociedad” son entonces dos apreciaciones, que entiendo, vinculadas freudianamente.
¿En qué sentido el arte tendría una función social para Freud? Él lo dice de esta manera: ”El arte ofrece gratificaciones sustitutivas para las más antiguas renuncias culturales, que todavía son las que todos sentimos más hondamente, y por lo tanto sirve, como ninguna otra cosa, para reconciliar a los hombres con los sacrificios hechos en pro de la cultura”. Es decir, la obra es un consuelo más una propuesta de cambio de la realidad.
3.- El arte hace participar y posibilita a la persona elaborar sus insatisfacciones de manera activa, constante y permite transfigurar el medio al tiempo que apacigua al sujeto que produce la obra.
Esto es posible cuando el otro social siente las mismas insatisfacciones que el creador. El talento artístico es un cebo (término de Freud) que despierta el interés del espectador y que por el proceso de empatía lo lleva a disfrutar a escondidas de las gratificaciones que el creador propone. En esta comunicación de ruptura de significaciones establecidas y de pura renuncia e insatisfacciones se asienta la función social transfigurante del arte.
Un ejemplo nuestro es la obra de Flores. La relación entre su “inspiración” creativa, su obra y su articulación con el otro social hace que se funde la guarania inmortal, como la llamó. Es el deleite emocional, más allá de los sentidos, lo que participa en la comunicación creador-espectador, oyente o lector.
4.- Cuando un creador logra interesarse por sus propias significaciones subjetivas, su obra consigue despertar la simpatía del espectador, del lector. Pero esta obra subjetivada, por decir así, que lo obtiene de su propia vida interior, no trascribe directa o linealmente sus motivos inconsciente. No se puede pintar lo que se quiere crear. De ahí que el creador queda fuera, como sujeto, de desciframiento psicoanalítico. Sus motivos ignorados por sí mismos siguen enigmáticos para el analista.
5.- Los análisis de las obras literarias que Freud realizo fueron aportes a la teoría psicoanalítica, cuestionaron, precisaron, hicieron avanzar su teoría. Pero también uso el psicoanálisis para indagar sobre las fantasías que animaban al escritor a producir, fue para él, la obra de arte, una vía de indagación sobre la vida inconsciente. Tal vez porque algo de lo no sublimado, tal como entendía la sublimación, se presentaba ahí. En este sentido Freud interpretaba la obra como un sueño, como un lapsus, como un síntoma. Esta no es la perspectiva que siguió Lacan porque el psicoanálisis no se aplica a la literatura, esta no es una formación del inconsciente.
Estos debates, que son interesantes, no restan importancia a las conclusiones que extrajo Freud de los análisis de las obras literarias en especial en lo que se refiere a los puntos de los deseos insatisfechos inconscientes, no así, sin embargo cuando, en algunos casos, indica motivaciones fantasmáticas del autor. Es decir, se puede interpretar un texto, pero ese sentido, que enriquece a la teoría, sin embargo, no tiene que ver con el sujeto de la creación de la obra. Es así como el psicoanálisis puede aprender algo de la obra de arte. Freud, en este sentido, también ha reconocido en su autobiografía que ”no puede (el psicoanálisis) hacer nada para dilucidar la naturaleza del talento artístico, ni puede explicar los medios con que trabaja el artista: la técnica artística”. En su libro sobre Leonardo, por ejemplo, también señala: “Dado que el talento y la habilidad del artista están unidos íntimamente a su capacidad de sublimación, tenemos que admitir que también la naturaleza del logro artístico nos es inaccesible psicoanaliticamente”.
Es de esta manera que ”el artista siempre lleva la delantera, y que no tiene por qué hacer de psicólogo (un psicoanalista) donde el artista le desbroza el camino“, dice Lacan.
Aprender del arte, no idolatrar ni rendirse, es una enseñanza lacaniana.
Genaro Riera Hunter
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