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CENTENARIO DE PA’I PEDROZO

Sacerdote, escritor, museógrafo, maestro...

Mañana se cumple un siglo del nacimiento del monseñor Mariano Celso Pedrozo, un hombre muy unido a la historia itaugüeña, colectividad a la que dedicó sus años fecundos y sus desvelos como estudioso de la cultura popular paraguaya. Testimonio de esos desvelos es un rico bagaje que hoy adorna a aquella hermosa y laboriosa ciudad paraguaya.


Muchas son las personalidades que este año cumplen su centenario (cumplían o cumplieron), como el caso de los guaireños Romualdo Alarcón Martínez y Félix Pérez Cardozo; del pilarense Ramón E. Martino, del villetano Arnaldo Valdovinos, de los asunceños Osvaldo Kallsen, Hermógenes Rojas Silva, Jesús Blanco Sánchez, Antonio Ortiz Mayans, Fernando Bernardino Saguier Caballero, Francisco Montalto, Eduardo Amarilla Fretes, Raúl Sapena Pastor, Isaías Báez Allende; del arroyense Jorge Rodolfo Ritter, del encarnaceño Ciriaco Duarte, entre otros.

También, se cumple, precisamente mañana, el del itaugüeño Mariano Celso Pedrozo, recordado ex sacerdote y prestigioso estudioso de diversos aspectos de la cultura paraguaya.

El entorno temporal

El monseñor Mariano Celso Pedrozo en compañía del padre Ortiz y de varios músicos en ocasión del debut de la Misa Nativa Tupanói rory.

La ciudad de Itauguá vio nacer a muchas personalidades que se destacaron en las más diversas actividades. Tal el caso del coronel, diplomático y escritor Juan Crisóstomo Centurión, el sacerdote Ernesto Pérez Acosta, el poeta y músico Félix Fernández, el poeta Enrique Gayoso, la poetisa Concepción Ferreira Roig o el militar y caudillo político Francisco Caballero Alvarez, por citar solo algunos.

El nombre del monseñor y doctor Mariano Celso Pedrozo no suena menos, suena con timbre particular. Si bien nació en Asunción, hijo de la itaugüeña Anselma Leguizamón y del docente asunceño Hermenegildo Pedrozo, se sintió itaugüeño desde siempre y así lo demostró a lo largo de sus más de nueve décadas de vida.

Tres de sus obras bibliográficas.

Nació el 2 de junio de 1908. Pocos meses después, nació su única hermana Oilda, de ilustrada descendencia ella.

Al poco tiempo, murió don Hermenegildo y la joven viuda volvió a su Itauguá natal, donde con la ayuda de sus padres y otros parientes, educó a sus dos retoños, Mariano Celso y Oilda.

¿Cómo era la Itauguá de entonces? Como cualquier otra ciudad de la campiña paraguaya. Su vieja iglesia, que ese mismo año se reinauguraba (había sido remozada con la ayuda del vecindario), sus sólidas casonas de amplias y continuas galerías, sus polvorientos caminos eran testigos, a finales de ese año (del año del nacimiento de Mariano Celso), de un prodigio de las comunicaciones: los hilos del telégrafo llegaban hasta ese pueblito, entonces muy lejos de Asunción (recordemos que, 18 años después, llegaba hasta allí el primer automóvil que vio la ciudad y al que le llevó tres días poder llegar a destino). Su escuelita, que con su campanita de bronce convocaba a los educandos, entre ellos un niño de menuda presencia, Mariano Celso y su hermanita Oilda. Ambos, cada día, concurrían a las aulas de la escuelita de itaugüeña, que fue forjando el carácter de ese niño que le daría lustre, algunos años después.

Viaje a Roma

Esa escuelita rural era de primeras letras, por lo que para seguir sus estudios, el adolescente tuvo que mudarse a la capital del país, y el lugar más apropiado -y más cómodo- para seguir su formación era inscribiéndose en el Seminario Conciliar, donde se decidió por la vida sacerdotal.

Una vez culminados sus estudios secundarios, decidió proseguirlos en Roma, Italia, en la Universidad Pontificia Gregoriana, donde se doctoró en Filosofía y se licenció en Teología. Para sufragar los gastos, su madre tuvo que vender una casita que tenía en Itauguá.

Mariano Celso Pedrozo se ordenó de sacerdote el 23 de diciembre de 1933, pasando a ocupar las parroquias asunceñas de La Encarnación y Santísima Trinidad. De allí pasó a ocupar el curato de Caacupé, hasta 1940, cuando pasó a ejercer como cura párroco de Itauguá, cargo que desempeñó hasta 1970.

Larga y fructífera vida

La vida del doctor Mariano Celso Pedrozo fue larga y fecunda. Haciéndose de tiempo, en medio de sus actividades parroquiales, y aprovechando su cercanía con la religiosidad popular, fue investigando mucho de la idiosincrasia paraguaya, recuerdan sus primos Aureliano y Mercedes Leguizamón.

Además de estudiar profundamente la cotidianeidad de sus compatriotas, fue un entusiasta promotor de cuanta tarea

Altar de Corpus Christi folklórico construido según indicaciones de monseñor Mariano Celso Pedrozo.

se presentara para dignificar la vida de sus semejantes: fundó escuelas y colegios, fue un reconocido defensor de las expresiones artísticas populares, especialmente del arte sacro, cuyos ejemplares supo coleccionar, además de diversos elementos de uso cotidiano, con los que formó y fundó el museo parroquial de Itauguá, de rico acervo. No menos se puede decir acerca de su actividad como docente y de sus investigaciones y creaciones sobre el idioma guaraní.

También le cupo realizar estudios sobre los recursos humanos, sociales y económicos de varios lugares y regiones del país.

Fue, además, un activo participante de cuanta reunión, seminario o simposio sobre cuestiones lingüísticas, culturales, folklóricas, realizados en el país y en el extranjero. Estas experiencias luego le sirvieron para

Oilda Pedrozo Leguizamón, única hermana del doctor Pedrozo, abajo sus padres, Hermenegildo Pedrozo y doña Anselma Leguizamón.

plasmarlas en obras bibliográficas de indudable valor para el estudio de la identidad nacional.

Como creador, el doctor Mariano Celso Pedrozo compuso música y escribió numerosas obras bibliográficas y teatrales. Una somera lista de sus publicaciones y creaciones citan sus poemarios Mburucuyá, Pyambú Caraí, la zarzuela Ñandutí rerecuá, la primera misa nativa paraguaya litúrgica, Tupanói Rory; la primera misa nativa totalmente en guaraní, Ñe’a tovayvá y sus libros Epítome de la etimología del idioma guaraní, Génesis del idioma guaraní, Cuatro eras de la historia de Itauguá y La religiosidad popular paraguaya y la identidad nacional, su última obra publicada.

A su muerte, el 17 de agosto de 2004, a la provecta edad de 96 años, muchas cosas, muchas investigaciones dejó en el tintero, trabajos que algún día podrían ver la luz. Lo que sí es cierto es que don Mariano Celso Pedrozo se ganó no solo el cariño, sino el respeto de sus compueblanos, quienes guardan su memoria con un recuerdo casi devoto.




Luis Verón

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01/06/2008 00:00:00