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OPINION

Amor a la vida

Mi hijo me preguntó qué le había pasado a esa señora tan llena de vida, sonriente y amorosa que ahora está en cama, no habla, no sonríe, no mueve sus brazos, ni sus piernas. “Tuvo un accidente de tránsito -le respondí-, si usaba el cinturón de seguridad y no corría a alta velocidad, quizás los daños no serían tan graves”.


“Mami yo pienso que si una persona se queda así, no es justo vivir, y es una carga para otros”. Me quedé unos segundos tratando de que me vinieran las palabras pertinentes ante semejante idea. “Los seres humanos venimos al mundo para ser felices, a veces no ocurre eso, pero no es razón para desear la muerte”. En algún momento todos hemos tenido nuestros altos y bajos, nuestra gran desilusión y miramos el futuro con pesimismo. Pensamos que la vida debiera tener un punto final a nuestro antojo. Y también solemos decir: “Yo no quiero que prolonguen mi agonía”.

Vaya cuestión, la eutanasia todavía hoy sigue causando una gran polémica, a pesar de que en nuestro país hace mucho que la vida no vale ni siquiera lo que cuesta un celular.

Tuve la ocasión en estos días de conocer la Casa Divina Providencia San Riccardo Pampuri, fundada por el padre Aldo Trento, de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo.

Allí están los pacientes terminales de cáncer y sida, insolventes. “Es un lugar donde reciben medicamentos, se realizan estudios y se les da apoyo sicológico”, me cuenta la Dra. Marta Olmedo Bautista. Una gran ayuda son los voluntarios que acuden hasta allí y acompañan a estos pacientes. Si usted es uno de esos que ama la vida intensamente, que es capaz de mirar al otro como a Cristo sufriente puede sumarse a esta obra. Obtendrá más datos al teléfono 611-214, con la directora, Lic. Esperanza de Urbieta, en Cruz del Chaco 1690 c/ Seiferheld.


Mirtha González Schinini

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06/06/2008 00:00:00