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EL BLINDAJE DEBE DESAPARECER DEL PAíS PARA CONSTRUIR UN "NUEVO PARAGUAY"

Los “hombres escombros” se amparan en los fueros parlamentarios

Los “privilegios o prerrogativas” de cualquier índole o color, de congresistas o quienes fuesen, deberán borrarse de la República. El pueblo ya no concede diferencias a ningún “monarca” de turno. Estas exenciones fueron un invento del pasado para permitir desplantes, negociados, tráficos, chantajes y extorsiones. Por eso, los “fueros parlamentarios” se transformaron en un boccato di cardinale de los “escombros”, sobre todo de los que fueron desalojados del Poder Ejecutivo por un pueblo reventado de injusticias.


Está visto que solo los “pactos a trastiendas” entre las bancadas salvarán a los fragmentados cascotes. Del mismo modo, veremos cómo actuarán los “hombres nuevos”, será la prueba crucial para confirmar la esperanza o directamente para derrumbarla. De ser así, será la desilusión definitiva del pueblo, aquel que se movilizó como nunca e impulsó el cambio. Por de pronto, nos permitimos el beneficio de la duda, hasta tanto los protagonistas de turno demuestren lo contrario.

LA PALABRA “ESCOMBROS”

Proviene de la expresión ex (pasado) y del latín cumulus (acumulación, montón, resto). También el diccionario Sopena revela en su contenido que dicho vocablo deviene del latín scombrus (desecho). La lengua castellana encauza conceptualmente al escombro como “la ruina de algo viejo convertido en sobrante, residuo o basura” porque “está destruido” y ya “no sirve”. Precisamente es el caso de los hombres paraguayos aquietados en el tiempo, que no cultivaron su “ser” para acceder a la excelencia, sino que permanecieron en el mundillo fatuo, materialista y superficial que destella el “tener”, modalidad y estilo de vida que terminan por corromper y destruir hasta los más elementales principios de la vida cotidiana… Y a estas personas cuyas entrañas se hallan destruidas y rebasadas por los antivalores, se las apellidan escombros.

Al respecto, el emérito obispo Ismael Rolón, un luchador ejemplar en contra de las arbitrariedades y los modales putrefactos, había definido con singular precisión a los derruidos hombres públicos del Paraguay. Directamente los enmarcó a todos, especialmente a aquellos integrantes de la sociedad y gobernantes transitorios que se hallan atados a los modelos funestos, a las conductas rastreras, a las actitudes viciosas, a las acciones perjudiciales y a toda diligencia que demuestre alteración de los valores genuinos para la convivencia humana, como el aplastamiento de los básicos principios de la ética y moral, la delicadeza y la austeridad, el patriotismo y la consideración del semejante.

A esas especies que abrazaron la descomposición, al estancamiento, a los males endémicos y al trastrocamiento de los valores humanos, los definió con una punzante sencillez, hombres escombros. Pero en contrapartida generó un sustituto brillante, su lucidez alentó a la vigencia de una generación flamante para dejar atrás el submundo en que se debate la Patria, a esa procreación lo llamó hombres nuevos. Estos impolutos son todos aquellos que muestran firmeza y no claudican ante las socarronas tentaciones del “diablo”, consolidando sus ideales en cualquier adversidad o circunstancias. Son los seres que demuestran actitud sólida por el bien, el apego y la práctica de las bondades cristianas y lo establecen como parámetro o modelo general en su comunidad. En suma, es aquel que no está manchado por ningún acto deshonesto y quien resulta confiable para el pueblo; solo con estos se podrá construir un “nuevo país”, sin tachas.

LA PALABRA “FUEROS”

¿Cuántas generaciones de “escombros” viene soportando el pueblo paraguayo? Se multiplican como hongos. El stroessnerismo engendró a los “hombres desechos” por toda la República. Como las alimañas, se reprodujeron por todas partes. La calidad (excelencia o virtud) fue rechazada de plano por el “fuhrer”.

Proviene del latín forum (tribuna), donde en representación del poblado, los elegidos defendían los clamores populares. Esa “autorización” estaba revestida de un carácter especial que consistía en proponer, disponer, defender y actuar en función a las solicitudes e intereses globales del pueblo, que por lo general era inculto y necesitaba de sus hijos con más luces para que lo defiendan y no sea preso de la esclavitud o explotación. Esta estructura organizativa fue propia de los reyes antiguos y de la edad media en donde los “fueros” eran respaldados con ciertas normas o códigos que otorgaron privilegios o exenciones. El escenario se ha modificado, por lo que obligatoriamente deberán cambiar las concepciones. En la práctica del siglo XXI, y más aún en Paraguay, estos preceptos se tratan de un artificio embustero para “salirse de los límites autorizados” confiriéndose facultades no permitidas. Igualmente, se utilizan estas dispensas para “cometer delitos sin penalidad” y bloquear cualquier indicio de juzgamiento o condena de sus propios mandantes, el pueblo. De acuerdo a la cultura e idiosincrasia del Paraguay, los “fueros” no tienen razón de ser, en consecuencia, deben ser eliminados de la geografía paraguaya por no responder a su naturaleza. Por lo tanto, las “gracias o dominios” son una falacia que se convirtió en un boomerang para el pueblo, pues los “elegidos-implantados” de las “listas sábanas”, emplean todas esas libertades en contra de los intereses populares. Es una herramienta utilizada por los políticos sin escrúpulos para atentar y salvaguardarse de los efectos que pudieran causar sus iniquidades.

Precisamente, la “facción colorete” que fuera ajusticiada el 20 de abril a votazos por el pueblo, se abroqueló resguardándose en el Parlamento Nacional, para permanecer distraídamente intacto. Finalmente, porque los “fueros” en el Paraguay se han tergiversado por completo, deben suprimirse.

(Continuará)

alcandia@abc.com.py


Alberto Candia

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Ultima actualizacion:
25/05/2008 00:00:00