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LA BITACORA

Odilón en Hoy

Unos días antes de las elecciones del 20 de abril, el influyente dirigente campesino Odilón Espínola fue entrevistado por Hoy, el semanario del Partido Comunista Revolucionario de la Argentina. Más allá de las diferencias o coincidencias que cada uno pueda tener con el pensamiento de este hombre de 44 años que desde el 2001 es secretario general de la poderosa Federación Nacional Campesina, no deja de ser importante leerlo, sobre todo en un momento en el que el problema de la tierra parece cobrar significación definitoria en el presente y el futuro inmediato de nuestra patria.


Aquí va lo más sustancioso de dicha nota realizada por el colega Víctor Delgado, a la que agregamos breves comentarios:

“Grupos económicos, principalmente de origen brasileño, ofrecen a los campesinos un dinero que jamás hemos visto ni podríamos obtener con la producción. Para apoderarse de las fincas usan dos mecanismos: arriendan por adelantado a Gs. 1 millón la hectárea. O compran a un promedio de Gs. 5 millones la hectárea. Van cerrando trato, campesino por campesino, procurando formar lotes de varias hectáreas. Si alguien resiste, no arrienda ni vende, y elige conservar la chacra y su producción, es probable que acabe muy perjudicado por las fumigaciones que los sojeros practican. Entonces, donde se establecen ellos, casi no quedan posibilidades de hacer otro tipo de producción. Los campesinos son acorralados y obligados a vender o arrendar. Tanto que en algunas zonas hasta peligra la alimentación al faltar los cultivos acostumbrados de subsistencia”.

Curiosamente la película Pozos de Ambición, también llamada Petróleo Sangriento, recientemente galardonada por la Academia de Hollywood, denuncia una metodología similar practicada hace 100 años en las tierras de los campesinos pobres de Texas. Todo parece indicar que los productos de interés y los tiempos pasan, pero las metodologías permanecen.

“Nuestra diversidad productiva -sigue Odilón- ya está en crisis. Descendió el cultivo de caña dulce y hasta dejamos de autoabastecernos de yerba mate. El campesinado podría producir mucho más algodón, que ha sido tradicionalmente nuestro rubro de renta; más los de autoconsumo, como mandioca, maíz, porotos… Sin embargo, la ausencia de políticas oficiales que miren por nuestro sector hace que nos endeudemos trabajando, mientras declina la verdadera producción nacional y se expande la soja”.

Análisis discutible es cierto, pero bastante aproximado a la realidad de los pequeños productores del campo que no tienen acceso a la tecnología y al volumen de tierra necesarios para dedicarse a los rubros “estrella” de exportación. La pregunta irrenunciable es ¿qué hacer con ellos? Mandarlos empobrecidos a la capital no ha sido por cierto la mejor solución.

Odilón va más allá del problema sectorial y ubica el tema en el centro del necesario debate ético y social del Paraguay, planteando incluso un problema de soberanía:

“Ya dejó de ser un problema exclusivamente campesino. Afecta al conjunto del país. Y ha agravado la dependencia respecto de los monopolios internacionales”, dice el líder cuyo mayor pecado para sus críticos ha sido por ejemplo haberse teñido el pelo.

“Desde la FNC planteamos una reactivación productiva nacional en manos de las mayorías, que significa fortalecer la producción primaria y la industria ligada a la misma. Pero el Estado tiene que tener otra política de crédito, de producción y de entrega de tierras al campesinado pobre para atender estas necesidades. Por eso continuamos colocando en el centro de nuestras reivindicaciones la reforma agraria. Para ir hacia allí tenemos que organizarnos y luchar junto a la clase obrera y el pueblo trabajador, contra las consecuencias de esta política latifundista y agroexportadora”.

Más claro agua. Algunos podrán enojarse y rasgarse las vestiduras. Pero el criterio de Odilón, nos guste o no, debe ser atendido. Al fin y al cabo su grupo, la Federación Nacional Campesina, ha suspendido hace rato las invasiones y ha pagado puntillosamente sus deudas con el gobierno saliente. Un gesto de dignidad que no abunda por ejemplo entre los empresarios transportistas deudores del BNF o los vaciadores de bancos que siguen apareciendo en las páginas sociales de nuestros diarios.


Mario Ferreiro

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Ultima actualizacion:
08/06/2008 00:00:00