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LOS DIOSES QUE GENERAN DIVISIONES

“Perdimos nuestras creencias por el atropello de otras”

Treinta años atrás, los indígenas toba qom vivían en armonía en el Chaco. Todas las mañanas, a las 4:00, los ancianos pedían de rodilla a “Achen” (Dios) la fuerza para enfrentar lo cotidiano. Pero un día llegaron los coreanos, evangélicos y católicos, y dividieron su creencia. La ofensa a Achen hizo que aparecieran el acoholismo y los asesinatos.


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El líder espiritual Alejandro Domínguez reza en medio de su gente e intenta recuperar la identidad espiritual de su pueblo.

Los toba qom son descendientes de los guaicurúes de los que se habla en los libros de historia como “los salvajes” que defendían sus territorios de los conquistadores. Son los antiguos habitantes del sitio donde comienza el territorio chaqueño. Sus tierras abarcaban kilómetros y kilómetros. No había alambradas que detuvieran su curiosidad y sus conquistas.

Así como tenían un amplio dominio, también eran depositarios de una rica creencia en lo sobrenatural y de lo natural, que para ellos era obra de “Achen”, el Dios al que todas las mañanas se debe implorar la fuerza para tener un buen rendimiento en las tareas cotidianas.

Con el avance de la civilización, su territorio redujo a una delimitada extensión, y hoy las 1.300 personas que conforman la etnia ocupan 1.200 hectáreas en Cerrito, Chaco, donde se dedican al cultivo, la ganadería, la artesanía y la cría de animales domésticos.

Los mayores se reúnen para cantar y comentar sus creencias y anécdotas.

Al igual que las otras etnias, el avance de la cultura occidental también trajo sus adelantos y sus vicios. Y con ellas también nuevas creencias religiosas, las únicas formas de pensar, que dividen a los nativos.

Según el líder espiritual Alejandro Domínguez, la ignorancia de su pueblo llevó a varios nativos a reemplazar su creencia y primeramente siguieron a un grupo de coreanos que llegó con enseñanzas nuevas y con deseo de ganar adeptos; luego llegaron los evangélicos y los católicos, y todos ellos ocasionaron un gran daño en los nativos.

Las mujeres son las encargadas de la preparación de los alimentos. La tortilla es una de las comidas preferidas por los nativos.

Ya nadie invocaba ni se encomendaba a Achen. Otros eran los dioses. La división de pensamientos llevaba a discusiones. Ya no se escuchaba a los ancianos y empezaron las peleas. “Perdimos nuestras creencias por el atropello de otras religiones”, relata Domínguez.

Pero no solamente perdieron la creencia en Achen. Además, como si fuera una maldición, llegaron los vicios. Muchos cayeron en el alcoholismo, y aparecieron los apuñalamientos y asesinatos. “Fue la maldición de Achen”, indicó.

Estas desviaciones hacia los vicios llevaron a los ancianos a intervenir con fuerza en la comunidad y fue así como en una gran asamblea, hace unos años, se decidió recuperar las creencias autóctonas y, por sobre todo, el respeto a los mayores de parte de los jóvenes.

Un anciano canta durante el ritual.

Domínguez cree que Achen es también el Dios de todos los blancos, que en su momento se ofendió, pero que hoy ha perdonado a su pueblo.

Por esta gracia, el líder espiritual no se cansa de orar y cantar en su honor. Cree que la comunidad toba qom siempre existirá y recibirá bendiciones; una de estas, consideró, es el protagonismo de las mujeres, que por primera vez han llegado al liderazgo para bien de la comunidad. Como guía de lo divino, Domínguez ya no quiere más atropellos a sus culturas porque las consecuencias siempre perjudican a la comunidad que no necesita de otros dioses más que de su Achen, bajo cuya protección nacen, crecen y morirán.


avelazquez@abc.com.py


Aníbal Modesto Velázquez

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Ultima actualizacion:
02/06/2008 00:00:00