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DOCTOR SALVADOR RAZA, EXPERTO EN CONFLICTOS

Si no se moderniza, el Gobierno será un fracaso

Desde el exterior se quiere ver instalado un sistema de alta gestión que demuestre que el de Fernando Lugo no es un simple cambio de gobierno. Si Paraguay no se moderniza, la nueva administración será otro gran fracaso. Es el vaticinio del doctor Salvador Raza, un brasileño experto en defensa y conflictos internacionales. En esta entrevista sostiene que no se puede discutir sobre Itaipú anteponiendo posiciones de soberanía.


–¿Cuál es la expectativa que hay en Brasil sobre el nuevo gobierno?

–Hay bastante. Vemos que puede ser una gran oportunidad para Paraguay. Si es bueno para Paraguay, también será bueno para los otros países, para Brasil, para Argentina...

–Como experto, ¿qué sugiere para los primeros 100 días?

–Los famosos 100 días. Son muy importantes para los órganos de prensa. Es la primera evaluación del Gobierno en términos de gestión. El público puede notar si hay o no hay cambios. Uno de los elementos más importantes es que el Gobierno disponga de mecanismos efectivos para la gobernabilidad. La corrupción es un asunto que hay que tomarlo por las astas. Es como un tejido que se cierra cuando se le ataca y se relaja cuando no se ejerce presión.

–El nuevo gobierno está decidido a meter a Brasil en la discusión de Itaipú. Seguramente fastidia a los brasileños...

–La discusión sobre Itaipú no es tan grande todavía en Brasil. Hoy es un momento muy difícil para discutir Itaipú. Allá está instalado el tema Amazonia, como tema central de discusión. Creo que los diplomáticos de Paraguay tienen plena conciencia de eso.

–¿Qué pasa en el Amazonas?

–Algunas organizaciones no gubernamentales sustentan la necesidad de proveer a 2 ó 3 mil indígenas enormes cantidades de tierra. En algunos estados abarca hasta 80% de su territorio. Se perjudica así a 60, 100 mil habitantes, obligados a desalojar. Eso genera tensiones sociales y produce una posición nacionalista muy fuerte, también dentro de las Fuerzas Armadas. El tema está en poder de la Corte. Hay unas 10.000 ONG en el área, que no se sabe qué hacen. En su mayoría hacen piratería ambiental. Van y patentan en Europa. Muchos ven en esto pérdida de soberanía sobre la tierra, sobre el pueblo, sobre los bienes. El Gobierno por eso está tomando acciones muy fuertes.

–Esto de Itaipú es de todos modos una discusión nueva...

–A Brasil le preocupa lógicamente Paraguay. Este tipo de discusión necesita ser tratado en un alto nivel. Claro que Paraguay va a defender sus intereses, Brasil también, pero debe hacerse una reflexión de acuerdo con las nuevas variables, las nuevas perspectivas que antes no se veían.

–Para el nuevo gobierno es cuestión de soberanía...

–No creo que se vayan a discutir sobre bases de soberanía, porque no hay una violación de soberanía. La base que se tiene que discutir no es el Tratado de Itaipú sino un acuerdo comercial que debe ser renegociado sobre bases justas. Es una discusión entre negociadores competentes, que debe llevarse a cabo sin soberbia, sin ufanismos ni nacionalismos que, en vez de resolver, complican más. Esta debe ser una discusión equilibrada dentro de un nuevo marco regulatorio de cooperación internacional. Un Paraguay pobre no es bueno ni para los paraguayos ni para el resto del continente. Un Paraguay fuerte, integrado, que tenga seguridad, es bueno para todos.

–Es un sandwich entre dos grandes, contradictoriamente el más pobre de Sudamérica...

–Más que atribuir a falta de paternalismo, yo más bien creo que es el momento de una reflexión interna seria de las nuevas autoridades de Paraguay. Cuando asuma, seguramente se va a formar una misión de alto nivel para discutir con Brasil y Argentina. El nuevo gobierno tiene apoyo popular, hay liderazgo político y además un ambiente internacional de cooperación. Los empresarios brasileños quieren integrarse pero quieren tener la certeza de que los cambios que habrá no son promesas vacías.

–¿Se desconfía todavía?

–Se quiere ver instalado un sistema de alta gestión de gobierno que demuestre que esto no es un simple cambio de gobierno. Paraguay tiene un potencial de crecimiento enorme. Tiene agua, excelente sol todo el año, una mano de obra calificada. Tiene un potencial exportador fantástico, pero ¿cómo el Gobierno puede garantizar que los contratos que se firman no se imputen más a elementos de distorsión financiera?

–¿Corrupción?

–Sí, corrupción. Necesitamos asegurarnos que eso no ocurra y si ocurre, no habrá más remedio que seguir buscando negocios en otra parte, por más que Paraguay esté cerca. El Gobierno que se va a instalar tiene la oportunidad histórica de hacer lo que se necesita para ordenar la situación...

–¿Cambio de imagen?

–Ambos precisamos cambiar de imagen. Brasil es un gran elefante que se cree perrito en una sala. Esta mentalidad tiene que cambiarse de adentro hacia afuera. En el caso paraguayo debe haber una solución paraguaya. Aquí no se trata de ayuda financiera. La oportunidad está acá. Hay que crear en el nuevo gobierno una capacidad de gestión moderna, porque si Paraguay no incorpora gestión moderna, va a ser un gran fracaso. Eso es muy peligroso...

