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PERSPECTIVAS

Mamás ymaguare

Mamás todo terreno o fashion. ¡¿Qué es esto?! Es una nueva definición que se le da a la mujer actual que trabaja, atiende su casa, a los hijos, el colegio, al marido (que a veces es un chico más en el hogar), que se preocupa por los sucesos sociales del barrio, la fiesta de cumpleaños de la amiga, etc., etc.


Entonces me preguntaba en una ronda de té con unas amigas en el shopping (porque también tenemos tiempo para eso) cómo se definía a las mamás de antes. ¿No eran todo terreno? ¿Eran más onda tranqui? ¿Tenían espacio para ellas mismas? ¿Podían ser ellas mismas? Lo dudo.

Si me permiten, la cito como ejemplo a mi abuela Marina, que allá por la década del 30 decidió casarse, tener 10 hijos, a los que crió unidos, juntos, sin dejar que ninguno de ellos saliera de la casa si no ya hasta convertirse en adultos y con al menos una profesión, tanto mujeres como varones, sin discriminación. Sin embargo, actualmente nosotras nos avivamos, aunque en realidad parece más que sólo nos animamos a tener 2 o 3 chicos. No más. La diferencia es grande por el tiempo que requieren cada uno de ellos.

El marido de la abuela apenas esbozaba palabras en español y además de educarse en una cultura netamente machista (esto es para las occidentales), la abuela debía encontrar hora para atenderlo. Aunque para ser sincera esta pintura no ha cambiado mucho con los años.

Entre otras cosas, las mamás ymaguare eran más quisquillosas con la educación de sus hijas, por lo tanto en el trajinar diario de criarlas debía enseñarles a servir a los hombres, les guste o no. Una presión que las madres de hoy –de seguro– ya no lo experimentan, tal vez por esa cuestión de revelarse y convertirse en una mujer cosmopolita que lo hace todo rápido y fácil, con fuerte acento feminista.

Sumémosle que esas amas de casa de antes no contaban con microondas ni cocinas eléctricas para preparar el desayuno, tereré rupa (o media mañana), el almuerzo para un batallón –porque por entonces era común que la mesa familiar esté servida para 12 personas–, el mate para cuando regrese el marido de la chacra y la abundante cena. Tampoco tenían lavarropas, lavavajillas, ni servicio de agua y luz en casa, por lo que lo de lavarropas se trasladaba a un sitio de encuentro netamente femenino, el arroyo: a unas 10 o 15 cuadras de la casa. Al menos allí reconfortaban sus ánimos al propiciarse el encuentro con las amigas del pueblo y enterarse de lo último de la semana. Un panorama distinto vivimos ahora, nos comunicamos vía celular, nos citamos en una cafetería (es mejor allí porque no se ensucia nada en la casa), charlamos por horas, con la tranquilidad de que el marido aceptará un fast food como cena.

Así existen muchas comparaciones, sin embargo la esencia sigue siendo la misma, la madre que en incansables días y noches veló por la educación de sus hijos para que sean mujeres y hombres de bien, y con la esperanza de que cuando ella sea una anciana quienes la recojan en sus brazos sea al menos uno de los 2 o 10 hijos que crió, porque como dice en el pueblo, una madre puede con 10 hijos, pero 10 hijos no pueden con una madre. Si todavía la tenés contigo, ya sea mamá yma o mamá fashion, aprovechála, dejá las ingratitudes y toda tu vida, corré para abrazarla.

¡Feliz domingo!... y ¡feliz día mami!


Viviana Benítez Yambay

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11/05/2008 00:00:00