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CARMEN GONZALEZ CANO

Casi con alas

Carmen llegó puntualísima a nuestra cita. Aun con tenida informal es una eterna bailarina, delicada en todo el sentido de la expresión. La joven dejó un recuerdo imborrable de talento y belleza, para quienes la vieron bailar en “El lago de los cisnes”. La obra fue recientemente presentada por el ballet de UniNorte.


“Carmen González estuvo grandiosa”, dice la gente. Ella agradece tímidamente y atribuye el mérito a su grupo: “Todos, tanto dentro como fuera del escenario, hicieron un gran esfuerzo y dieron lo mejor”. Carmen se formó como bailarina en la Escuela de Bellas Artes. Su madre la llevó cuando era muy chiquita y, antes de soltarle la mano, le dijo: “Si no te gusta, nos vamos”. A sus 25 años, la bailarina recuerda aquel tiempo con una sonrisa: “Me gustó y me quedé. Mis padres siempre me apoyaron. En este país, los jóvenes que estudian arte lo hacen más porque se mueven los padres que por ayuda del Estado”.

–¿Cómo fue la experiencia de representar a Odette?

–Imagínate que “El lago de los cisnes” es la obra cumbre para una bailarina. Odette me iba muy bien; soy romántica y creo, como ella, que el amor sobrepasa todas las cosas.

–Y en el amor todo vale, también fuiste Odile (cisne negro).

–Odile me costó horrores. Durante los ensayos, mis compañeros me perseguían para que aprendiera a poner “cara de mala”. Así que tuve que ponerme a ambos lados. En la versión más común de esta obra, es la misma bailarina la que hace de Odette y de Odile, lo que técnicamente no es fácil.

–El público te aclamó en ambas interpretaciones.

–Tengo que dar las gracias a los profesores cubanos, Yllasmín González (directora de la obra) y Manuel Pérez, por confiar en mí.

–¿Sentís mucha diferencia entre ensayo y estreno?

–Siento mucha ansiedad en el estreno, después me tranquilizo. Es famoso que ese paso que nunca te salió en el ensayo, te sale perfecto en el estreno. Y, al revés, el que te era fácil, justo ese día no te sale. Es el gran misterio del ballet (sonríe). Después, siempre hay vestidos que se rompen, coronitas que se caen. No somos tan celestiales ahí arriba.

–¿Cómo llevás la normalidad de la vida siendo artista?

–Soy tranquila y hogareña; una pisciana soñadora, que ve películas y lee. Como bailarina me exijo mucho, pero no soy sufrida.

–¿Todo bien con tu cuerpo?

–Sí, tengo 1.68 metros y 49 kilos, como de todo y no engordo; dice la nutricionista que es por la energía que gasto bailando. Pero tengo mis desventajas también. Manuel, mi pareja de baile, me decía “sos muy alta”. Y mis pies son mi tormento (calzo casi 40), siempre tuve problemas con el arco.

–Poca cosa, sos casi un cisne.

–Gracias. Mis compañeros dicen que soy una chiquita, calladita, que ni se ve, pero que en el escenario me agrando. Lo que yo siento es que dejo de ser Carmencita. Mientras era Odette, jamás vi a Manuel Pérez, él era Sigfrido, el príncipe que yo amaba con toda mi alma. Sabés, todo lo que pasó fue verdad.

–Muy cierto, Odette con Sigfrido. ¿Y Carmen?

–Nunca tuve novio, pero me gustaría enamorarme algún día... como Odette.

–¿Qué te preocupa a nivel nacional?

–La falta de trabajo, porque eso impide que los jóvenes con capacidad puedan estudiar arte. Pero paralelamente veo una gran falta de perseverancia. Ser artista es una meta personal. Hay que hacer sacrificios; la mayoría deja por el camino, por eso bailarinas clásicas hay poquísimas.

–¿Por qué hoy el ballet en Paraguay consigue llenar más espacios que otras artes?

–Antes tampoco llenábamos teatros, pero empezó a haber empresas que apoyaron y permitieron que se formara un público para ver ballet. El ballet se cimentó; ya no es un riesgo montar una obra (esta vez las entradas se agotaron una semana antes). Esto es muy bueno para la cultura; y para los bailarines es genial, porque es trabajo y pasión, pero también una enorme responsabilidad.

QUERER ES BAILAR

Carmen no pone excusas para crecer. Tiene 4 hermanos. Proviene de una familia trabajadora de clase media, sus padres siempre la acompañaron pero nunca la presionaron. Terminó la secundaria en el Colegio Técnico Nacional con promedio sobresaliente y fue una de las mejores alumnas de danza en Bellas Artes, donde obtuvo el título de profesora superior de Danza. Actualmente, usufructuando una beca, sigue Contabilidad en la Universidad del Norte y forma parte del ballet de la misma institución. Sus participaciones más notorias fueron: “Sueño de una noche de verano” (2006), “Giselle”( 2006), “Coppelia” (2007) y “Cascanueces” (2007). Fue solista principal en “El lago de los cisnes” (2008). En el 2005, con el ballet, viajó a Francia; tierra de su máxima inspiración, la bailarina Sylvie Guillén.

Por Lourdes Peralta


Lourdes Peralta

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18/05/2008 00:00:00