–¿Cuál es su opinión sobre esa idea generalizada de que Brasil tiene un proyecto hegemonista en Sudamérica?

–Se olvidaron de contar eso a Brasil (ironiza). No. Brasil no tiene proyecto hegemonista. Lo que pasa es que Brasil creció mucho y está descubriendo ahora. No sabe gerenciar su propio tamaño. Estamos creciendo de una manera desordenada, sin saber mucho cómo. Ahora que estamos ganando en la dimensión estratégica, nuestro cuerpo diplomático es frágil. Comete errores...

–Aunque tiene una reputación de ser uno de los sagaces del mundo...

–¡Noo! Nuestro cuerpo diplomático fue diseñado para un modelo de disuasión militar de la guerra fría. Hay una crisis terrible. La diplomacia brasileña era muy elitista. Recibía apenas 20 nuevos diplomáticos por año. Ahora se abrieron 120 plazas para nuevos diplomáticos. Brasil está aprendiendo a duras penas su nuevo rol, con mucha dificultad. Es un elefante en la sala. Piensa que es un perro, pero, de hecho, es un elefante. Los brasileños están preocupados. Avanza el intercambio, pero también hay nuevas áreas de tensión entre los países. Entonces, la seguridad tiene un precio. La cuestión es ¿quién paga la cuenta? Por eso hay una iniciativa para integrar a los países del área en esta materia.

–Ya se firmó Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas). Pocos creen que va a funcionar, por la hipocresía que existe, ¿y usted dice que falta otra más?

–Cuando se hace una alianza de seguridad entre países asimétricos, entre el fuerte y el débil, el que gana es el débil porque el fuerte expande su protección hacia el débil y el débil puede usar en otras áreas sus recursos destinados a defensa. Estados Unidos tuvo esa idea con la OTAN. Después aplicó con Japón y otros países...

–¿Crear una especie de OTAN sudamericana?

–Es una versión más económica. La idea es construir los mecanismos de prevención de conflictos futuros. Se establecen los mecanismos de diálogo, de entendimiento, por ejemplo, políticas de defensa, construcción de medidas de confianza mutua, integración de las industrias de defensa, una armonía de la base tecnológica de defensa.

–¿Una especie de Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR)?

–No. El TIAR es otra cosa. Es más un tratado de asistencia recíproca a nivel de defensa...

–Dicen que en aquella época fue un tratado hecho a semejanza de Estados Unidos. El de ahora se puede interpretar que sea a la semejanza de Brasil.

–No es simplemente apoyar a la defensa. No se trata de crear unas fuerzas al estilo Eurocorps. Hoy no hay condiciones ni políticas ni tecnológicas para pensar en una alianza de defensa. Es una alianza de seguridad que abarca 7 dimensiones diferentes: energía, medioambiente, seguridad humana, seguridad informativa, seguridad empresarial, territorial...

–¿Para qué crear más organismos si no funcionan?

–Esa lógica que usted explica se llama falencia de las instituciones, la lógica institucionalista. No se trata aquí de crear nuevas instituciones sino remover las dificultades para que las instituciones funcionen y se transformen, porque hay muchas que no sirven más. La OEA, por ejemplo, necesita de una revisión sustantiva. El tratado TIAR necesita de una revisión sustantiva. Se tiene que discutir a partir de la perspectiva integradora. De eso se trata.

–Se acaba de firmar Unasur con futuro incierto. ¿Acaso no basta?

–Son cosas diferentes. Hoy tenemos buen ambiente en América Latina para que Paraguay, Bolivia, y un Brasil reformados tengan una complementariedad de sus competencias. Brasil, por ejemplo, puede transferir tecnología de biodiésel a Paraguay para ayudarlo a competir internacionalmente. Paraguay puede ser uno de los más grandes productores mundiales de biodiésel. No es problema de capacidad de personas, sino de modelo tecnológico. Necesitamos pensar diferente. El modelo de integración ya no es el antiguo de hace 4 ó 5 años...

–¿Qué es más efectivo: hacer acuerdos bilaterales o alianzas continentales como Unasur o una OTAN sudamericana?

–No son excluyentes. Es natural que los dos movimientos ocurran y que participemos activamente en ellos. En el caso paraguayo, la fortaleza de su presencia puede servir también para cambiar la imagen en el exterior, para la construcción de su marca-país. Eso va a exigir mucho esfuerzo. A partir de ahí pueden fluir las inversiones extranjeras.

–Esta iniciativa brasileña, respaldada por los demás países de Sudamérica, casi todos de izquierda, ¿es para contraponer la unipolaridad de EE.UU.?

–No. Esto no es contra los Estados Unidos ni la Unión Europea. Al contrario, el efecto es ganar mayor densidad de negociación entre bloques. Es un mecanismo de crecimiento positivo. No es una lógica socializante. Abarca más que integración de mercado, de empresas. El papel del Gobierno es más regulador que interventor. Si fuera interventor, yo sería el primero en ponerme en contra. Estoy en contra del papel interventor del Gobierno...

–Estas izquierdas que manejan los gobiernos de la región, no parecen ser tan homogéneas como se pensaba...

–Es la belleza de la democracia. Existe la alternancia. Es en la diversidad cuando muchas veces se construyen las bases sólidas del progreso, donde antes no había nada.


Hugo Ruiz Olazar

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08/06/2008 00:00:00