Transcurridos ocho días desde que el volcán Chaitén entró en erupción, en el sur de Chile, ayer no existía aún claridad sobre el fin del proceso eruptivo, una incertidumbre que acrecienta la angustia de las más de 5.000 personas desplazadas de la zona. Mientras, el gobierno de Michelle Bachelet ya afina un plan integral de reconstrucción.

Un rebaño de ovejas en el pueblo de Futaleufú, a unos 170 km de Chaitén. Los animales que no han muerto asfixiados se enfrentan ahora a la falta de alimentos por la capa de cenizas que cubre los pastos. (AFP)
PUERTO MONTT, Chile (AFP). El volcán Chaitén, de unos 1.000 metros de altura, que no tenía registro de una anterior erupción, mantenía su actividad eruptiva, con continuas emanaciones de cenizas, según un parte de la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi).
Otro reporte del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomín), cuyos expertos monitorean el volcán, dijo que la actividad observada en el lugar obligaba a mantener “la alerta roja volcánica”.
El informe agregó que después de más de una semana de emanaciones “no se descarta aún la posibilidad de eventuales futuras explosiones mayores y en el colapso de la columna eruptiva”.
La mayor preocupación sigue siendo un colapso abrupto de la columna eruptiva, “lo cual puede producir la destrucción del domo y la generación de flujos piroclásticos que descenderían en forma radial desde el volcán a lo largo de los valles adyacentes”, de acuerdo al Sernageomín.
Otra posibilidad es que la columna se disperse de forma paulatina.
Por precaución, las autoridades dispusieron la evacuación, primero voluntaria y luego forzada, de los más de 4.000 habitantes de Chaitén, ubicado a escasos 10 km del macizo.
Ningún civil quedaba ayer en el lugar. Solo algunos policías cuidaban el pueblo y cientos de mascotas y otros miles de animales (ganado bovino y ovino) permanecían totalmente abandonados.
UN PUEBLO ASOLADO

Una densa columna de cenizas se eleva del volcán Chaitén, una erupción que está afectando a gran parte del Cono Sur. (AFP)
La acumulación de cenizas obligó también a la evacuación del poblado de Futaleufú –a unos 70 km de Chaitén–, donde fueron desplazadas más de 1.000 personas, aunque algunos se rehusaban aún a dejar el pueblo.
En Futaleufú, las cenizas habían invadido las calles, tapado los carteles de los negocios que permanecían cerrados, y cubierto los cipreses de la pintoresca plaza central y los jardines de las casas con un monótono gris, según constató una periodista de la AFP.
Apenas 280 personas quedaron en el pueblo del total de 2.000 que habitaban una semana atrás Futaleufú, un distrito que vive del turismo y de la actividad agropecuaria y que de un día para otro se convirtió en una suerte de ciudad fantasma.
La ceniza invadió las calles, tapó los carteles de los negocios que permanecen cerrados y cubrió los cipreses de la pintoresca plaza central y los jardines de las casas otrora verdes con un monótono gris.
La mayoría de las mujeres y los niños abandonaron el lugar hacia localidades más seguras de Chile y de Argentina, cuya frontera dista 10 km de Futaleufú, pero muchos hombres jefes de familia se quedaron para cuidar al ganado bovino y ovino.
“La gente del gobierno nos pide que nos vayamos, pero no vamos a dejar abandonados nuestros animales”, advierte el productor agropecuario José García, protegido con una mascarilla y cuya esposa e hijos se trasladaron a Puerto Montt, la capital regional, a unos 200 km al norte del Chaitén y a 1.000 km al sur de Santiago.
El Gobierno chileno no obligó a la evacuación de Futaleufú, pero sí de Chaitén, el pueblo de 4.000 habitantes a apenas 10 km del macizo que entró en erupción una semana atrás, y cuyas cenizas se expandieron por acción de los vientos a parte del territorio argentino y hasta llegaron a la capital, Buenos Aires y a territorio uruguayo.

Pobladores de Esquel, en la provincia argentina de Chubut, caminan con el rostro cubierto. El principal problema para la población son las afecciones respiratorias debido a la atmósfera viciada. (AFP)
LA RECONSTRUCCIÓN
La incertidumbre sobre el fin del proceso eruptivo del volcán Chaitén aumentó el drama de los miles de desplazados, que en su mayoría permanecían en hogares de familiares y amigos en las localidades vecinas de Puerto Montt, Osorno y la isla de Chiloé.
Unas 600 personas se mantenían en tres albergues montados en colegios de Puerto Montt, a unos 200 km de distancia de Chaitén.
La presidenta Michelle Bachelet volvió a visitar ayer la zona, mientras su gobierno afinaba un plan integral de reconstrucción, que incluía la entrega de un bono en dinero a las familias afectadas, además de un eventual traslado definitivo del poblado de Chaitén.
El plan integral de reconstrucción será anunciado el próximo martes.
Las cenizas del volcán han afectado también varias localidades del sur de Argentina, donde se han dispersado por siete provincias, alcanzando las costas del Atlántico.
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