El último sacerdote francés; Italiano
emprendedor
El último sacerdote francés
Días pasados, el amigo Pedro Gamarra Doldán nos envió una colaboración recordando sobre el reciente fallecimiento, en Bayona, Francia, del padre Pierre Laguardat, último cura vasco-francés, que sirvió en el colegio vasco-paraguayo, San José, de la Cofradía del Sagrado Corazón de Jesús.
“No tuvo la cultura del padre Noutz, ni el hábito constructor de Tounedou o Rigual -dice Gamarra Doldán-, pero entre 1950 a 1970, enseñó a cientos de alumnos, francés, geografía, y durante 20 años fue cura párroco de la Iglesia del San José, casando a cientos de alumnos o no.
“Era de la estirpe de los antiguos sacerdotes de ese colegio; no se fijaba en la mayor o menor riqueza de los alumnos, se fijaba en lo profundo. Eran curas que venían por las leyes obligatorias francesas de luchar en el Mame, el Somne y Verdún. Nos decía un ex alumno, amigo, que gracias a esos curas, un 14 de octubre de 1924, en el Parque Caballero, los alumnos cantaron Canción de la Raza, popularmente conocida como Patria Querida, dedicada al entonces presidente Eligio Ayala. Que los 25 años del Colegio, se festejaron en el mismo, en 1929, con la presencia del presidente José P. Guggiari. Que en la avenida del Colegio se levanta un monolito, con el nombre de 54 alumnos que cayeron por la patria”, entre ellos el Tte. René Brugada Doldán, pariente de nuestro colaborador.
“Que el Colegio sirvió como Hospital de Sangre durante la Guerra del Chaco, hecho que le mereció ser el primer colegio de la República que en 1943, de manos del presidente Higinio Morínigo, recibió la Cruz del Defensor. Que el Colegio se integró a estudios católicos, en las personas de Raúl Heisecke Ferreira, Edmundo Tombeur, Alberto Nogués, entre otros. Que su academia, desde 1911, formó a docenas de escritores, para desde 1947 pasar a formar la Academia Universitaria, que de las manos del padre Alonso, pasó a cincelar una generación de intelectuales y ser base de la Democracia Cristiana.
“Los alumnos de esos vascos franceses le daban hálito a la cultura; que en deportes el padre León Coundou tomó al colegio como base del deporte colegial. Al cumplir 75 años, el Colegio organizó un desfile desde la plaza Uruguaya al Panteón de los Héroes, que por la multitud que reunió, fue prohibida a la institución por el gobierno de entonces. Que por los 100 años hizo una emisión filatélica y numismática de alta belleza y otro desfile.
“Que los 75 años del Colegio fueron cerradas por una pieza oratoria del Prof. Alejandro Encina Marín, de alto y sincero valor. Que los 90 años, por otra pieza del Dr. José M. Bonín, de no menor valor.
“Y, sin embargo, en el extranjero, en su patria de origen, el Padre Pierre Laguardat no mereció ningún acto especial del Colegio, ni de los alumnos, será porque tal vez todas las riquezas ya dichas van desapareciendo del querido y útil San José. Ha muerto el último cura vasco que ayudó a levantar el Colegio San José, a una avanzada edad, y con un cariño permanente al viejo y nuevo Paraguay”.
Italiano emprendedor
El 28 de julio de 1889 nació en Gorzone, Brescia, Italia, don Paolo Federico Alberzoni. De familia noble empobrecida, se dedicó con ahínco a estudiar y trabajar, especializándose en la actividad textil. Ejerció a la docencia técnica, participó de la Primera Guerra Mundial, recibiendo condecoraciones. Pronto ganó prestigio como especialista en producción textil y ocupó cargos de confianza en importantes empresas del ramo.
Hacia 1929, huyendo de los negros nubarrones fascistas del régimen de Mussolini, emigró a Suramérica, específicamente al Paraguay, donde, luego de recorrer varias ciudades (Concepción, Encarnación, Villa Rica), se estableció en la ciudad de Pilar, cautivado por las ventajas que suponía el río, como medio de comunicación, además de las condiciones favorables para la producción algodonera.
Luego de auscultar los ánimos y las condiciones de la ciudad y su puerto, Alberzoni volvió a Europa, donde compró maquinarias para instalar una usina eléctrica para proveer energía e iluminación a la ciudad y la que también proveerá energía a su proyectada planta textil.
Firmó contrato con la Municipalidad, pese a que mucha gente se mostraba incrédula ante la posibilidad de tener energía y no pocos se negaban a utilizarla, por considerarla muy peligrosa.
Aun así, el 12 de octubre de 1931, Alberzoni inauguró el servicio de alumbrado público. Pronto la energía eléctrica fue ganando terreno. A lo largo de 56 años, la usina de Alberzoni dio energía eléctrica a la ciudad de Pilar, hasta que fue conectada al sistema nacional de electrificación, en 1987.
En 1933, en plena Guerra del Chaco, la empresa Manufactura de Tejidos Pilar inició sus actividades, con unas 80 operarias y una cincuentena de telares. El crecimiento de la empresa fue a puro tesón, convirtiéndose con los años en el pulmón económico de la ciudad de Pilar y sus alrededores, llegando a emplear a más de 2.000 operarios.
Don Paolo Alberzoni, en su ancianidad, regresó a Europa, donde falleció el 21 de octubre de 1973, en Milán, Italia. Sus restos fueron repatriados en noviembre de 1973, recibiendo sepultura en la iglesia de Pilar.
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